Lo que oculta el tapadismo

De cara a las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador parece adquirir creciente consenso, aunque a muchos decepcionen las amnistías adelantadas o que su partido proponga candidaturas impresentables. Lo cierto es que, desde hace tiempo, las derechas agrupadas en torno al PRI (el Verde) y al PAN (PRD y Movimiento Ciudadano), se han preocupado por detener el ascenso de López Obrador y se alían, se coaligan o forman Frentes que de ciudadanos sólo tienen el nombre, pues son acuerdos cupulares en los cuales poco o nada tienen que ver los ciudadanos.

Respecto de la candidatura a la presidencia de la República, el PRI resolvió el problema igual que en 2000. Esa vez, cedió la presidencia a un candidato que decía no ser priísta, aunque luego demostró serlo hasta la ignominia. En esa misma dirección, hoy le ceden la candidatura a quien afirma de manera insistente no ser del PRI y, con ello, el PRI pretende lavarse la cara; sin embargo, José Antonio Meade es candidato priista como, sin ninguna objeción de conciencia, podría serlo del PAN, pues las diferencias entre ambos partidos son cada vez menos, lo cual hace que sus propuestas, económicas sobre todo, sean semejantes y si, alguna vez, unos acusaban a otros de corruptos, hoy hacerlo significa escupir hacia arriba. En realidad, los setenta años de gobiernos priistas se prolongaron otros 12 bajo las siglas del PAN y si Felipe Calderón inició una campaña bélica improvisada y torpe para combatir el narcotráfico, esa estrategia la ha mantenido Peña Nieto sin cambio alguno, como no sea elevar el número de víctimas que hicieron  de este el año más violento de las últimas dos décadas.

Pero ¿quién decide la estrategia? Decir que el presidente es ingenuo o mala fe. En realidad, el ritual del tapadismo, acompañado de un suspenso más cercano a Juan Orol que a Alfred Hitchcock, pretende decirnos que el presidente designa, antes, a su sucesor, ahora, a un candidato, ocultando, así, a los electores reales, a los dueños del dinero, esa oligarquía encabezada por 10 multimillonarios que concentran la mayor parte de la riqueza nacional. Según la revista Forbes, esa decena de empresarios, cuyos intereses van de las telecomunicaciones a la minería y el comercio, tienen una fortuna de aproximadamente 132 mil 900 millones de dólares, esto es, alrededor de 2.4 billones de pesos; en cambio, la mitad de los hogares mexicanos, desde los que tienen el menor ingreso hasta los que se encuentran en la parte media, cuentan con un ingreso trimestral de 258 mil millones de pesos, equivalentes a un billón 32 mil millones al año, esto es, 15.7 millones de hogares, tienen un ingreso anual equivalente a 55 por ciento de la fortuna de los 10 capitalistas más acaudalados del país.


El listado más reciente de los electores reales que el tapadismo oculta, es la siguiente: Carlos Slim (Grupo Carso); José Antonio Fernández (Femsa); Alberto Bailléres (Peñoles); Armando Garza (Grupo Alfa); Germán Larrea (Grupo México); Daniel Servitje (Bimbo); Rogelio Zambrano (Cemex); Ricardo Salinas (TV–Azteca); Ricardo Martín Bringas (Soriana) y Emilio Azcárraga (Televisa).

Ellos son los verdaderos electores que el tapadismo pretende ocultar.