Mariela Arrazola: exponer un Da Vinci que no es original es un marketing abusivo sin valor

Leonardo Da Vinci, el rostro de un genio se expone en la Galería del Pala-cio Municipal por el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla ■ Fo-torreproducción Abraham Paredes

Montar un Leonardo Da Vinci (1452–1519) del cual no se ha probado su originalidad y anunciarlo como tal es a todas luces un error, pues deja ver que existe “un marketing abusivo sin valor” en el que se hace creer que se trae una obra original cuando no hay certeza de ello, criticó la especialista en museos Mariela Arrazola Bonilla.

Su opinión se da en torno a la exposición Leonardo Da Vinci, el rostro de un genio, que tiene como centro el autorretrato Tavola Lucana –supuestamente una obra del pintor renacentista– que fue montada en la Galería del Palacio Municipal por el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) y la empresa 212 Productions, representante en México de Fenice Company Ideas.

Durante una entrevista, la directora del Museo del Tec señaló que esta exposición –al igual que las anteriores Tutankamon: la tumba, el oro y la maldición, y Picasso, la estela infinita– deja ver una serie de problemáticas de las cuales es necesario reflexionar, debido a que se trata de los proyectos realizados por una institución pública como lo es el IMACP.


La doctora en Creación y Teorías de la Cultura señaló que, de inicio, los cuestionamientos tienen que ver con la originalidad de la obra, pues como dijo el curador y encargado de la exposición Nicola Barbatelli, “siempre existirán críticas y dudas” de su autenticidad. “De entrada es una obra problemática porque se sabe que si bien en el Renacimiento comienza el autorretrato del artista, no era una norma y menos en Italia. Asimismo, encontrar un autorretrato de Leonardo es un poco extraño pues solo existe uno y es un dibujo”, señaló.

Arrazola Bonilla acotó que “evidencias” como la prueba de Carbono 14 que señalan que corresponde al periodo comprendido entre 1474 y 1505, tiempo que coincide con la labor de Da Vinci, no determina si la obra fue hecha o no por el artista.

Cuestionó, por tanto, que la obra la cual se dice original haya sido presentada por un curador que es director de un museo –que dice que halló la obra dentro de un lote de pinturas que le llegó–, y que “jura que es auténtica no obstante él es parte y por tanto no puede ser juez”.

“El sueño de todo historiador del arte o curador de Europa es descubrir la obra de algún maestro. Ese es el sueño, para eso estudian y hay novelas al respecto. Es el ‘gran sueño’. Si este es el caso, entonces se dice ‘se le cumplió el sueño de encontrar un Leonardo en su museo’, pero se vuelve a la pregunta: el que lo descubre no puede ser el juez”.

Acotó que otra cosa que llama la atención es que historiadores y curadores de grandes museos donde está la obra del artista no hayan pedido la Tavola Lucana para estudiarla, además de que no haya sido expuesta en un gran recinto y en los buscadores no existan artículos académicos sobre la obra, es decir, que la información sea poca como para concluir que es de Da Vinci.

En este caso, Mariela Arrazola consideró que tanto curadores, como empresas e instituciones “juegan con conceptos de la historia del arte” que permanecen invisibles cuando no se tiene conocimiento del tema. Así, continuó, la terminología es clara: cuando se tiene una obra original se pone el nombre del autor, y cuando no se está seguro hay varios grados para decir que “podría ser” de dicho artista, utilizando conceptos como “atribuido a”, “a la manera de”, “del círculo de” o “de la escuela de”, todos términos legales que son convenientes en el mercado del arte porque deslindan de la responsabilidad a quien las posee, al no ser conocidos por el público en general.

“Es un error presentar una obra sobre la cual se especula que es un Da Vinci sin la suficiente evidencia científica para demostrar que lo es. El mayor error es que las páginas del ayuntamiento de Puebla digan que tienen un autorretrato original de Da Vinci, pues es un marketing abusivo sin valor en el que haces creer que traes un Da Vinci cuando no hay certeza”.

