Mayapán

Mayapán es un sitio arqueológico que alberga edificaciones fuertemente influenciadas por las de Chichen Itzá. No obstante, es una zona muy poco concurrida y esto puede beneficiar en el sentido de que se preservará por más tiempo, lo malo es que hay pocas investigaciones en torno a este sitio. Foto: internet.

Durante mi pasada visita al estado de Yucatán visité la zona arqueológica de Mayapán. Para llegar al sitio, decidí viajar en un transporte público que sale unas cuantas veces al día desde Mérida y que tarda alrededor de hora y media en llegar a un punto de la autopista que parte de la capital yucateca y que llega hasta Carrillo Puerto en Quintana Roo. La tardanza se debe a que el camión recorre varias poblaciones en su trayecto, lo que hace que nos adentremos, al menos de pasada, a las comunidades yucatecas de la región. Entre los poblados por los que pasé destaco Acanceh (que en lengua maya significa bramido de venado) y que más tarde abordaré por su importancia poco perceptible para el público en general. Según reporta el sitio virtual del INAH para la zona arqueológica, “Mayapán, está considerada como la última gran capital de la cultura maya en el Posclásico (1200–1450 d. C.). Tiene una extensión de 4 km², en la que hay aproximadamente 4 mil estructuras y se cree que la urbe tuvo una población de 12 mil habitantes. En el sitio y a través de la arquitectura se puede observar la fuerte influencia de Chichen Itzá un ejemplo de ello es el edificio principal o mejor conocido como Castillo de Kukulkán, el cual es igual al de Chichen Itzá solo que de menor tamaño”. La ciudad tiene una importancia histórica fundamental que la información anterior apenas deja ver y pese a que las exploraciones publicadas más recientes datan de principios del presente siglo, encontramos ya mucha información recabada después de años de exploraciones sistemáticas que iniciaron a mediados del siglo pasado. La ciudad sorprende al visitante con edificaciones como el Castillo y el Observatorio y numerosas edificaciones más de corte administrativo, religioso y habitacional, así como pintura mural que, aunque poco visible, es sumamente ilustrativa de la estética e intereses de los mayas de las tierras bajas yucatecas del Postclásico.

Cualquiera que ha estudiado sea con objetivos académicos o por mero interés la zona maya de la península de Yucatán, se topa con Mayapán mencionada en fuentes coloniales o en estudios generales sobre el pasado prehispánico maya. Por tanto, es una zona obligada para los que les interesa peregrinar por las tierras del Mayab. Sin embargo, es paradójico que cuando recorrí el sitio, me encontraba prácticamente solo. Apenas un par de japonesas por ahí y una familia por allá, que llevaban vehículo propio o rentado, es decir, no llegaron como yo en camión. Retomo lo dicho con antelación: el camión te deja a pie de la carretera y para llegar a la zona arqueológica hay que caminar unos ochenta metros. No hay parada de autobús y, para regresar, me informaron que debía pararme del otro lado de la carretera y esperar que pasara esa ruta de autobús o unas “combis” que también otorgan ese servicio regional. Como se ve, no hay gran infraestructura. Hay una taquilla, baños y una pequeña oficina. Al hablar con los trabajadores del INAH de la zona arqueológica, me comentaron que apenas si reciben unas quince personas al día. Lo anterior se debe a que, según me informan, las empresas turísticas ya no incluyen Mayapán dentro de su recorrido. Chichén es el lugar más socorrido por tales empresas y en menor medida la llamada zona Puuc, recorrido que abarca varias zonas arqueológicas –cuya visita queda restringida a media hora por zona, según informan los servicios turísticos ¡media hora, qué absurdo! En fin, que es muy poco visitada. Lo anterior tiene ventajas y desventajas. Lo bueno: Mayapán no sufrirá una marabunta de turistas como la que viven Chichén Itzá y Tulum todo el tiempo y sus edificios no experimentarán los daños que ya tienen; lo negativo, pues que su exploración y estudio pueden verse limitados por los funcionarios más preocupados por el turismo que no otorgarán presupuestos a lugares que no generen visitas.

De regreso a Mérida me detuve en el pueblo de Acanceh pues de camino a Mayapán observé que había una gran estructura prehispánica justo en el entorno de la plaza central del pueblo, a un lado del templo de Nuestra Señora de la Natividad y la presidencia municipal. El sitio, de presencia importante desde el Preclásico hasta el Postclásico temprano, con un fuerte auge en el Clásico, carece de atractivo el día de hoy, según me informó el encargado del sitio, pues pocos turistas llegan ahí. El edificio principal tiene cinco mascarones elaborados con estuco, algunos ya casi destruidos, pero otros notablemente bien conservados. Hay otro edificio cercano que cuenta con pintura mural y que no pude ver pues el vigilante no podía dejar descuidado un sitio para mostrar el otro y no quiso moverse del lugar. Las preguntas que surgen de una problemática como esta son: ¿vale la pena que la gente conozca estos sitios? ¿En calidad de qué?, ¿de turista trasnochado que no encuentra la diferencia entre Six Flags y una zona arqueológica? Opino que sí; sin embargo, y he ahí el problema, si la visita no viene acompañada de un trabajo en familia y en la escuela, los sujetos serán presa fácil de las empresas turísticas que, por lo visto, son las que deciden hoy qué existe y qué no. La sensibilización debe venir también dirigida a estas empresas y deben contar con facilidades por parte del Estado. En fin, hay mucho por hacer todavía y poco se logra borrando simplemente el sitio del mapa.