El linchamiento en Tetela, porque no se atendieron denuncias contra Los Rojos

Linchamiento en Tetela, porque no se atendieron denuncias contra Los Rojos, que cobraban derecho de piso a transportistas y oficiantes de otros giros.

Habitantes del municipio poblano de Tochimilco, que son vecinos del morelense de Tetela del Volcán, aseguraron que Ricardo Alonso Lozano, el colombiano linchado el pasado martes, era un extorsionador del cártel de Los Rojos que cobraba derecho de piso a transportistas y oficiantes de otros giros.

Con la condición de que sus nombres no fueran revelados en esta nota por temor a represalias, las fuentes agregaron que el asesinato tumultuario fue resultado de la indiferencia con que las autoridades federales, de Morelos y Puebla respondieron a sus llamados de auxilio, todas las veces que denunciaron el asolamiento que padecían a manos de dicha organización del crimen organizado oriunda de Guerrero.

Relataron que ante la nula respuesta de las autoridades que tienen la obligación de protegerlos, los pobladores de 11 comunidades de Los Altos de Morelos –como Tlacotepec, Tetela del Volcán, Ocuituco y Yecapixtla– y dos de Puebla –Santa Cruz Cuautomatitla y San Miguel Tecuanipa, pertenecientes a Tochimilco, ubicados en la región del volcán Popocatépetl– decidieron movilizarse para exigir seguridad.


Fue así que el 23 de julio pasado, representantes de 13 pueblos protestaron durante siete horas en Cuautla, la capital morelense, y retuvieron a un par de funcionarios del gobierno estatal que encabeza el perredista Graco Ramírez, pero ni así fueron escuchados. Los medios locales calificaron la movilización como “un sitio” (sic).

Cansados del maltrato gubernamental, el lunes pasado en Hueyapan, durante una asamblea, las comunidades de Los Altos de Morelos y Tochimilco, Puebla, determinaron instaurar un sistema comunitario de seguridad para protegerse del sanguinario cártel. Al día siguiente, el colombiano Ricardo Alonso Lozano, acompañado de dos cómplices que lograron escapar, fue sorprendido extorsionando en Tlacotepec y huyó rumbo a Tetela del Volcán, en donde la gente ya lo esperaba, porque habían sido alertados por sus vecinos.

Alonso Lozano fue detenido por la Policía Municipal, pero para ese momento ya se había formado una turba que fácilmente rebasó a los uniformados y les arrebató al colombiano.

La nota informativa de La Jornada, relató los hechos así: “Alonso Lozano fue interceptado y llevado a la plaza central de Tetela del Volcán, donde fue amarrado, golpeado y asfixiado, según medios locales.

“Las familias que viven cerca del zócalo de Tetela del Volcán narraron que la golpiza duró casi dos horas, que ellos pidieron auxilio al gobierno del estado, pero nunca llegaron policías para dispersar a los enojados pobladores, quienes no permitieron que los representantes de los medios de comunicación se acercaran.

“A lo lejos, porque tampoco dejaron que observara gente que no participó en la golpiza, señalaron los comerciantes de establecimientos cercanos a la explanada municipal, los golpes y patadas se escuchaban ‘fuertes, secos, contra el hombre de color al que le daban cientos de personas’.

“Entre la turba y el griterío se alcanzaban a escuchar los gritos, quejidos y lamentos que lanzó el hombre antes de fallecer (a las 13 horas del martes).

“El colombiano (de unos dos metros de altura), supuesto extorsionador, quedó tendido en la explanada con dos letreros: ‘Graco, aquí están los resultados de gobierno. (Atentamente) los pueblos de los Altos de Morelos, y ‘Esto les pasa a las personas extorsionadoras en Tetela del Volcán’, decían.

“Los que participaron en la golpiza estuvieron observándolo como unas tres horas y después lo entregaron a la Fiscalía General del Estado para que fuera trasladado a Cuautla.

Todo lo que hicieron los pobladores de Tetela del Volcán fue observado por policías del gobierno del estado, pero no intervinieron y no pidieron refuerzos.

En el tiempo que duraron los hechos, los elementos policiacos de la capital no alcanzaban a llegar, pues Tetela del Volcán está a unos 100 kilómetros y a dos horas en automóvil desde Cuernavaca.

Antes de que levantaran el cuerpo, algunas señoras llegaron corriendo a ver sí habían matado al colombiano, algunas respiraban aliviadas argumentado que sus hijos no crecerían en la inseguridad y la violencia, porque para ella ese hombre, y sus compañeros que huyeron, representan la inseguridad y la violencia en sus pueblos.

“Otras dijeron que el hombre se dedicaba a prestarles dinero a familias, aunque después cobraba réditos impagables; pero que ‘no tenían que matarlo’. Fueron casi todos los estaban en la plaza los que participaron en la golpiza contra el extranjero; pero dejaron claro a las personas de la FGE que se llevaran el cuerpo (alrededor de las 16:30 del martes) que nadie ‘era responsable en lo particular; fue el pueblo, todos, pero ninguno como tal’, resumió un señor como de 60 años de edad con los ojos todavía desorbitados por el enojo que sentía contra el que supuestamente les cobraba piso.