Maniqueísmo y salud

El diálogo, si se le pudiese llamar así, en estos tiempos, alcanza extremos ridículos, sobre todo cuando son empleados términos que ni siquiera se comprenden claramente. Son utilizadas palabras que, en una búsqueda de descalificación y ataque, lo único que logran es confundirnos, desesperarnos, irritarnos para finalmente llenarnos de indignación y dudas.

Se habla del político maniqueo, pero a ciencia cierta no se sabe a qué se refieren y mucho menos de dónde surge este tenebroso adjetivo.

Fundada por un persa llamado Mani o Manes (Siglo 215–275 de nuestra era), el maniqueísmo fue una secta dualista, es decir, que planteaba una eterna lucha de dos principios opuestos: el bien y el mal, que eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, dios es el creador de todo lo bueno y satanás el creador de todo lo malo.


Posteriormente algunos maniqueos distinguían al dios del antiguo testamento (malo) del dios del nuevo testamento (bueno). Después afirmaron que el alma mala es propia de la carne, carne que pertenece también a la raza de las tinieblas. La buena en cambio, procede de la parte de dios, que luchó contra la misma raza de las tinieblas, generando como consecuencia que finalmente se mezclaran en el ser humano.

Todo lo bueno que hay en el hombre lo atribuyeron a dicha alma buena y al revés, todo lo malo, al alma mala. Así, los maniqueos consideraban que el hombre obra mal cuando triunfa la oscuridad, el principio malo, la materia, el “sumo mal” por sobre la luz; sin embargo, el principio bueno, el espíritu, generaba el “sumo bien”. Se creó entonces una versión del héroe–santo.

La construcción de un modelo de conducta bajo la influencia de un sistema filosófico como el maniqueo es, sin duda, imposible de sostener y mucho menos de imitar; pero es importante subrayar que está en contradicción con el heroísmo que se desprende de la concepción judeocristiana que sí otorga una mayor complejidad al comportamiento de sus patronos bíblicos.

Por ejemplo, recordemos que el rey David, hombre amado por dios, planeó la muerte de Urías para arrebatarle a Betsabé, su mujer; o en el caso de Abraham, considerado el amigo de dios, quien fue capaz de entregar a su mujer Saraí, a un faraón, rey de Egipto, para evitar que lo mataran.

En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad sino del dominio de satanás sobre nuestra vida. Entonces se justifica la mala acción, el fraude, la perversa corrupción, la podredumbre de gente que se enriquece irracionalmente para finalmente, con una inocente visita a la iglesia, redimir los pecados y perdonarse las culpas.

Lo cierto es que este adjetivo debe eliminarse del discurso político, contrariamente a lo que sucede con los microbios, seres imperceptibles a simple vista pero con una influencia determinante en nuestro proceso de adaptación al medio ambiente.

En el mundo, efectivamente hay seres unicelulares y pluricelulares que son extremadamente destructivos o bien extraordinariamente benéficos. Sin una relación precisamente divina o satánica, nos afectan sin darnos cuenta y nos permiten vivir a través de la búsqueda natural de un equilibrio que puede ser asombrosamente sutil y por lo mismo, portentosamente destructivo ante cualquier conducta, hábito o costumbre no natural.

Pero en términos generales, no debemos tenerles miedo sino admiración. Gracias a ellos vivimos y la lucha entre sí, nos permite adaptarnos y desenvolvernos en el mundo con bastante seguridad, gobernando nuestras vidas sin que nos demos cuenta.

Desde esta óptica, los sistemas políticos actuales lejos de beneficiarnos nos perjudican en todos los sentidos, hasta dejarnos en un estado de vulnerabilidad que acaba con nuestras esperanzas. Justamente, pareciera que los microbios exhiben más inteligencia que los individuos que buscan y alcanzan el poder.




Ver Botones
Ocultar Botones