Marichuy y pueblos del estado de México comparten la palabra

El Concejo Indígena de Gobierno, CIG, a través de su vocera María de Jesús Patricio Martínez Marichuy denuncia las atrocidades del sistema capitalista.

El Concejo Indígena de Gobierno, CIG, a través  de su vocera María de Jesús Patricio Martínez  (Marichuy)  compartió la palabra con organizaciones y pobladores del oriente del estado de México, palabra que denuncia las atrocidades del sistema capitalista. Pero también la palabra de resistencia y lucha de los pueblos para desmontar el sistema capitalista, patriarcal,  construir por un mundo nuevo desde abajo libre de la dominación y la opresión.

En Ecatepec, la palabra se centró en los proyectos de muerte que significan los megaproyectos y en particular la construcción del Nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Proyectos que despojan y saquean las comunidades y destruyen la madre tierra, proyectos que usan la represión para imponerse, con la utilización  de guardias blancas y paramilitares como Antorcha Campesina. “Imponen con la represión los proyectos capitalistas, usando grupos de choque que sirven  las empresas constructoras”. “este es una megaproyecto de muerte”  ante lo que surge el llamado al compromiso a  la lucha y a la organización desde abajo, “Si queremos parar todo este proyecto de muerte hacia nuestras comunidades pueblos colonias barrios, tenemos que organizarnos”.

En Nezahualcoyotl entre grupos de rap, son cubano, poetas, actores, actrices y músicos, artesanos  otros grupos de arte popular y organizaciones sociales se compartieron las luchas por una vida digna, contra la opresión en los abusos, la privatización y altas tarifas de servicios públicos como la energía eléctrica, por el agua y la vida, en la lucha contra la represión machista y patriarcal del  sistema capitalista.  Un problema central que afecta gravemente al estado de México es el de los feminicidios y de la violencia contra la mujer, además de la respuesta de pueblo ante esa violencia.  “Como mujeres  nos queremos vivas,  como viva esta nuestra madre la tierra y como vivos estamos los pueblos, nos queremos libres, como libres queremos nuestros territorios… Nos queremos sin miedo .. El sistema capitalista está basado en la opresión, de nuestro hermanos y hermanos en a fábricas, en el despojo con violencia de nuestros recursos naturales de nuestras tierras en la explotación de hombres y mujeres en el  campo y la ciudad… Hablo sobre la violencia y la opresión contra las mujeres,  defender la organización como mujeres y cambiar desde ahí el mundo es una necesidad que tenemos como humanidad solo de esa manera podemos romper el tejido de los poderosos… Entonces hermanos y hermanas es el momento de tumbar esos muros debemos agrietar  con la lucha y organización como mujeres que somos para tomar el papel que nos reclama ésta,  la historia.. Esta no solo es una lucha de las mujeres  o de las víctimas y  sus familias, es una lucha que llama también a los hombres con quienes construimos    nuestra resistencia diaria y  con quien soñamos la esperanza que ya se dibuja en el horizonte.” Fueron palabras del mensaje claro de Marichuy.


Es la hora de nosotros, los pueblos: Marichuy, mujer indígena en TexcocoPor Yiria Escamilla

Mirar las tierras texcocanas difiere de los bellos cantos que le dedicara Nezahualcóyotl, el rey poeta. Nada queda del lago que asombró antaño, la desecación es casi completa, ahora solo se mira el cercado del Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX. A lo largo de la carretera se ve un cercado interminable, interminable como lo fue la belleza de este territorio y, al parecer, como debe ser la lucha contra la depredación de la madre tierra.

En el año 2006, cuando celebrábamos el Cuarto Congreso Nacional Indígena, nos enteramos de la brutal represión que el gobierno del Estado de México y el gobierno federal hicieron en respuesta a la digna resistencia en toda esta región. Desde ese entonces, nosotras y nosotros, que somos parte de este espacio que es el CNI, hemos estado atentas y atentos a sus pasos, y los que dan los malos gobiernos para dividir e imponer el despojo con el terror.

