Las sutilezas del fraude electoral

En la medida que nos acercamos al 1 de julio quienes estamos convencidos de sufragar, crece la preocupación de que los resultados finales expresen la verdadera voluntad ciudadana. No lo decimos sin pruebas, en 2006 y 2012, así como en múltiples elecciones locales, se ha despojado a la ciudadanía de triunfos legítimos, para lo cual se ha cooptado a los organismos encargados de “dar certeza” sobre los resultados electorales, por eso poco confiables.

Pero, ¿quiénes son los embaucadores? Son los destructores de instituciones y del Estado para trasladar bienes públicos al sector privado y convierten al gobierno en instrumento para hacer negocios privados con fondos públicos; son los tecnócratas incrustados en el gobierno de Peña Nieto, sometidos a los designios de políticas del imperialismo norteamericano.

Ese estilo de saquear, esa sutil forma de mentir para hacernos creer que quienes están en el poder hacen lo correcto y no pueden ser más que ellos quienes gobiernen, han logrado hacer que los corderos voten por sus lobos y han hecho de Atlacomulco, una metáfora que expresa un estilo y forma del engaño del poder absoluto, corrompido absolutamente, además de ir conformando una generación de políticos presentados al inicio de su administración por Peña Nieto como la muestra de lo que era “el nuevo PRI” y que hoy purgan procesos o son indiciados por delincuencia organizada, como es el caso de  Javier y César Duarte, Roberto Borge, Rubén Medina, Rubén Moreira, Rodrigo Medina y muchos más. Todos ellos expertos en triangulación de fondos ilícitos, desviación de recursos públicos; entrega de obras públicas sin licitación; creación de empresas fantasma; “estafas maestras”; sobornos de Odebrecht (Lozoya, no te escondas…) y, así, hasta la compra del voto que va de 200 a 5 mil devaluados pesos, actitud perversa que se sintetiza con una máxima: un pobre un voto en favor del generoso poder.


La maquinación del fraude, que algunos aseguran está en marcha, lleva consigo el debilitamiento de las instituciones electorales, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE); el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y el Instituto Nacional Electoral (INE), hoy emplazadas a lograr que la jornada electoral sea un ejercicio democrático que concluya expresando la voluntad popular expresada en las urnas.

El fraude electoral perpetrado en el estado de México, es un referente sobre la maquinación del fraude. La utilización de las delegaciones de la Sagarpa, Sedesol, Sedatu, Semarnat o Prospera, principalmente, para operar la compra del voto, se les incrementa de manera “bondadosa” el presupuesto para asignarlo a obras jamás construidas, reforestaciones fingidas, apoyos selectivo y excluyentes a los campesinos, obsequio de tinacos, cemento, despensas, acciones que pueden observarse, sobre todo, en aquellas zonas marginadas que se tienen controladas electoralmente y son reservorios de votos para el PRI y el PAN, que han perfeccionado la comprar “sutil del voto”. Pero esta vez, ni así…