Legumbres en 2016

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante su 68 periodo de sesiones (A/RES/ 68/231), pronunció que el año 2016 que está comenzando, fuese considerado el Año Internacional de la Legumbres, siendo aprobada esta propuesta desde el año 2013. Antes de plantear las razones que justifican esta acción, siento necesario explicar qué son precisamente estos elementos nutritivos a los que se refiere la ONU y el por qué esto tiene una trascendencia especial.

Las legumbres son plantas cultivadas que producen alrededor de uno o 12 semillas o granos dentro de una vaina, cuya función principal es la de servir como alimento, pero la palabra legumbre se refiere al grano seco; lo que nos lleva a excluir de esta definición a las cosechas de alimentos con semillas verdes o frescas, tomando entonces el denominativo de hortalizas.

Los seres humanos consideramos como legumbres básicas en nuestra alimentación a las lentejas, los garbanzos, los frijoles o los chícharos (aunque estos últimos, los comemos verdes), dentro de algunos otros. Constituyen elementos imprescindibles que forman parte de la canasta básica de alimentos.


Representan una fuente indispensable de aminoácidos, que se pueden considerar los ladrillos que van a dar lugar a la construcción orgánica de las proteínas. La cantidad de grasa que aportan es la mínima necesaria. Contienen hidratos de carbono que son los elementos con el que nuestro organismo genera energía; brindan una importante cantidad de fibra que regula el movimiento de nuestros intestinos; ofrecen hierro, vitaminas comprendidas dentro del grupo denominado Complejo B (Vitamina B1 o Tiamina; B2 o Rivoflavina; B3 o Niacina; B5 o Ácido Pantoténico; B6 o Piridoxina; B7 o Biotina; B9 o Ácido Fólico; B12 o Cobalamina y Colina) que tienen un impacto fundamental en todo el organismo, aunque podemos resaltar sus efectos benéficos en el cerebro, la visión, la prevención de la anemia, el apoyo en el sistema inmunológico, la restauración de tejidos, la buena apariencia de la piel, el pelo y las uñas. Contribuyen a mejorar la circulación, ayudan al correcto metabolismo de las grasas, previenen las piedras en riñones y hacen que el corazón funcione mejor.

Tienen calcio, hierro, zinc y magnesio, que son elementos fundamentales para la vida. Su consumo cotidiano permite combatir la obesidad y representan un auxiliar invaluable para mantener en equilibrio los niveles de azúcar en la sangre. Ya está demostrado que pueden tener un efecto protector contra enfermedades crónicas y degeneraticas como el cáncer y la enfermedad del corazón que culminan en su punto de mayor gravedad con los infartos.

Carecen de algunos aminoácidos que son esenciales en la alimentación humana (metionina, cisteína y triptófano); sin embargo, esto se puede suplir con el consumo de cereales teniendo una combinación suficiente para que elaboremos naturalmente las proteínas.

No solamente nos permiten vivir, sino que su efecto sobre la tierra de cultivo es fascinante. Fijan el Nitrógeno en el suelo, incrementando la fertilidad de la tierra sin alterar la biología natural ni el medio ambiente.

Todavía se podrían mencionar muchas cualidades de estas plantas que utilizamos para alimentaros; pero el que este sea un año dedicado a las legumbres, debe fomentar su consumo y alentar distintos vínculos que constituyan una verdadera cadena alimentaria enfocada a mejorar nuestro perfil nutricional a nivel internacional.

Por último, por el hecho de que se encuentren secas, pueden almacenarse por periodos prolongados sin que se alteren sus propiedades químicas ni físicas.

Ricas en muchos nutrientes, no solamente contribuyen a que podamos aspirar a cuidar nuestra salud, sino también la del medio ambiente. Por esta y otras razones, el merecimiento de ser las protagonistas de todo este año, no solamente está justificado sino incluso, definitivamente es más que merecido.

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