Los rectores de la BUAP: una mirada crítica

Universidad Autónoma de Puebla: revisar su historia para comprenderla mejor.

 

No puedo presumir de saber lo que no conozco. Algo sé sobre la Universidad de Guadalajara y el cacicazgo de Raúl Padilla pero debo confesar que no tengo la menor idea sobre la  Autónoma de Puebla aparte de recordar que tuvo fama de combativa y hoy es más bien lo contrario. Por eso y asumiendo mi grado cero de conocimientos sobre historia poblana me ha sorprendido e interesado leer en Facebook una crónica personal de una exestudiante de la BUAP que me parece un excelente resumen crítico de un campus que tiempo ha agrupó a lo mejor de la izquierda en este estado.

El reciente asesinato de Samuel Maplica Uribe, exrector de esta casa de estudios, fue el desencadenante de este acto de memoria que aquí adjunto y que espero sirva para que otros se animen a mirar a la BUAP con la visión histórica, apasionada y crítica que merece toda Universidad pues el devenir de toda ciudad, y hasta su futuro, se define en sus campus.


 

La BUAP y sus rectores / Liz Alcalá Esqueda

 

 

Abril de 1976: asalto de la ultraderecha al edificio Carolino de la UAP

 

Cuando yo ingresé a la BUAP (entonces UAP, que es como debe llamarse), no tenía ni idea de quién era Marx o qué era eso de derecha o izquierda en política. “Recién despertaba de un sueño infantil”, como dijera Serrat. Fue en las aulas y en los pasillos del bello edificio Carolino como me fui enterando de los movimientos sociales y del papel crítico y activo que podríamos tener los estudiantes. También de que el buen profesor es alguien mucho más que un simple repetidor de libros, por muy buen repetidor que sea.

En ese entorno conocí el papel de un rector universitario, un personaje que tenía que inspirar respeto no sólo por su labor representativa universitaria sino por su calidad académica e intelectual. A mí me tocó conocer entonces al químico Sergio Flores, del cual recuerdo poco pero lo poco es bastante bueno. Un buen académico, discreto y educado. Sé que todos ellos quedaban no sólo por sus méritos sino porque pertenecían al Partido Comunista. Por eso, en ese entonces, LA UAP estaba permanentemente enfrentada con las autoridades del Estado. Como es lógico, los medios de comunicación, siempre fieles al poder, se unían para echar pestes contra la Institución y sus integrantes, obviamente.

Sin embargo, y pese a las posibles disputas internas, en términos generales, se respiraba un ambiente de libertad, de solidaridad y de búsqueda por fomentar un pensamiento crítico. Jamás nadie me obligó a leer, votar o apoyar a nadie. Jamás llamaron a mi casa para pedir mi voto; jamás condicionaron mi trabajo o una calificación si no votaba o apoyaba a x o a Y.

Después llegó el Ingeniero Terrazas, el mejor rector para mí de toda su historia. Un gran académico, con visión científica y con méritos propios. Durante su rectorado los universitarios, tanto estudiantes como trabajadores, vivimos la mejor época de la institución. Como estudiantes contábamos con apoyos para asistir a congresos, se financiaban las mejores temporadas de conciertos con artistas de renombre internacional, pero NO COMERCIALES. Así disfruté de Nacha Guevara (en su mejor época), Soledad Bravo, el ballet Bolshoi; el cuarteto Punta del Este; el grupo teatral El Galpón; Los Calchaquis; Mikis Theodorakis, Óscar Chávez, Chava Flores, entre muchos más. Y TODOS GRATIS. Los recintos se llenaban de jóvenes ansiosos por conocer y disfrutar a tan extraordinarios artistas. Se nos educaba para ser críticos y tal vez de izquierda, pero también a disfrutar de lo mejor del arte.

