Las Desdichas de la Casa del Torno

En esta ocasión haremos un recorrido temporal por las vicisitudes que han marcado a la Casa del Torno, si esta casa que data del siglo XVII y que se ha catalogado como construcción civil de carácter patrimonial y está ubicada al final de la 6 oriente, lindando con la ribera del Río de San Francisco.

Para el siglo XVII a esa zona se le conocía como Rastros del Carnero, ya que para 1621 se destinaron dos manzanas para matadero, en sustitución del matadero que hasta 1599 se ubicaba en las calles de Calavera y Libertad. Según Bermúdez de Castro, los 18 rastros que existían en la ciudad para inicios del siglo XVIII, todos eran arrendados por el ayuntamiento a los carniceros.[1] Para finales del mismo siglo, las cuadras se registran como pobladas, por lo que al parecer los rastros cierran o cambian de lugar.

En las Ordenanzas de Flon de 1796, a ésta se le cita como Calle de Guzmán. Para 1817 se escribe “Calle de Guzmán que es entre la Plazuela de San Francisco (la explanada del Teatro Principal) y el Parián”, delimitada por el río, al Norte por la Plazuela del Factor.[2] Desde 1822 se le conoció como Calle de Ortiz , definiendo el contenido con la casa que da al sur, la calle que va del Coliseo al Parean y al Oriente le linda la ribera. Ya se ubicaba ahí una casas situada al final de la 6 oriente, sobre la 8 norte, desde la 2 y hasta la 8 oriente.


A inicios del siglo xix el Arq. Antonio de Santamaría Incháurrigui proyectó ahí la construcción de un mercado, pero nunca se construye, lo que sí se plantea desde la construcción del Parián (1801) es que se destine el lado oriente se esta plazuela a la venta de ropa usada, proyecto que si contó con autorización, por lo que ya se lee en el padrón de 1832 que en esta manzana denominada como el Parián de los Tornos, el ayuntamiento mandó a fabricar 18 cajones, con lo que se cierra la avenida 6 oriente justo en las inmediaciones del río. Para cuando Leight escribe Las Calles de Puebla, los números originales de dichos cajones aún se podían leer en los actuales: del 28 al 45, por lo que se le conocía como el Parián Chico, de tal manera que para la segunda mitad del siglo XIX se le conocía a este como Baratillo y el primero en construirse como Parián.

Fueron los vecinos de la calle Tepetlapa y comerciantes del Parián quienes solicitaron al ayuntamiento la instalación de una fuente pública junto al Puente del Torno, pues a pesar de estar ubicados a la vera del río, había escasez de agua en el vecindario.

Sin embargo, la denominación de Los Tornos sigue teniendo mucho peso, ya que antiguamente había tornos de hilar, tratándose posiblemente de lana, de las fábricas de Francisco Puig, en las proximidades. Y así, como Calle de los Tornos se le denominó a esta cuadra desde 1869, según los planos de la época, pero también hay documentos y mapas donde se le cita como Calle y Plazuela del Factor.[3] En las cuadras aledañas del Parián de los Tornos se asentaba casi toda la población de hilanderas de la ciudad, de los 33 tornos que entonces había.

La Casa de los Tornos y en general los cuartos habilitados en el lado oriente, delimitan el único patio abierto con que cuenta nuestro Centro Histórico, cajones que ahora son utilizados por los pintores y escultores del Barrio del Artista y que dotan de una singularidad cultural al espacio, ya que para 1941 el gobierno del estado encabezado por Gonzalo Bautista les dio el antiguo Parián de los Tornos. En 1951 se restauró y se les concedió la edificación restante dentro del mismo complejo.

