Medicina alternativa

Existen evidencias de que en la cultura asirio–babilónica los enfermos eran llevados o acudían por su propio pie a las plazas públicas para que los transeúntes viesen los casos, se informaran de lo que sucedía y así, emitir algún comentario o algún consejo, especialmente si habían padecido una enfermedad similar y hubiesen curado. No hay referencias a la presencia de médicos; pero si éstos ya desempeñaban alguna función, eran desconocidos, pues la práctica de la medicina era fundamentalmente llevada a cabo por los sacerdotes y se basaba esencialmente en exorcismos, plegarias y muy probablemente hasta conjuros.

Resulta asombroso que el hombre cultivase el instinto de supervivencia a través de la cooperación y resulta más sorprendente que la prosperidad tuviese como sustento al empirismo, término que etimológicamente proviene de la palabra griega “empeiría” que quiere decir experiencia. Pero se podría entender al empirismo como la contraparte del racionalismo. En otras palabras: “no todo lo que se ve, es cierto” (nuestros sentidos, a final de cuentas son engañosos). Sin embargo, el razonamiento puede llevarnos a un estado placentero –casi de seducción– pues resulta extraordinariamente satisfactorio alcanzar un conocimiento en una forma indirecta, usando la inteligencia.

En la actualidad, nuestro pensamiento sigue siendo parcialmente empírico y en parte racionalista. Esto genera diferencias indiscutibles y también aparentemente incompatibles, pues el punto de vista empírico nos exigirá la experiencia, tomando como método, la observación, la inducción y el análisis de los hechos; sin embargo, el pensamiento racional siempre debe estar sujeto a la experimentación.


La ciencia debe mantener un equilibrio entre experiencia, razonamiento y acción, a través del método científico; pero para el ser humano, es mucho más fácil ver, actuar, razonar y ejercer, en una forma aislada. Esto condiciona que médicamente hablando, siempre existan médicos empíricos. Pero a últimas fechas se ha puesto de moda, el término “medicina alternativa” cuyo significado incluso ignoran quienes se ufanan de practicarla.

La palabra proviene del francés alternative y éste del término latino alternātus que quiere decir –opción entre dos o más cosas. Con esto quiero decir que si yo, médico, independientemente de que haga una propuesta de tratamientos con medicamentos científicamente probados, recomiendo “baños de sol”, me encuentro practicando una medicina alternativa representada precisamente por la exposición a un elemento de la naturaleza.

Esto puede extenderse a los actos quirúrgicos, que definitivamente son paralelos a la medicina clínica y por lo mismo, pueden considerarse también alternativos. Pero lo peor del caso es que, aprovechando la ignorancia de la gente, hay individuos que se ufana en practicar la “cirugía alquímica” la “curación esotérica”, “la recuperación espiritista” y hasta la acupuntura occidental que alcanza su punto más ridículo en la aplicación de balines, agujas e imanes para condiciones tan grotescas como bajar de peso.

Sin embargo, lo que realmente complica esta situación es que en muchas ocasiones todo esto funciona. Así de caprichosa es la naturaleza humana. No se trata de descalificar ni de desacreditar. A final de cuentas, tenemos la capacidad de elegir con libertad cualquier opción de tratamiento en la búsqueda de nuestra salud individual y colectiva. Pero es necesario ser cautelosos. No son raros los casos en los que, supuestos médicos alternativos retrasan tratamientos y provocan la muerte en individuos potencialmente curables.

En lo particular, la visión de la curación asirio–babilónica me atrae por la noble búsqueda de apoyar a un semejante en la solución de sus problemas, basándome simplemente en la observación y apoyo empírico; sin embargo, actualmente, como médico y como individuo, yo absoluta y sencillamente, prefiero refugiarme, cobijarme, apoyarme y confiar en la ciencia.




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