Las fototecas deben regirse con el binomio preservar y difundir: Juan Carlos Valdés

Ya sean públicas o privadas, las instituciones que ostenten colecciones fotográficas deben regirse bajo un binomio: la preservación y la difusión, todo ello en bien de la colectividad, afirmó Juan Carlos Valdés Marín, director del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo), del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Al abrir el ciclo de conferencias realizadas por el Archivo Histórico Universitario de la UAP en el marco de la exposición Linterna mágica: reproducciones fotográficas, el también director de la Fototeca Nacional en Pachuca mencionó que los coleccionistas y poseedores de este tipo de acervos deben “entender que una fototeca no es un repositorio para elegidos, sino un lugar al que todos tienen derecho de acceder”.

Lo anterior, agregó, como parte de su conferencia Imagen y memoria. La importancia de las colecciones fotográficas, por una fuerte y sencilla razón: porque la fotografía es un documento de la memoria de una sociedad.


“La fotografía es un bien cultural colectivo, si bien existe un desapego hacia este medio de creación, es claro que ayuda en la pérdida de la memoria. Lo nuestro, el trabajo de las fototecas, tiene que ir en pro de la memoria analógica y de la mano de las herramientas digitales si es que se quiere conservar ese patrimonio visual”, expuso el funcionario federal.

Agregó que México es un país que destaca por la labor institucional hecha hacia el patrimonio fotográfico, y su trabajo ha sido retomado por archivos no oficiales y particulares. Lo que hace falta, expuso Valdés Marín, es formar cuadros técnicos y profesionales en este tipo de recintos, que sean capaces de atender los acervos fotográficos y crear estrategias de difusión. Pese a ser clara esa necesidad, acotó que no es común que las instituciones contemplen estos dos asuntos.

Uno de los problemas más fuertes y constantes en México, mencionó además, es la falta de programas en los que existan objetivos y planes de trabajo a corto y largo plazo, pues la mayoría de las fototecas y/o colecciones están enfocados al día a día. “Los modelos que se plantean están enfocados a las generalidades, descuidando las particularidades de la disciplina: su desarrollo, sus técnicas, sus soportes y sus tecnologías que suelen ser regionales y, según sea el caso, particulares”, señaló el director del Sinafo.

¿Por qué es importante resguardar este tipo de acervos?, preguntó Juan Carlos Valdés para responder, al mismo tiempo, que un archivo de este tipo posee imágenes que son vistas como documentos, los cuales propician una mirada histórica y de investigación sobre ellos.

No solo se trata, consideró, de fotografías viejas o antiguas, sino de “la memoria viva del devenir de una sociedad, de una cultura o nación enteras. “La fotografía es considerada como un documento que provoca una amplia diversidad de estudios: históricos, de divulgación y hasta de procesos creativos. No se trata sólo de una ilustración a o una estampa, sino que es más una fuente primaria de conocimiento”, afirmó el especialista, quien ha sido profesor invitado de diversas universidades en Iberoamérica.

En ese sentido, mencionó que si bien es a veces ignorado, desde su invención es evidente que la fotografía fue una fuente primaria de la reconstrucción de los hechos –ahora la historia y la memoria.

El fotógrafo de formación, dijo que es un “error concebir a los archivos como colecciones muertas”, y creer que “no se puede difundir sin conservar”. Aclaró que las tareas de las fototecas no es únicamente conservar los originales, pues este no debe ser leit motiv; así como no puede ser el difundir per se sin una correcta política de conservación, ya que si se trabaja así se descuida al acervo y se lleva a su deterioro.

Valdés Marín expuso que otro de los debates tiene que ver con el catalogar o investigar. La primera acción, explicó, tiene que ver con el registro ordenado de la información de cada pieza y de sus anexos. Mientras que el investigar, se refiere al ahondar sobre la imagen misma o sobre el acto al que se hace referencia. “Es así que los recintos dedicados a la disciplina deben buscar la integración de los dos especialistas: catalogadores que registren la información e investigadores que complementen los datos aparecidos”.