Menos “memes” y más acciones

Si tomamos como referencia de lo que sucede en la vida cotidiana de nuestro país a aquello que difunden la mayoría de los medios de comunicación, nos tenemos que rendir ante la evidencia de que existe una historia negra; tan generalizada en todos los rincones de México, que lo menos que nos provoca es temor, enojo, desaliento y en las personas sensibles y directamente afectadas por algún evento ominoso, una franca depresión.

Ya leemos o escuchamos sobre la inestabilidad de nuestra moneda, de los crímenes que cometen diariamente los delincuentes organizados y los desorganizados, de la ineficiencia y omisión permanente de las autoridades, de la corrupción de los gobernantes, jueces, policías, empresarios y personajes con influencia y responsabilidad social, de la impunidad campeante, de los “rollos” simuladores y mentirosos que nos endilgan los funcionarios de cualquier nivel; sin faltar por supuesto la manipulación de la prensa chayotera (la que recibe regularmente dinero) y de la complicidad e indiferencia de los disque líderes sociales y religiosos.

Ante este panorama tan desolador, el mexicano ha echado mano del humor que en gran medida es un humor mordaz, para mostrar una crítica y descontento ante el poder, el cual no acaba de cuajar como movimiento serio y efectivo de la sociedad en contra de todas esta lacras que sangran a México. Al parecer, por ahora nos conformamos con señalar y burlarnos de las estupideces manifiestas de algunos funcionarios, pero omitimos el verdadero sentido de los agravios en nuestra contra: se trata ni más ni menos del mal uso que se da al dinero público y de la inmoral conducta de quienes nos representan.


De que sirve burlarse solamente de las tarugadas de los “gallones”, si a algunos se les hacen las piernas de chicle cuando los gobernantes se aproximan a ellos con sus máscaras habituales y hay que ver las caras de admiración de algunas personas que consiguen apenas un efímero roce con los gobernantes cuando estos aparecen en algunas presentaciones públicas. Tal parece que no hemos avanzado y los politicastros parecen representar a los antiguos “tatiaxcas” o “tatamandones, como amorosos “padrecitos” que amparan a los mexicanos, a quienes dedican de cuando en cuando una mirada condescendiente y un saludo, cuando deciden darse “un baño de pueblo”.

Muchos políticos profesionales pueden ser cualquier cosa, menos tontos, aunque lo parezcan. Generalmente son oportunistas, corruptos, simuladores y todo aquello que usted les quiera “colgar” porque, tenga usted evidencia o no, con esta gente lo primero que cuenta es la presunción de culpabilidad y puede que alguno llegue a salvarse, aunque personalmente no lo creo. Los dichosos “memes” tienden a señalar su ignorancia, que la tienen, pero son ellos los que ocupan posiciones de poder gracias a que las han escalado por medio de mañas, tranzas y por supuesto son cobijados por la impunidad reinante de la que goza la clase política y sus cómplices, los empresarios con los que hacen negocios turbios y los “manchaplanas” (periodistas) que les celebran todas su apariciones y declaraciones.

Para concluir quiero proponerles que pongamos un alto a esta situación, que exijamos nuestros derechos ante cualquier circunstancia lesiva a nuestros intereses, por simple que parezca, y busquemos unirnos para protegernos de tantos parásitos que asolan este país. Hay que darnos cuenta de que los dichosos “memes” sólo alivian un poco nuestro enojo, pero no son más que expresiones inútiles de nuestro descontento y hartazgo. Ya es hora de que nos hagamos oír. ¿No les parece?