Lo que se juega en las elecciones

La política no se comporta como la naturaleza. La ley de la gravedad poco tiene que ver con la política. En la política se enfrentan las clases sociales que aspiran, unas, a mantener o ampliar sus espacios de poder e influencia; otras, a cambiar el régimen económico y social. A fines del siglo pasado, y principios del actual, América Latina experimentó el crecimiento de la lucha de clases, las masas populares, como en pocos momentos, se incorporaron a la actividad política lo que dio como resultado la formación de gobiernos, con programas alejados del neoliberalismo, que llegaron a gobernar con el apoyo popular. Estos gobiernos formularon programas de gobierno que respondían a las demandas de los pueblos; sin embargo, carecían de la capacidad para enfrentar la resistencia de la oligarquía interna y el bloqueo y sabotaje estadounidense.

Más tarde, se inició una poderosa ofensiva conservadora que, en 2007, dio su primer aviso en Honduras con el golpe militar que destituyó de la presidencia a Mel Zelaya; el segundo aviso, fue la destitución parlamentaria, en 2012, del presidente Fernando Lugo en Paraguay. Esta ofensiva, adquirió en México la forma de fraudes electorales (2006 y 2012); en Brasil, otro golpe parlamentario destituyó a Dilma Rousseff y luego ocurrió el retroceso que llevó a la presidencia de Argentina a Mauricio Macri y a Sebastián Piñeira a la de Chile. De esta manera, desde el triunfo histórico en la cumbre de presidentes en Mar del Plata, Argentina, en 2005, cuando se rechazó el ALCA que proponía Estados Unidos, hasta la reunión en Lima en abril de este año, el escenario es totalmente distinto. De los gobiernos protagonistas del “giro a la izquierda” en América Latina, apenas si sobreviven, gracias al apoyo popular, los de Venezuela y Bolivia, el primero amenazado con una intervención militar estadounidense y, en el caso de Bolivia, el Comando Sur estudia la estrategia para derrocar al gobierno de Evo Morales.

Este es el entorno internacional en el cual se desarrolla el proceso electoral en México, donde el neoliberalismo se ha fortalecido con las reformas impuestas por el gobierno de Enrique Peña Nieto y apoyadas por los partidos agrupados en la coalición “Por México al Frente”. Esto tiene un significado: al poder real –la oligarquía que, con el neoliberalismo, se apoderó de los sectores más prósperos de la economía y quiere seguir haciéndolo con los que restan–, le da lo mismo que gane Ricardo Anaya que José Antonio Meade o Margarita Zavala, todos representan lo mismo en términos de continuidad del proyecto neoliberal. De ahí que la disputa entre ellos sea por el segundo lugar, que, en mayo o junio, se convertiría en el imán para atraer el voto conservador y enfrentar, uno sólo de entre ellos, a López Obrador. Pronto sabremos quién será el candidato de la derecha que intente frenar la insurgencia ciudadana que se gesta en todo el país y que, en julio puede iniciar el cambio de rumbo del país, incluso de Latinoamérica.