Recuerdo cómo, cuando un grupo de extrema derecha (FUAS, que después fundaron la UPAEP) asaltó el Carolino, dejando como rehenes a varios amigos y conocidos míos que jamás habían hecho nada, los universitarios nos empezamos a organizar de forma espontánea para ver cómo podíamos “rescatar el Carolino”. Nadie nos convocó a nada, éramos pequeños grupos que poco a poco nos fuimos uniendo para apoyar a nuestro rector, a quien precisamente el gobierno intentaba derrocar.

El 1 de mayo de ese año, nos organizamos e irrumpimos en pleno desfile gubernamental bajo el grito unánime: TERRAZAS, TERRAZAS… ante el estupor del gobernador, su gabinete y sus invitados. NADIE ENTONCES NOS OBLIGÓ ni nos impuso apoyar al rector. Cuando alguien se gana LA AUTORIDAD, se le defiende simplemente. Por algo también fue reelegido.

Le tocó el turno entonces a Alfonso Vélez Pliego. Aquí empezó la división entre los universitarios. Por desgracia aunque Vélez gozaba de buen prestigio, en mi opinión, sin darse cuenta, fue utilizado por grupos derechistas para, poco a poco, ir entregando la universidad. Fue en este periodo también cuando lo que antes era un sólo grupo sindical, empezó a dividirse entre los “académicos” y los trabajadores. De alguna forma a los académicos de las facultades les hicieron creer que ellos estaban por encima de los demás… y se lo creyeron. Entonces empezaron a cuestionar eso de la universidad “democrática, crítica y popular”… craso error…

Por eso es que Alfonso repite el rectorado pero no de forma unánime como Terrazas, sino con manifestaciones cada vez más grandes de división entre los universitarios. Por ello, al siguiente periodo queda (en esta lucha de poder) OSCAR SAMUEL MALPICA URIBE  (qepd), asesinado recientemente, por desgracia.

Como para entonces el plan de la derecha de erradicar todo lo que oliera a izquierda en la UAP estaba mas que en marcha, aparecieron los brotes de inconformidad contra el rectorado de Malpica quien, por falta de experiencia y tal vez también de formación, cayó en las provocaciones permitiendo el enfrentamiento ya abierto entonces entre los trabajadores académicos de las escuelas profesionales y el resto de los trabajadores. Fue cuando nos amanecimos con dos rectores, con dos cheques y con dos de todo.

El rector “comodín” fue un amable académico, por cierto amigo mío, Juvencio Monroy, quien no tenía ni interés en la política ni colmillo para ella. Pero vino de alguna forma a calmar las aguas ante un desmantelamiento de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEMOCRÁTICA, CRITICA Y POPULAR. Después de esto, nada volvió a ser igual para la institución y sus integrantes.

La entrada de Monroy no tuvo más objetivo que permitir el reordenamiento de los grupos de derecha quienes les endulzaron el oído a los académicos que más ganaban para imponer un nuevo rector abiertamente derechista: Eduardo Jean Pandal, de cuya historia RECTORAL no recuerdo absolutamente nada

Fue entonces cuando la DERECHA salió del clóset EN LA BUAP, que entonces cambió de nombre; el rector dejó de llamarse rector para definirse como “EL SEÑOR RECTOR” (¿acaso se dice: “el señor barrendero”?); fue entonces que todo empezó a cambiar en la Uni y la cercanía universitaria dejó de existir y el otrora comunista JOSÉ DÓGER CORTE asumió el cargo y se transfomó en virrey. Los consejos académicos desaparecieron y se llenó la administración de asesores, secretarias y guaruras con tremendos salarios y mayor prepotencia. Dóger no se destacó por sus méritos académicos aunque todo mundo frente a él hablaba maravillas pero…

El nepotismo no se hizo esperar y después de dos rectorados a golpe de reformas a la ley universitarias que dejaron prácticamente sin voz ni voto al grueso de los universitarios, asumió el cargo su primo, Enrique Dóger Guerrero, exacadémico del mismo instituto que fundara el mejor rector, LUIS RIVERA TERRAZAS.

