Más comedias y ataques a la Casa Blanca

De la semana fílmica transcurrida, ciertas cosas se hacen notar, para bien y para mal. Entre ellas, que Blancanieves, de Pablo Berger, salió de cartelera en Puebla, para desgracia del buen cine y del buen cinéfilo; que No se aceptan devoluciones, de Eugenio Derbez, es una de las cintas que lideran la taquilla en EU, por lo que le han duplicado el número de salas; que Juego de niños (Come out and play), está dirigida por Makinov, un tipo que sólo se deja ver con una capucha roja y que, por ende, carece de identidad. ¿Alguien sabe quién es Makinov? Ojalá que al menos lo sepan los ejecutivos de Canana y Videocine, pues son las compañías productoras de su film, con lo que –si bien parece gringa– Juego de niños es en realidad una película mexicana. E insisto: ojalá lo conozcan, porque Makinov no sólo dirige la cinta, sino que también es su guionista, co–productor, fotógrafo, editor y sonidista. ¿Qué otras cosas llamaron la atención estos días? El título al español de We are the Millers (¿Quién *&$%! son los Miller?) con logogramas incluidos; el cuerpazo de Jennifer Aniston a sus 44 años, mostrado en dicha película; e igual, que en Caída de la Casa Blanca (White House down), Channing Tatum se confirma como uno de los sucesores de Bruce Willis, Stallone, Harrison Ford, etcétera en ese tipo de films de un solo hombre al rescate de una crisis grave. Por cierto, en esta cinta el director Roland Emmerich destruye la Casa Blanca por tercera vez, después de hacerlo en Día de la Independencia y 2012. Seguro tiene algo contra la mansión presidencial…

Y bueno, hace ocho días me referí a Chicas armadas y peligrosas como una comedia divertida, con buena química entre Sandra Bullock y Melissa McCarthy. También muy divertida es la ya mencionada ¿Quién *&$%! son los Miller?, si haces caso omiso de sus muchos absurdos de guión. Se refiere a David (Jason Sudeikis), un pequeño distribuidor de yerba al que le roban las ventas de una semana y todos sus ahorros. A fin de que el dealer para el que trabaja no lo mate o le rompa las rodillas, David acepta contrabandearle una carga de mariguana desde México, sin saber que se trata de dos toneladas(!). Para ello recluta como acompañantes a una stripper (Jennifer Aniston), a un adolescente solitario (Will Poulter) y a una indigente “por convicción” (Emma Roberts), para aparentar ser una familia promedio (porque… ¿qué autoridad sospecha de una familia promedio?). Las cosas no resultan como se habían planeado, pero en el camino –a bordo de una casaremolque– los cuatro impostores aprenden a valorarse, al conocerse y reconocerse. Todo esto entre personajes bizarros, enredos, situaciones desorbitadas y persecuciones, que se suman a altas dosis de irreverencia –de fondo y de forma– para no más que arrancar carcajadas a la audiencia. Y al menos en la función en que yo estuve, ¿Quién *&$%! son los Miller? lo consiguió plenamente.

En cuanto a Caída de la Casa Blanca, se trata –claro– de un thriller de acción, desde la premisa del símbolo del poder transgredido; la Casa Blanca, en este caso. Mismo asunto y mismas sede y fórmula que no hace mucho ofreciera Olimpo bajo fuego, de Antoine Fuqua. Caída de la Casa Blanca me ha parecido un poco mejor; en ella, un agente de seguridad (Channing Tatum) queda inmerso en un ataque a la casa presidencial, dado que –con su su hija– se encuentra en ella, por la vía de… una visita guiada. Así, deberá asumir, prácticamente solo, tanto la defensa del presidente (Jamie Foxx) como la de su pequeña (Joey King). El cast incluye a James Woods, Maggie Gyllenhaal y Richard Jenkins, como fauna de un Washington D.C. al que el cine mantiene bajo fuego constante. Será porque cada vez es más difícil confiar en la clase política. En todo caso, aquí los efectos, la acción y las explosiones sobran, cual era de esperarse. A entretenerse pues; y, por lo ya dicho, que nadie se llame engañado.