Llegó a su fin la hegemonía morenovallista; su poder ha sido acotado desde el PAN

Varias lecturas políticas dejará la postal de ayer en que se vieron sentados en la misma mesa, por primera vez, al actual mandatario estatal Antonio Gali Fayad, a Martha Erika Alonso y Eduardo Rivera Pérez. Más allá de las diferentes interpretaciones, lo que queda claro, es que este jueves se dejó una evidencia clara de que llegó a su fin la hegemonía morenovallista en Puebla y en particular en el PAN. El poder del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas ha quedado acotado y fragmentado.

Luego de siete años de dominio, queda claro que aunque tenga un resultado muy favorable el PAN en la elección del próximo 1 de julio, el grupo político de Rafael Moreno Valle Rosas por primera vez –desde el año 2011– ya no tendrá el control de la alcaldía de Puebla, de las senadurías, de la mayoría de las diputaciones federales y de todas las alcaldías.

En el mejor esquema que puede alcanzar Moreno Valle, es que su esposa Martha Erika Alonso gane la gubernatura y su grupo pueda tener una mayoría en el Congreso local, que es vital para tapar los actos de corrupción del morenovallismo, pero ya no será el control absoluto del poder político, tal como lo hubo en el último septenio.


Todo esto fue posible por dos factores:

Primero: en septiembre del año pasado, una serie de encuestas que llegaron al escritorio de Ricardo Anaya Cortés, en ese entonces en su calidad de presidente nacional del PAN, registraban un grave desgaste en el electorado de la figura de Rafael Moreno Valle Rosas y de su grupo político.

Por tanto se llegó a la conclusión que Martha Erika Alonso es una fuerte aspirante a ser la próxima titular del Poder Ejecutivo, pero con muy altos niveles de aspectos negativos, que hacen correr al Partido Acción Nacional de un riesgo latente de perder frente a Morena.

Segundo: Ricardo Anaya siempre ha sabido que Rafael Moreno Valle es parte de los intereses políticos y económicos del grupo del presidente Enrique Peña Nieto, es decir, del llamado Grupo Atlacomulco. Por tanto se debe esperar del ex gobernador de Puebla una traición hacia el PAN.

Con esos dos factores, Anaya decidió dejar hasta el último una negociación político–electoral con Moreno Valle, bajo el entendido de que debía haber tres condiciones:

Acotar el poder de Rafael Moreno Valle, pero evitar que todo su aparato político–electoral lo utilice para favorecer al PRI y traicionar al PAN.

Que se tenía que crear un contrapeso al morenovallismo desde adentro del PAN, con los panistas que habían sido perseguidos por el ex mandatario, encabezados por el ex edil Eduardo Rivera, el legislador Juan Pablo Piña, el ex dirigente panista Rafael Micalco, entre otros.

Y que es necesario cohesionar al PAN, para que el partido pueda ser competitivo, sobre todo en lo relativo a la contienda por la presidencia de la República.

De tal forma, que Ricardo Anaya logró arrinconar a Moreno Valle a negociar y aceptar compartir el poder con otras facciones del PAN.

En el entendido que de Eduardo Rivera será el candidato panista a la alcaldía de Puebla, se perfila un escenario en el cual habrá solo dos opciones: esta vital posición política se le acabará quedando al panista poblano más odiado, hoy en día, por el morenovallismo o a la oposición política, como Morena.

Este acotamiento del morenovallismo es un primer intento de Ricardo Anaya de tener a Moreno Valle de aliado, pero con las manos semiatadas.

Aún hay mucho escepticismo, pues muchos creen que el esquema planteado dentro de la facción del ex gobernador será el siguiente:

En la siguiente votación, los morenovallistas saldrán a movilizar a los electores a favor de José Antonio Meade Kuribreña, el candidato presidencial del PRI, a buscar el triunfo de Martha Erika Alonso en la gubernatura y a humillar a Eduardo Rivera Pérez, haciéndolo perder en la lucha por la alcaldía de Puebla.

La anterior definición la parafraseó en sus redes sociales el colega Adolfo Flores Fragoso desde Nueva York y no se equivoca: es un escenario factible, del que seguramente tiene conocimiento Ricardo Anaya y buscará que no se reproduzca tal cual.

Más allá de esa condición, el poder político de Moreno Valle ha empezado a disminuir, por el bien de Puebla.




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