Lobos cena dulce de camote

Por fin, las tribunas del Cuauhtémoc lucieron como en los días grandes. Nacía en Puebla un nuevo derby, enfrentadas la escuadra del DT más curtido y la del más bisoño de la liga. Pulso tenso, emotivo y de alternativas, desnivelado por la temprana expulsión de Paco Torres. Y triunfo de Lobos BUAP por la mínima, firmado por el frentazo del “Maza” Rodríguez, sin ángulo casi, al peinar un córner desde la izquierda (83’). A la Franja, que hacía de local, no le valió el arreón final, cuando hasta Moi Muñoz se presentó en el área lobuna buscando rematar un par de tiros de esquina. Casi un símbolo de la incapacidad de la delantera franjada para poner el balón entre los tubulares.

Lobos, con 23 puntos, ha cerrado una campaña sorprendente al debutar en Primera. Bravo por Puente y los suyos. Y ojalá que le permitan al “Ojitos” Meza seguir aportando su sapiencia en pro de la salvación del Puebla, con apenas 16 unidades y en la cuerda floja.

La crisis del calcio italiano

Si usted ha visto últimamente por televisión partidos del futbol italiano, habrá notado que abundan los vacíos en la grada, y que ha menguado hasta casi desaparecer el tremolar de banderas y el constante griterío que caracterizaba incluso los partidos más intrascendentes del calcio durante, por lo menos, los últimos cincuenta años del siglo pasado. Ni siquiera la generalizada práctica del catenaccio menguó la pasión del público ni la grandeza de aquellos equipos que no solo dominaban su país, sino a la escena europea en su conjunto. No en balde, la nazionale, la selección azzurra, totaliza cuatro títulos mundiales, los mismos que tiene Alemania, a solamente uno del penta Brasil.


Y sin embargo…

Sin embargo, en Rusia 2018, Italia dejará que los teutones intenten por su cuenta dar caza a los amazónicos, que aún no habrán salido del azoro en que los sumió el 1–7 del Mineirao. Y es que Italia, campeona de la Eurocopa en 1968 y medalla de oro olímpica en 1936, pasa por uno de los momentos más bajos de su historia, de lo cual es reflejo –que no causa– su reciente eliminación en el duelo de repechaje ganado por el modesto combinado de Suecia. Les bastó a los nórdicos poner en práctica el viejo catenaccio –con más aplicación que otra cosa, y contando con el alerta permanente de su notable arquero Olsen– para firmar el certificado que confirma el actual estado de coma del balompié itálico, cuyos desnortados seleccionados alternaron el choque con el pelotazo, como cualquier cuadrito de barriada. Sin un solo destello de la grandeza que caracterizó a los Rivera, Mazzola, Fachetti, Riva, Causio, Rossi, Scirea, Baresi, Maldini, Baggio, Del Piero… Con dos como estos en el campo –descontada la patética presencia del gran Gianluigi Buffon–, la insípida Suecia del lunes no habría sido rival.

Pero esa decadencia italiana –que no bache– es producto de un largo proceso, que intentaré resumir.

Antifutbol y corrupción

Hacia 1998, los clubes italianos sumaban nueve Copas de Europa –entre Milán (5), Inter (2) y Juventus (2)–, tantos como los ingleses –Liverpool (4), Nottingham Forest (2), Manchester United (2) y Aston Villa (1)–, y superando las siete de los dos gigantes españoles –Real Madrid (6) y Barcelona (1)–, las seis de los holandeses Ajax (4), Feyenoord (1) y PSV (1), y las cinco de los germanos Bayern Múnich (3), Hamburgo (1) y Borussia Dortmund (1). Salvado el sorpresivo arreón inglés de 1977 a 84 –con triunfos inesperados de equipos tan modestos como Nottingham y Aston Villa–, la ventaja italiana certificaba la superioridad del calcio y sus carismáticos y lujosos clubes.

Y eso que en 1996 y 98, Juventus cayó en sendas finales, contrariando su condición de favorito ante el Borussia Dortmund primero y ante el Real Madrid después. Un presagio del desasosiego y las desventuras que traería el nuevo siglo para el futbol italiano y sus apasionados tiffosi. ¿Desasosiego, aunque hayan vuelto a salir campeones de Europa, dos veces el Milán (2003 y 2007) y una el Inter (2010)? ¿Desventuras, a pesar de haber obtenido su cuarta Copa del Mundo en Alemania 2006? Pues sí, desasosiego y desventuras. Por no hablar del asco público provocado por lo que ocurría tras bambalinas. Con inevitable repercusión en la cancha y en los graderíos.