Para entonces los méritos académicos no tenían demasiada importancia. Suficiente tener buenas relaciones con el gobierno en turno o con el partido mayoritario. La libertad de expresión con los rectores comunistas, desapareció con los nuevos aires de la “excelencia”.

Y nos llegó el último relevo que sinceramente no sé de dónde salió, Enrique Agüera. Más famoso por sus cirugías y sus fiestas que por sus logros académicos personales e institucionales. Este nuevo político que piensa que las construcciones faraónicas son sinónimo de calidad académica y que recibe a los futuros profesionistas con fiestas a remedo de la película VASELINA (Grease).  Basta comparar las biografías de cada uno de ellos para hacernos una idea de cuán distintos fueron. Del último no puedo hablar porque aun está en periodo de prueba al ser simplemente interino.

Lo que sí puedo asegurarles es que, hasta después de Juvencio Monroy, quienes fueron rectores de la UAP, pudieron pecar de muchas cosas pero no de haberse ENRIQUECIDO a costa de nuestra institución.

Liz Alcalá Esqueda

¿Y que dice la derecha, apá?

 

Una visión crítica que se puede complementar con lo que piensa la gente de orden en la ciudad de los Ángeles. Y para eso nada mejor que esta columna de Gabriel Sánchez Andraca en el diario Cambio donde se expresa justamente la visión de los vencedores:

 

Cuatro mil asistentes, entre ellos 18 rectores de universidades de varios estados de la República y 150 presidentes municipales de la entidad, además de altos funcionarios estatales y municipales, diputados locales y federales, senadores, dirigentes de partidos políticos, altos jefes militares y representantes del sector privado, entre otros, estuvieron presentes.

Fue un informe muy claro, contundente, que dio cuenta de lo mucho que ha mejorado en todos los órdenes, pero principalmente en calidad educativa, la más importante institución de educación superior del estado.

En los años 70, la Universidad Autónoma de Puebla estaba en la peor época de su historia reciente.

En 1961 se inició un movimiento denominado “Reforma Universitaria”, que implicó 10 años de luchas internas entre dos importantes sectores de universitarios, que implicaron a sectores de la sociedad civil: las luchas entre izquierda y derecha fueron históricas.

En 1972, los izquierdistas pertenecientes al Partido Comunista Mexicano triunfaron y su primer rector fue el químico Sergio Flores.

La universidad se descontroló. Maestros y estudiantes, después de una década de luchas callejeras, propiciaron una decadencia académica de la institución. En esa situación se mantuvo durante varios años, en los que los profesionistas egresados de sus aulas eran rechazados sin miramientos por considerarlos conflictivos.

Fue en el rectorado de José Doger Corte cuando se inició una recuperación del prestigio de la ahora BUAP, trabajo que continuó el rector Enrique Doger Guerrero y que culmina en buena parte Enrique Agüera Ibáñez.

La recuperación de la BUAP después de las luchas iniciadas en los 60, ha sido lenta pero sostenida.

Ahora tiene una planta de maestros cuyo 80 por ciento está formada por profesionales con maestría o doctorado, instalaciones de primera tanto para la academia como para la práctica del deporte, bibliotecas, gimnasio, estadio, en fin, cuenta con instalaciones propias de una institución de educación superior de primera clase.

El rector dijo que la BUAP ha sido calificada como una de las más importantes de Latinoamérica y la cuarta en importancia de México.

Gabriel Sánchez Andraca

Para saber más sobre el anticomunismo poblano, denle una leída a este artículo. Sirva como entremés porque el tema es largo, sinuoso y más que actual. Pero en todo caso ¿verdad que el tema merece una revisión en profundidad?

Y si alguien se anima a escribir sobre el tema, no duden que este es su blog.

Críticas, mentadas y otras cosas del querer a: oriolmallovilaplana@gmail.com