Los que mandan

Hemos insistido desde  hace tiempo que dos poderes controlan el orbe: el financiero y el mediático. Hay, desde luego, oídos sordos al planteamiento, sobre todo porque el segundo poder citado  no quiere verse en el espejo o que lo señalen como quien ha traído grandes desgracias. Pero la fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo,  muestra que esa verdad está presente.

Para la investigador Sanjuana Martínez (Sin Embargo, 20 de julio), un túnel por el que se escapó el sinaloense, costaría 50 millones de dólares. Cantidad irrisoria  para  quien la revista Forbes catalogaba  entre los ricos con una fortuna  superior a los mil millones de dólares, hace  tiempo;  incluso en momentos que tenía una gran batalla  contra  los Beltrán Leyva y los Zetas.

Para la autora de Los señores del narco (Grijalbo), Anabel Hernández, El Chapo tenía “Todos los privilegios” en el Altiplano, por eso su mujer Emma Coronel iba con sus dos hijas a visitarlo, acompañada de su madre, Blanca Estela Aispuro (Proceso, número 2020), no obstante que no se permite el acceso de tres personas en cada ocasión. Y esa, además, no era la única ventaja, ya que recibía frecuentemente a sus abogados, entre ellos uno ligado a Ismael Zambada, El Mayo: Óscar Gómez Núñez.


Podríamos seguir, ya que para algunos especialistas el narcotráfico en México mueve de 15 mil a 30 mil millones de dólares al año. Y si vemos que el famoso Cártel de Sinaloa tiene ligas  en varias  partes del mundo y es según Eduardo Buscaglia:   la quinta pandilla del globo- luego de la Yakuza japonesa, la mafia rusa y la Ndrangheta y la Camorra italianas-, el dinero es algo que no falta, incluso es lavado en bancos tan notorios como HSBC.

Por cierto, en México no hay, hasta la fecha, un combate a quienes manejan los grandes capitales narcos. Hace años únicamente se cerró  la casa de cambio Puebla, ubicada en aquella entidad. No obstante que en la secretaría  de Hacienda hay una dirección  para evitar dichos  ilícitos, no ha pasado nada.

Han coincidido periodistas diversos, entre ellos Carlos Puig (Milenio) y Jesús Silva Herzog Márquez (Reforma, 20 de julio), entre otros, que las diferentes visitas de reporteros  tanto al penal del Altiplano como al   hoyo por donde se escapó El Chapo,  han contribuido más a la fama de ese delincuente que a una explicación lógica de los errores gubernamentales. Creo que incluso han contribuido más a su fama  que los corridos elaborados  en su honor, las manifestaciones que se realizaron en Sinaloa y hasta los memes en contra de la inoperancia de este gobierno.

Lejos de sancionar a las autoridades que no llevaron a cabo su encomienda, los invitaron a que mostraran el grado de dificultad del  escape, la precisión con que se hizo y la fuerza de un señor que burla todo lo que le viene en gana.

En la difusión a favor de un delincuente, estuvieron, preponderantemente,   los medios. La clave fue  la entrevista y recorrido que hizo Adela Micha del brazo de Monte Alejandro Rubido. En uno hora y 19 minutos, nos dimos cuenta, nuevamente, quién es el poder: Televisa.

Rubido, que como su jefe no renuncia, inició diciendo: “especulo”, “creo”, “me parece”, la señal de alerta se dio de 30 a 45 minutos después, no tengo la hora exacta del mensaje que le envié al secretario de Gobernación. La salida fue “sorprendente” e “imprevisible”. El agujero  por donde huyó de la celda número 20 El Chapo, dijo el policía,  debe medir 50 por 50 centímetros.

En resumen, pareciera que estamos ante una persona que no tiene claro nada. Sus respuesta pudieron ser las de cualquiera que no conoce de asuntos de inteligencia (sic aturdido), siendo que el señor tiene décadas en dichas labores   y se formó con el nefasto Genaro García Luna, a quien se les continúan descubriendo culpables inventados.

Monte Alejandro se quería desplazar rápidamente a Santa Juanita, donde está la casa en la cual  se inició la construcción subterránea, pero Adela no se lo permitía. Al llegar finalmente a la vivienda, donde afirmó  que el túnel se hizo con los planos del penal en la mano  y no con  GPS como plantean los reporteros Rubén Mosso e Ignacio Alzaga (Milenio, 17 de julio), siguieron los desatinos de Alejandro.

Para Rubido no hubo graves  problemas en las prisiones. Es más La Plataforma México, que pretende combatir la delincuencia, “ha ido evolucionando   para bien”. Por lo tanto, toda crítica no tiene sentido.

Adela Micha no citó a ningún periodista especializado en  asuntos de narcotráfico: ni a Anabel Hernández, ni a José Reveles, ni a Diego Enrique Osorno, ni a Luis Astorga, bueno ni siquiera al fallecido Jesús Blancornelas. Únicamente se refirió a  León Krauze. Y cuando se trató de bajar al pozo maldito y a la vez bendito para uno, ella no lo hizo.

¿Luego de esas intervenciones de la televisión  servirán de algo las prisiones de máxima seguridad? No importa, ya se hizo la publicidad.

Los caricaturistas, igual que siempre, fueron atinados. Helio Flores (El Universal, 16 de julio)) nos dio a conocer los putos ciegos: Osorio Chong tapado de los ojos, y Calderón (Reforma, 17 de julio), nos mostró el hoyo  muestra lo que será   el “Resto del sexenio”.

El Chapo logró 500 millones de tuits, lo que superó a los traseros de Kim Kardashian.

Raúl Vera dijo que Joaquín demostró la corrupción existente en el país. Susana Zavaleta reconoció al sinaloense. Eugenio Derbez señaló que el evadido hacía  lo que el gobierno no (ayudar a las comunidades y a los mexicanos). Omar Chaparro apuntó  que El Chapo debe despeinar a Donald Trump. Y hasta Pitbull le lanzó pullas al republicano y puso a Joaquín como hombre  importante.

El estado mexicano quedó “exangüe” (Diego Valadés, Reforma, 21 de julio); resultó “podrido” (José Antonio Crespo, El Universal, 20 de julio) y mostró que “así es el cinismo” (Alberto Aziz, El Universal, 21 de julio).

Como bien anotó Manuel Aguilera Gómez, ex jefe de gobierno capitalino: “La delicada situación de la República no admite especulaciones insulsas ni autoflagelaciones  infecundas; reclama acciones propias de un gobierno decidido a reconocer sus errores y cumplir sus responsabilidades públicas. Más grave que la fuga carcelaria sería la evasión política” (Impacto, 21 de julio).

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