Por otra parte, el 11 de diciembre de 1987 la Ciudad de Puebla recibe la denominación de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, debido a que su Centro Histórico, comprendido por casi 400 cuadras, conservaba aún arquitectura colonial en 2mil 619 unidades arquitectónicas; de éstas, una estuvo en franco riesgo hasta su destrucción total y es la Casa del Torno, que a partir de estos acontecimientos se hizo famosa y ahora todos lo poblanos la ubicamos perfectamente. Y es que al inicio de la administración de Moreno Valle, el gobernador decidió que ahí había de anclarse la estación final de un teleférico que conectara al Cerro de Loreto y Guadalupe con el Centro Histórico de la ciudad. Fue gracias a la pertinente, legal e insistente intervención del Comité Defensor del Patrimonio Cultural Poblano y a la Fundación Manuel Toussaint, que se concede el amparo a la ciudadanía y se cancela el proyecto, no sin pasar por los más inconcebibles vericuetos que lo único que lograron fue delatar un alto índice de corrupción a diferentes niveles y escalas.

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Después de cancelar el proyecto que costaría más de 300 millones de pesos y de reubicar la terminal, tanto INAH como UNESCO pidieron la reconstrucción de la Casa del Torno, lo cual fue imposible como tal, ya que estaba construida por muros limosneros, con lo que ubicar cada piedra y ladrillo en su sitio original fue prácticamente imposible. Así que simplemente se construyeron unos nuevos muros para conformar una nueva casa. Así que con lo que contamos hoy es con un montaje escenográfico que emula lo que una vez hubo y que era patrimonio de acuerdo con la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos:

ARTICULO 36.- Por determinación de esta Ley son monumentos históricos:

I.-Los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos; arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive.

Como pauta final se llego a una acuerdo con la UNESCO para la reconstrucción y se les concedió dicha casa como oficinas para que este organismo internacional tuviera presencia en Puebla. A pesar de haberse terminado la construcción desde hace ya varios meses, no ha sido ocupado el inmueble por dicha institución defensora del patrimonio.

Para finalizar la cereza del pastel: No se a son de qué se le ha colocado un muñequito dorado que simula ser un pintor a escala natural. Desproporcionado y mal hecho. Mal conformado y mal estructurado. Desproporcionado en relación cabeza cuerpo, desproporcionado en sus extremidades, falto de estructura en estas y en los hombros. Desproporcionado en sus facciones faciales. Falto de estructura en sus manos y en su pose. Por si esto fuera poco, la representación es caricaturesca: usa boina que nadie utiliza y menos en estos nuestro cálidos climas. Ni siquiera sostiene bien la paleta. Se le ha colocado un enclenque caballete pintado de dorado sin lienzo alguno. Una idea mal concebida y peor resuelta.

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Como es de esperarse los vecinos escultores que hoy ocupan los cuartos que antes se utilizaban para mercar ropa, están indignados, pues aseguran que en nada se les consultó y que cualquiera de ellos podría haber resuelto con más éxito este muñequito.

¿Era necesario? ¿Cuál fue la intensión? ¿A qué responde? No tiene por qué saturarse el espacio público, pues ya hay árboles, jardineras, sombrillas, mesas, bancas y una hermosa fuente colonial ¿es imprescindible contaminar el espacio público? ¿es ineludible rebosarlo?

Es decir, toda esta disertación histórica es para tener elementos de revaloración de nuestros espacios y nuestras edificaciones, entender por qué son patrimoniales. Pero no se trata solamente de las piedras, sino de su contenido. Las piedras originales desaparecieron, el contenido de un espacio artístico permanece, pues es parte de su historia, del cambio del ramo textil al mercader y al artístico, aunque ahora pretendan ser oficinas burocráticas, aún no lo son, más bien la casa parece una galería de objetos antiguos. Se reconstruyó el edificio en un intento por reconstruir la historicidad… pero, esa no se reconstruye, no después de derruirla, sino que se registran todos esos cambios como parte del proceso mismo. Esto es lo que otorga verdadero valor al patrimonio, el valor que podemos aprehender los ciudadanos y vecinos.

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Colocar un muñequito después de tan dramática existencia de la Casa del Torno suena a broma de mal gusto. Mal gusto en todos los sentidos posibles, sobretodo en el visual.

Hago estas preguntas porque de sus respuestas se pueden dar alternativas. Es fácil quitar a este muñequito y colocar algo más significativo o no coloca nada.

 

[1] Carlos Bermúdez de Castro, Historia de Puebla, 1725, p. 31.

[2] Hugo Leicht, Las Calles de Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, 2006, p 452.

[3] Ibíd. P. 453.