Llegar al centro de Texcoco para la recepción de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, citada el viernes 24 de noviembre, es como llegar a cualquier pueblo comercial del Estado de México. El bullicio de la gente parece ignorar la importancia de su visitante. Se ha tomado el kiosco de la pequeña plaza por los concejales texcocanos con una mesa donde presidirá Marichuy la asamblea de los pueblos que no bajan, o no suben, como se quiera ver. Se miran muchas ausencias, grandes ausencias.

El Nuevo Aeropuerto de la ciudad de México se construye sobre tierras campesinas y las suspensiones judiciales que las comunidades logran con su lucha parecen ser letra muerta para los gobiernos, que imponen con la represión sus proyectos capitalistas, usando grupos de choque que sirven a las empresas constructoras y los gobiernos de todos los niveles.

Pocos son los indígenas que asisten al evento, incluso el grupo de concheros que la recibe incluye a una danzante rubia y el presídium a una concejala de ojos claros. El mestizaje prevalece (como un orador dijo: ¿qué culpa tengo de ser mestizo?) y el uso de las lenguas prehispánicas  se escucha a través de los caracoles que saludan a los cuatro puntos cardinales. Una muchacha llegó temprano, su camino fue de cinco horas y no ha comido. Me cuenta que abrazó a Marichuy y que valió la pena conseguir cincuenta pesos para su pasaje por ese abrazo, porque es como ella, de color de la tierra. Porque es mujer, y eso basta.

Este megaproyecto de muerte que Enrique Peña Nieto decidió iniciar nuevamente sobre las tierras de Texcoco y Atenco es el anuncio de un gran despojo, pues como es el modo capitalista están reacomodando toda la región, despojando terrenos ejidales, comunales o particulares para la construcción de autopistas y sacando materiales pétreos provenientes de minas sobreexplotadas para la construcción del aeropuerto. Y es un anuncio también que invita al olvido de la lucha de las mujeres por defender esta tierra, este territorio que quieren seguir aniquilando.

Se colocan dos ofrendas, una en la plaza llena de copal y frutas, y otra con un par de mazorcas de granos negros y rostros del General Zapata con paliacates rojos, en las escaleras del improvisado templete-kiosco.La vocera indígena es resguardada, se le ofrece a ella y a su comitiva arroz y nopales, unos tlacoyos de masa azul y la esperanza de que mueva a la conciencia a los que pasan cerca y a los que se quedan a verla. Ha llegado Marichuy en una camioneta escoltada por tres mujeres indígenas, serias como ella, no dan nombres, pero por sus ojos sabemos que esas tierras tienen voz de mujer. Son también Concejalas como Marichuy. No hay protagonismos y Marichuy escucha, con ese rostro adusto de mujer de tierras lejanas, cada palabra que se dice en boca de los participantes -en su mayoría no indígenas- que hablan de la esperanza que se viste de bordados y cabellos largos. Atenta, Marichuy no pierde palabra y disimula un bostezo por las casi tres horas de denuncias y pronunciamientos.

Sacan lodos del fondo del lago, muchos de ellos contaminados, para después depositarlos en socavones, afectando así los mantos freáticos. Los ríos que hoy se usan para la agricultura campesina los quieren reacomodar en redes de tuberías y canales. Todo con obras que están despojando a los pueblos de toda la región, en cuyas tierras quieren hacer también centros comerciales, fraccionamientos y zonas industriales para complementar el robo a los pueblos.

De pronto todo se paraliza en la plaza, se escucha un Zapata Vive, la lucha sigue y el sonido de los machetes friccionados en el duro cemento (como muchos corazones), prevalece. Es gente de San Salvador Atenco, con Trini y Nacho al frente. Olvidaron invitarlos o eso parece, pero aún así se les concede el uso de la voz y después de entregar un ramito de flores blancas a Marichuy se marchan en santa paz, haciendo una pequeña demostración de existencia… aún. Así como llegaron se van y regresan al final para acompañar a los caracoles con el rozar de sus machetes. Los Atencos viven… su lucha sigue y sigue.

O sea que ya se repartieron estas tierras, condenando a los pueblos que hoy son sus dueños y guardianes a desaparecer. Y así lo hicieron con todo el país, se lo están repartiendo, condenando también a millones de mexicanas y mexicanos a que pierdan todo cuanto tienen, despojándolos de la tierra, de su forma de vida campesina, de su organización colectiva, del agua, de los bosques; para que se pierdan, nos perdamos en el olvido, que es también nuestra muerte como pueblos.

Discursos que son saludos, saludos que se convierten en arengas, arengas que se convierten en pronunciamientos, pronunciamientos que se convierten en análisis y análisis que son  denuncias, llenan el zocalito con voces sin nombre y sin rostro porque lo que pareciera un asunto de seguridad muy loable, en realidad es un asunto protocolario ya que los oradores se colocan al fondo del kiosquito para no dar la espalda a las invitadas. Es un pasamontañas invisible muy bien armado, en caso de serlo. De cualquier manera, no se miran orejas o gente del Estado Mayor, a simple vista. Unos cuatro guachos rodean el kiosco, pero  parecieran turistear en día de licencia. Pareciera que el Estado no le tiene miedo a esta pequeña mujer, lo que sí es seguro que ella no les teme.

Así como los de arriba se repartieron todo, haciendo una red de despojo, represión y explotación que divide y fragmenta los territorios indígenas, campesinos y urbanos, nosotras y nosotros también tejamos abajo la organización para detener la muerte que nos imponen, para resistir, para crear nuevas formas de organización nacidas de cada colectivo, decidir nuestro destino en lo pequeño y en lo grande y ejercer nuestro gobierno de abajo.

Finalmente, aclamada por el desesperado público asistente, Marichuy habla al frente y de frente, con las palabras que aconsejan y no dirigen, que median… que no regañan (ni aún a los que mantienen doble militancia con el zapatismo y los partidos) pero que sí duelen para que se entienda y se abra el pensamiento. Sigue seria Marichuy, no demuestra molestia y conserva las flores blancas que le fueron regaladas. Flores del campo como ella, flores de reconciliación.

Esa es nuestra apuesta en el Concejo Indígena de Gobierno, es nuestro llamado a los pueblos aledaños al lago de Texcoco, a todo el País y a todo el Mundo a organizarnos, porque los capitalistas no están dispuestos a parar esos planes que tienen sobre nuestros territorios y buscarán imponerlos a costa de todos nosotros sin importar nuestro color o el lugar donde vivimos.

Todos callan cuando habla Marichuy, los ruidos del comercio desaparecen, qué se dice y cómo se dice es lo único que importa. El par de reporteros que cubren el evento buscan un gesto de Marichuy pero nada, no les da gusto de que se le vea decepcionada por tantas ausencias, aunque no se le mira contenta. Así es esto con los indígenas, dice un reportero. No fuera una güera, digo yo. Me mira y me dice: tú no eres blanca. Yo le digo, tú tampoco. Y se va. Así es esto con los mestizos.

Por eso hermanas y hermanos, les decimos lo que nos encomendó la asamblea del Concejo Indígena de Gobierno y del Congreso Nacional Indígena, que es la hora de los pueblos, de organizarnos para decidir nuestro destino a organizarnos y a gobernarnos.

A estas alturas del recorrido de la vocera, están rebasadas las explicaciones sobre lo simbólico de su campaña, de que si se consiguen muchas o pocas firmas, de que si gana o no. Porque como dice una concejala: Lo peor que nos podría pasar es eso, ganar. Su palabra va en el sentido de organizarse como pueblos, para recuperar lo que no ha sido arrebatado… la tierra, el agua, la dignidad.

Se va Marichuy de Texcoco, bien acompañada del abrazo de la muchacha del color de la tierra como ella, como yo, como tú, como nosotros. A lo lejos, se contienen las vallas de un lago que será recuperado… algún día.

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