Marichuy, la esperanza organizada en este país

“Si la posibilidad de existencia ciudadana (con todos sus derechos y obligaciones),

de una mujer indígena, hace que ‘retiemble en sus centros la tierra’,

¿qué pasaría si su oído y su palabra recorrieran el México de abajo?” 


Cuaderno de apuntes del Gato–Perro

Subcomandante Galeano

 

El 27 de mayo pasado muchos corazones se alegraron por el nombramiento de María de Jesús Patricio Martínez como vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI), porque se ha visto como una opción para seguir creyendo en algo en esta sociedad bastante descompuesta, en el que día a día se inunda de más violencia y corrupción. Este proyecto político es un “algo” o un “todo” en el que se apoyarán y organizarán las esperanzas.

Aún y con toda la importancia que tiene un proyecto de esta naturaleza, los medios de comunicación han prestada poca atención al tema. Del nombramiento de Marichuy la médica (que por cierto en los vídeos y textos periodísticos le dicen la médico, aún hay resistencia en aceptar que el lenguaje también evoluciona) indígena de Tuxpan Jalisco, han hablado más de 10 medios de comunicación, entre ellos El Universal, Eje Central, El Informador, Aristegui Noticias, entre otros, pero fue sólo lo generado el día de su nombramiento, la duda aquí es, ¿por qué no se ha hecho un perfil de la vocera? ¿Por qué no se ha ampliado más la función del CIG y la forma de organización? ¿Es en serio que a ningún periodista le ha llamado la atención tomar el tema para algo más allá del evento?

La asamblea del Congreso Nacional Indígena y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional es una muestra de justicia e inclusión de género para las mujeres desde abajo y a la izquierda. Y no un mero disfraz que usan algunos movimientos y sectores institucionales (de izquierda a derecha) para hablar de equidad de género. El CNI y el EZLN han incluido a la mujer como una forma de justicia y equidad de género para hacer realidad un mundo donde quepan muchos mundos. Para muestra, la figura de la comandanta Ramona.

La vocera del CIG representa no solo la inclusión de la mujer en la participación política, sino también es un oído y voz de los pueblos indígenas de México, de los pueblos organizados contra proyectos imperialistas y proyectos colonizadores que albergan en su interior explotación, discriminación y despojo de tierras. Marichuy es una voz que congrega voces, clamores y gritos de justicia de los pueblos indígenas y las personas excluidas de este país.

El nombramiento de una mujer indígena es una muestra de la realidad inclusiva del CNI a través del CIG. Sabemos que la pretensión del CIG no es el poder por el poder mismo. Sino el poder al servicio de los más desprotegidos y vulnerables de este país. Es un proyecto político con una agenda donde sus principios son compartidos con los del EZLN. “Obedecer y no mandar; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir; proponer y no imponer.”

Libertad, democracia y justicia.