Las cabezas de cerdo del sistema

Las cabezas de cerdo arrojadas por fuerzas priistas durante las elecciones en el Estado de México no sólo expresan la acometida intimidatoria para los mexiquenses, sino el símbolo de las porquerías de un sistema falsamente democrático para elegir a los verdugos de la población en los puestos del estado opresor. Además expresa las caras de la bestia o maquinaria de poder que desde arriba ocupa y destruye territorios, vidas y hasta esperanzas de muchas y muchos mexicanos para mantener el dominio de los grandes dueños del dinero. Debiéramos verlas como las cabezas de la hidra capitalista a decapitar desde abajo y hasta las últimas consecuencias.

Mostramos cuatro de las cabezas que mejor resumen la situación en que se encuentra el país.

 


La cabeza de la explotación

Al capitalismo en crisis con una estrategia de explotación por todas las vías no le basta sólo una forma de explotar la fuerza de las y los trabajadores: Prolonga la jornada de trabajo sea con horas extras no pagadas como en las tiendas de supermercados, o en los cines o a las empleadas domésticas o en los hospitales y escuelas donde hay que doblar turnos para alcanzar un salario apenas adecuado al consumo de una familia.

Hacer más en menos tiempo, ser más “productivos” en la fábrica, en los servicios, en las plantaciones con una organización del trabajo que engaña con bonos de productividad y con tecnología que no solo acelera los ritmos de trabajo, sino el desgaste físico y mental, así como elimina puestos de trabajo haciendo crecer la carga de tareas para los que se mantienen empleados.

Por eso suma y combina con lo anterior, la expropiación de los fondos salariales, sea pagando menos salario del necesario, haciendo caer de un 40 % a poco menos de 20% del total del ingreso nacional lo que se paga en salarios e ingresos de los trabajadores del campo y de la ciudad. Por eso se expropia también el salario diferido, anulando prestaciones conquistadas por los trabajadores, recortado el gasto social y robando en las afores y las aseguradoras los fondos de ahorro para el retiro, que castigan con mayores comisiones. Por eso suben intereses a las deudas y se elevan las tarifas por servicios y mercancías que eran públicos: energía eléctrica, agua, predial, gasolina, etcétera.

Así crece la fábrica de pobres: Nadie puede sostenerse con decencia con menos de cuatro salarios mínimos pero ya son 7 de cada 10 mexicanos que viven en la pobreza por debajo de 3 salarios mínimos, y se sigue reduciendo a “la clase media jodida” que hasta 2008 obtenía un ingreso y un consumismo como para creerse “no explotada, no asalariada y mucho menos pobre”.

Esta explotación redoblada precariza las condiciones de trabajo y de vida, aumenta el desempleo y las deudas y arroja a millones de desempleados hacia la migración peligrosa, a la informalidad y a los servicios de la delincuencia del crimen organizado por el capitalismo y el estado.

 

Las cabezas del despojo y la depredación

 

Además del despojo de los derechos sociales de las y los asalariados está el despojo comercial o agrícola. Pero junto a ello se incrementan el despojo al territorio de las comunidades y pueblos, a los espacios de vida barriales por la llegada de megaproyectos de empresas mineras, energéticas, turísticas, de fraccionamientos, puertos, aeropuertos y muchas más aparentes modernizaciones del país que expropian tierra, agua, biodiversidad, alimentos e incluso culturas originarias y populares.

Arriesgan la vida quienes se quedan a resistir porque con las empresas llegan sus sicarios, paramilitares, militares o empresas de “seguridad” con mercenarios que amenazan o definitivamente atentan contra la población.

En los meses recientes son ejemplo los ataques en todo el país, pero esencialmente en Oaxaca, Chiapas, Estado de México y Puebla contra defensores de tierras o recursos para la vida comunitaria lucha contra mineras, eólicas, aeropuerto, en defensa del agua y los bosques.

No obstante, solo para ejemplificar ahí mismo: en la zona petrolera de Chiapas o en la del Soconusco; en la región del Istmo y en la Chinantla oaxaqueñas, en la sierra norte y el poniente poblano se resiste y triunfa en proyectos de defensa del territorio y sus recursos.

Igual se intenta la defensa en el Valle de México, al triunfar la lucha contra el tiradero de desechos en Atlapulco, o se combate metro a metro el paso de las empresas constructoras en la amplia región afectada por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México: Y en Morelos, Puebla y Tlaxcala se detiene con amparos jurídicos y con la resistencia comunitaria parte de las obras del gasoducto del Proyecto Integral Morelos y la ampliación de la carretera en Tepoztlan, que ya dañó una gran zona forestal y de flora endémica por esa cabeza depredadora del sistema capitalista.

La lucha se da en todo el país, pero es desigual aunque no imposible de ganar batallas: por ejemplo el veneno que afecta los ríos de Sonora, los de Veracruz o las comunidades mineras de Zacatecas o Coahuila se quedará por generaciones afectando la vida humana y la vida toda en esas regiones, pero lo que ahí parece sólo una denuncia pública o un proceso jurídico de las poblaciones afectadas puede como lo hacen los pueblos Wixárika y Rarámuri en Jalisco, Nayarit y Chihuahua demuestra que solo la organización y el autogobierno defienden el territorio y la vida.

 

La cabeza sangrienta de las violencias y la guerra

 

Los casi 200 mil asesinados en la larga guerra “a las drogas y a la delincuencia”, los más de 200 mil desplazados, los 32 mil desaparecidos, los feminicidios crecientes, la persecución y asesinato de periodistas, la trata de personas, el tráfico de migrantes, el comercio de órganos humanos son la cara atroz del cerdo del sistema sobre la sociedad en su conjunto. Esta cabeza sirve para reordenar el mercado del narco y el crimen bajo la estrategia del gobierno estadunidense, obedecida por el estado mexicano, además apoya el flujo de capitales lavados por los bancos transnacionales, y abre o “limpia” territorios a los megaproyectos. La venta de armas, servicios de seguridad e inteligencia para los inversores y para sostener el terror de estado es el otro gran negocio en esta situación.

Pero ahí no acaba la tarea de la cabeza violentísima del sistema: en las zonas rurales indígenas y mestizas, el ciclo creciente de masacres, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones de luchadores sociales en la resistencia a este sistema son la tenaza que aprieta la guerra contra los pueblos. Y la misma crece en los barrios y núcleos de lucha urbana del pueblo trabajador. La militarización y paramilitarización son los medios y la forma de gobernar del Estado. El residuo de enorme descontento lo enfrentan con la cooptación de dirigentes, la entrega de migajas con programas miserables para engañar a los pobres y comprar su voto, así como la creación de organizaciones que dividan y controlen a las comunidades como lo hacen Antorcha Campesina o como se denuncia en Zaachila, Oaxaca a grupos como el FPR 14 de junio que extorsiona como lo hacen los sicarios.

En este frente, más allá de las luchas conocidas de las bases zapatistas en sus comunidades, también en zonas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Puebla, Veracruz, