Las coincidencias entre la reforma hacendaria propuesta por el sector privado, y la OCDE

En días pasados, el secretario ejecutivo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría, se pronunció por que el gobierno se financie a través de más impuestos al consumo (más IVA y generalizado), y por menos impuesto sobre la renta (ISR), señalando que eso es la tendencia mundial. Dijo que tal reforma hacendaria, junto a la revisión de los privilegios y exenciones fiscales, le daría capacidad financiera al gobierno para ayudar a los más pobres. Añadió que para disminuir las grandes desigualdades de ingreso, y para poder crecer, es necesario la reforma hacendaria, como abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) al sector privado.

En igual sentido, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) en su último Análisis Económico Ejecutivo, señala que la mejor estrategia de recaudación tributaria es el crecimiento, para lo cual propone la simplificación fiscal, así como el alza y generalización de los impuestos indirectos (IVA) y la reforma energética que proporcionaría mayor inversión y mayor producción, que se reflejará en mayor crecimiento y mayor recaudación. Se oponen a un aumento al impuesto sobre la renta (ISR) y se pronuncian porque éste baje y regrese a los niveles de 28 por ciento, así como por el aumento y generalización del IVA, por ser la tendencia mundial. Se oponen al gasto público deficitario por considerar que aumenta la deuda pública, la cual ejerce presiones sobre la salud financiera del gobierno y limita la disponibilidad crediticia al sector privado para su inversión.

Efectivamente la tendencia mundial es que los impuestos recaigan en los consumidores, y las empresas paguen menos impuestos, y dentro de esta tendencia está la venta de sectores estratégicos que venían siendo controlados por el sector público, y pasan ahora a ser adquiridos por los grandes inversionistas nacionales e internacionales. Lo que no señala la OCDE, ni el CEESP es que dentro de la tendencia mundial está la reducción del tamaño y participación del Estado en la economía, con la consecuente privatización de los servicios públicos (educación, salud, agua, etcétera), así como el menor crecimiento económico, altas tasas de desempleo y subempleo, caída de salarios y prestaciones laborales, gran concentración de la riqueza y del ingreso, mayor número de pobres, y la creciente delincuencia que se vive en el país, y en otros. La disciplina fiscal predominante no se ha traducido en mayores créditos al sector privado, pues tal política contrae el mercado interno y la capacidad de reembolso de la deuda. Los dueños del dinero son los ganadores de la política económica imperante, la cual responde a sus intereses, de ahí el porque pagan menos impuestos, eluden el pago de los mismos, reducen salarios y prestaciones laborales, se apropian de los sectores estratégicos, así como de los servicios públicos, y pasan a cobrar por ellos. Esta tendencia y realidad mundial es insostenible económica y políticamente, pues no se traduce en mayor crecimiento, ni en mayor estabilidad de los mercados, sino que aumenta la incertidumbre que frena la inversión. El menor crecimiento económico, el creciente desempleo, la mayor concentración de la riqueza y el mayor número de excluidos, están polarizando la lucha de clases que está llevando a la gente a las calles, lo que crea un clima político que compromete la permanencia de muchos gobiernos a nivel mundial, tal como se observa en España, Portugal, Grecia, entre otros.


No se puede tomar medidas de política en torno a la tendencia mundial. Ésta no es nada favorable. La política fiscal debe responder a las necesidades de empleo y crecimiento que reclaman las grandes mayorías, para lo cual el gobierno debe trabajar con gasto público deficitario, a favor del empleo y la producción nacional. Se debe incrementar impuestos al sector financiero, como a las grandes fortunas e ingresos, como política de redistribución del ingreso. El gobierno no requiere aumentar el IVA para financiarse, ni tampoco requiere de la inversión privada para desarrollar Pemex. Para financiar su gasto debe recuperar el control de la moneda, y canalizar el gasto a favor del crecimiento del empleo, de la productividad, de la capacidad productiva, y de la inversión en Pemex. El gasto público deficitario a favor de Petróleos Mexicanos y del sector productivo y del empleo, no sería inflacionario, dado que Pemex es generador y ahorrador de divisas, y el aumento de la producción agrícola y manufacturera, cubriría la mayor demanda generada por el gasto deficitario, evitando así presiones inflacionarias, como sobre importaciones. Es la pérdida del control sobre la moneda, lo que ha reducido el tamaño del Estado e incrementado la privatización de los sectores estratégicos, y de los servicios públicos e incrementado el número de pobres. Para que el gobierno recaude más, tiene que gastar más a favor del crecimiento productivo y del empleo, y así reactivar la economía, mejorar los ingresos de empresas e individuos, para poder recaudar más.