El valor de las obras, un renglón sin transparentar

Otro punto, señaló Mariela Arrazola Bonilla, es que, desde hace cuatro años, con la entrada de la actual administración en el IMACP, no se tienen estudios que comprueben que existe una necesidad de traer ese tipo de exposiciones, así como tampoco se tienen datos sobre quiénes han sido los que han consumido dichas puestas: si es el público turista o la comunidad local.

En ese sentido, mencionó que, así como no existe información sobre la pertinencia y relevancia de este tipo de exposiciones, hay omisión sobre los costos, pues el IMACP no trasparenta lo que cuesta montarla ni el ingreso que se obtiene tras su exposición.

“Si no es por los medos de comunicación no nos enteramos que Picasso costó 15 millones de pesos y de éstos, 8 millones fue el ‘valor estimado de las obras’, un concepto que no es el precio, pues no compraron las piezas, no existe factura de ello y no son patrimonio de Puebla. El que pongan valor no indica por qué concepto fue: no se compran piezas para exponerlas, pues si bien son piezas rentadas, con su pago de transporte, comisarios y seguros, ese no fue su valor”.

En todo caso, así como con Picasso la queja era que lo expuesto era pequeño y no la gran obra del artista español, así con Leonardo Da Vinci, que no muestra obra original.

Una galería que no cumple con el objetivo del ICOM

El Consejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés) incluyó a la Galería del Palacio Municipal en su lista de recintos en abril de 2017. No obstante, con exposiciones como Leonardo Da Vinci, el rostro de un genio, espacios de este tipo “juegan a ser museos” pese a no tener ni los servicios ni las funciones básicas de los recintos de este tipo: sus áreas de investigación, museografía, curaduría, restauración y demás.

Ese es otro aspecto analizado por la especialista Mariela Arrazola, quien acotó que la teoría de los museos concibe a la exposición “como un medio de comunicación único, propio, capaz de dar una experiencia transformadora en actitudes y valores hacia lo visto, la cual se da solamente frente a un objeto original”.

En el caso del Da Vinci “no original” expuesto en Puebla, indicó que se quita la experiencia. “Por eso la cedula chiquita y el engaño en redes, algo que es poco ético, pues la evidencia científica habla que la experiencia se da sobre lo único y lo original, al sentir que se está al frente del original, pues hace que se valore la obra y al mismo tiempo se justifica la subvención de los museos, sobre todo cuando son públicos”.

Agregó que al ser la Galería un espacio acreditado ante el ICOM, la obliga a ceñirse a su código ontológico que indica que “cualquier objeto que se tenga se debe estudiar su procedencia y de no ser así, es porque el objeto aporta al conocimiento, pero siempre respaldado en la honestidad al decir que no se sabe su procedencia”.

“Ahí está el problema: se está vendiendo como original algo que no lo es. Y el curador, basado en la academia y en su equipo legal, debería actuar frente a la prensa, a la opinión pública y a sus próximos espectadores, con honestidad y ética”, sostuvo la directora del Museo del Tec.

Arrazola Bonilla notó que otro renglón debatible es el afán que tienen los encargados por apostar por una política eurocentrista sin dar un fundamento, sin decir si se trata de deseo de la administración, del gestor cultural o se está apostando a satisfacer las necesidades de la comunidad.

Lo anterior, acotó, se demuestra en un estudio hecho sobre 51 meses –de enero 2014 a marzo de 2018–, sobre las exposiciones montadas por el IMACP en dicho espacio, que arrojó que 44 por ciento del tiempo fue para hombres artistas europeos, 30 por ciento para hombres en colectivo y solo en el tres por ciento de estas colectivas tuvieron mayoría mujeres; mientras que mujeres en exposiciones individuales solo ocuparon 12 por ciento del tiempo, mientras que indígenas tuvieron un cero por ciento de representación.

“Nos lleva a preguntar para qué es el IMACP. Dicen que para la preservación del patrimonio que, en nuestro caso en barroco novohispano, lo que menos se ve favorecido. Si le inviertes fondos a promover lo europeo entonces cuánto le inviertes al patrimonio propio. El poder político ve al arte como un símbolo de ostentación que le sirve para posicionarse como elite, por lo que necesitamos revertir esto y despolitizar la obra. La próxima administración tendrá que dar un giro: o apostar a promover el arte europeo o a preservar el patrimonio de Puebla”, concluyó.