Los olvidados

Pocos la vieron venir… porque los olvidados, están olvidados; olvidados… hasta de sí mismos. Pocos se voltean a mirarlos y les dan existencia, y cuando los miran desde afuera son un efecto–espejo porque la mirada del otro les refleja su ser y les da certeza de su presencia. Pero hay muchos otros que ni siquiera saben que existen, por eso son olvidados.

Muchos son los olvidados: grandes conglomerados de personas que cargan a cuestas, en grupo o solos, su desesperanza sin poder imaginar, siquiera, un hoy. Cuerpos que deambulan por el mundo y sienten necesidades reales pero la consciencia de la tanta carencia opta por adormecerse y tratar de no olvidarse de respirar, aunque hay quien se olvida y ya no respira. Y aún con hijos, el ser olvidado se reproduce en cada célula del olvido de quienes los olvidan.

Hay dos tipos de olvidados: los que están juntos o en comunidades, pero en conjunto olvidados de los otros que tienen posibilidad de hacerlos visibles; y los que están solos, dispersos, aislados, olvidados hasta de sí mismo comiéndose el alma porque nada los alimenta y se esconden de la luz.


De todas maneras, los olvidados juntos o solos, están olvidados. Están por todos lados, en todos los países los encuentras, en muchos espacios que se van haciendo aptos para ellos, donde la nada se hace sucia, oscura, hedionda, grosera, triste, deprimente, drogada, violenta, inaccesible, aislada, pobre, con un lenguaje sordo de desaliento, desilusión y desahucio.

A un olvidado nunca se le termina de conocer; sus pocas palabras, poco relata de su poca vida. Su presencia es rechazada por los otros. Lo ven de reojo para no acerarse mucho y que no ofenda la superficialidad de la vida. Se les puede conocer sólo cuando se les siente cerca en ese mar profundo donde se electrocuta la vida.

Quienes ven a los olvidados, no son sus iguales; quienes hablan por los olvidados, no son sus líderes; quienes luchan por hacerlos visibles y dejen de ser olvidados, no los conocen ni tampoco saben qué quieren… o necesitan. Hablar con ellos y escucharlos tiene su mérito aunque nunca es suficiente porque el ser olvidado es un universo entero que se reproduce cada momento y cala hasta la cuarta dimensión en su día a día sin tiempo. Las palabras no enseñan, es la experiencia…

¿Por qué los olvidados se olvidan de sí mismos? Porque si no fueran olvidados, el olvido no los atraparía como ciclón y vorágine que los arranca por dentro y por fuera vaciándolos de su ser y su circunstancia. Sin yo y sin algún tipo de recurso que les posibilite las mínimas condiciones adecuadas de vida.

No la vieron venir en EU. Y pocos, más pocos aún, la ven venir en México.