Medicina prehispánica

Referirse de la medicina prehispánica representa siempre controversiales puntos de vista. Por un lado, hay una definitiva exageración en la que se plantea la capacidad de resolver problemas de salud, en una forma casi milagrosa que se acerca más a la magia que a la realidad y por otro lado, existe un menosprecio al conocimiento indígena que desvaloriza la capacidad intelectual, observacional, creativa y milenariamente cultivada de nuestros ancestros. Encontrar un punto de coincidencia que permita una objetividad coherente y equilibrada es muy compleja, pues el enfrentamiento cultural que se dio con la llegada de los españoles tiene tintes extremadamente enredados, hablando en términos psicológicos, sociológicos, culturales y religiosos.

Las principales fuentes escritas con las que contamos para conocer la visión de la enfermedad en los pueblos prehispánicos son tres, de los cuales, dos fueron redactados por médicos indígenas y uno por el encargado de la salud del rey Felipe II, llamado Francisco Hernández, quien fue enviado por el monarca desde Europa al continente recientemente descubierto, de modo que pudiese estudiar cómo se abordaban los problemas de salud en estas tierras. Es entonces evidente que en muchos sentidos, los españoles quedaron literalmente sorprendidos de las prácticas medicinales de los pueblos recientemente descubiertos.

Definitivamente el más importante de estos documentos es el Libellus de medicinalibus indorum herbis (Libro de las hierbas medicinales de los indios), mejor conocido como el Códice de la Cruz–Badiano, que tiene estos dos nombres debido a que fue redactado por un médico originario de Tlatelolco, nombrado Martín de la Cruz y un intelectual de Xochimilco, quien lo tradujo al latín y que se llamó Juan Badiano. Existe un facsímil en internet que vale la pena revisar, inclusive por simple curiosidad (1).


Posteriormente un fraile llamado Bernardino de Sahagún, escribió un hermoso texto que tiene como título “Historia General de las cosas de la Nueva España”, en el que por medio de entrevistas e investigaciones, recopiló todo lo que pudo saberse sobre la cultura antes de la llegada de Hernán Cortés.

Por último, Francisco Hernández, teniendo una formación médica, estudió principalmente medicamentos, contrastando los conocimientos heredados por Hipócrates y Galeno que marcaban las reglas de curación en la Europa de ése entonces y la visión de los médicos que curaban en este continente. Es lógico que inicialmente pensara que los tratamientos indígenas fuesen primitivos e ineficientes; sin embargo, muy probablemente quedó sorprendido de la visión terapéutica de los oriundos de estas tierras recientemente descubiertas, de modo que tuvo el tino de recopilar información de alrededor de 3 mil plantas potencialmente útiles en el tratamiento de las enfermedades. No le interesaron las teorías médicas de los indígenas, pero estudió efectos medicinales de vegetales, animales y minerales que marcó nuestro real conocimiento actual de la medicina prehispánica.

A estos textos se les podría agregar notas que se encuentran dispersas en diversos documentos como las “Cartas de Relación” de Hernán Cortés; la “Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo y algunos libros escritos por españoles como los de un cirujano que se llamó Alonso López de Hinojosa, el doctor Agustín Farfán o el Barón Gregorio López.

Antropólogos, sociólogos, restauradores, historiadores y muchos otros especialistas se han encargado, a lo largo de los años, de desentrañar aspectos de la vida de nuestros ancestros y si bien existen conceptos que se contraponen totalmente a los conocimientos actuales sobre la medicina, es evidente que los habitantes del continente descubierto por los españoles, no eran realmente tan primitivos como lo pensaron los conquistadores. De hecho, se podría decir que en muchos sentidos, se compartía una buena parte de ignorancia y los españoles, al llegar a estas tierras, tuvieron que someterse a tratamientos indicados por los médicos de los indígenas.

Las aportaciones que se generaron de la medicina prehispánica, a pesar de tener valor desde un punto de vista lógico, fueron menospreciadas por los conquistadores y muchos conocimientos se perdieron; sin embargo, sabemos que en la antigüedad hubo un sistema verdaderamente integral de procesos que vinculaban a la naturaleza con el individuo, lo que seguramente derivó en un plan de medicina preventiva más eficiente que la curativa.

En la actualidad es muy complicado aplicar ésos conocimientos a nuestros padecimientos cotidianos; pero no podemos menospreciarlos, sobre todo en comunidades rurales donde persisten “curanderos”, “sanadores” y hasta “brujos” que aplicando simplemente una sensibilidad humana y atenta al dolor del semejante, puede tener un mejor impacto terapéutico que la visión exageradamente tecnológica del médico actual que, sin revisar a un enfermo, fríamente se dedica a leer cifras en estudios de laboratorio o analizar indiferente, placas radiográficas con las manos en los bolsillos y el rostro adusto, seco, retraído e indiferente, al sufrimiento ajeno.

1http://www.academia.edu/2777939/Libellus_de_Medicinalibus_Indorum_Herbis_Digital_facsimile_