La paradoja de 2006

Mientras los azzurri festejaban el tetracampeonato mundial en el Múnich Arena –5–3 sobre Francia en el desempate por penales, con Zidane expulsado y tras 120 minutos sin que se rompiera el 1–1–, un juzgado resolvía traspasar al Inter el último título de liga, conseguido por la Juventus, al comprobar graves irregularidades que configuraban delitos de carácter penal. Resulta que la directiva de la cebra turinesa, y más concretamente el signore Luciano Moggi, llevaba varias temporadas manipulando arbitrajes, corrompiendo dirigentes de la federación y, en palabras del fiscal a cargo de una investigación, ensuciando el futbol con “un comportamiento típicamente mafioso”. Dichos enjuagues –que incluían a cronistas deportivos comprados y sospechosas expulsiones de jugadores clave de equipos próximos a contender con la vecchia signora– revelaron además la complicidad de otros clubes de varias maneras beneficiados, entre ellos el no menos suntuoso Milán. De modo que la resolución de los tribunales del estado fue contundente: a la Juve no solamente se le retiró su enésimo título de campeón, correspondiente a la temporada 2005–2006, sino se le envió a Segunda División, con una penalización adicional de –9 puntos a contabilizar en el siguiente torneo de ascenso. Y al diábolo milanés de uniforme rojinegro lo mantuvo en Primera, pero con un déficit de 15 puntos, pagaderos en la siguiente liga.

La Juve –que tuvo que vender a gran parte del plantel “campeón”, pero no a Buffon, Nedved y Del Piero, que “resistieron” en Segunda– logró en un año el ascenso. Pero el calcio había quedado malherido a los ojos de su apasionada afición: ahora es un simple entretenimiento marcado por la corrupción, no una competencia medianamente creíble.

Ya veremos, la semana entrante, en qué consistía la trama Moggi, para que decida usted si tienen o no razón los tiffosi al retirar gran parte de su multitudinario apoyo al calcio profesional del gran país itálico.

Prevaleció la lógica

Por lo demás, al sorteo del 1 de diciembre en Moscú llegarán los representes de los países que habían sido marcados de antemano como probables calificados para Rusia 2018. La Confederación africana, que fue la última en dirimir a sus selecciones vencedoras de la ronda clasificatoria, incorporó finalmente a Egipto, Senegal, Marruecos, Túnez y Nigeria. Que, para celebrar su calificación, se dio un gustazo a costa de Argentina –una Argentina sin Messi–, al volver de un 0–2 adverso para zamparse a los ches de cuatro bocados y dejarlos de nuevo en el limbo al que tanto apego han demostrado en los últimos años. Argentina –con Messi– venía de disponer de los rusos el sábado anterior, en San Petersburgo, con agónico gol del “Kun” Agüero. Pero el martes en Nigeria fue un coladero, del que participó el americanista Agustín Marchesín, en mala hora convocado. A mayor abundamiento, Agüero sufrió un desmayo al final y Mascherano regresó lesionado a Barcelona.

En Europa, descontado el fracaso italiano ante Suecia (0–1 y 0–0), llamó la atención la goleada de Dinamarca en Dublín (1–5, con tres de un desatado Eriksen) porque en Copenhague habían terminado en ceros; el martes, incluso, abrió marcador el local, pero de bien poco le serviría, dada la aplastante superioridad danesa. Era la llave que estaba pendiente, luego de las calificaciones de Croacia y Suiza el domingo anterior.

En cuanto a los duelos intercontinentales, lamentable pero no inesperada la derrota de Honduras en Sidney; el partido –tan físico, deshilvanado y opaco como se temía–, lo dominó una Australia escasa de luces pero bastante mejor que su acomplejado adversario. Dos penales, inobjetablemente marcados por el árbitro argentino, y muy bien lanzados ambos, facilitaron el triplete de Jedinak, un mediocampista barbado y corajudo que se erigió en héroe del partido, cuyo 3–1 final deshacía el 00 de San Pedro Sula. El último boleto a Moscú lo selló Perú a expensas de la débil Nueva Zelanda (2–0 en Lima, tras otro 0–0 en la ida). Aunque sea Paolo Guerrero su única gran figura actual, tiene mérito la remontada encabezada desde el banco por Ricardo Gareca, uno de los tres DT argentinos que calificaron a sus equipos para el mundial ruso (los otros son Pekerman con Colombia y Sampietro con la albiceleste).

Perú faltaba a los mundiales desde 1982, en España. En el partido de Lima tuvieron destacada actuación Luis Advíncula y Pedro Aquino, jugadores ambos de Lobos BUAP.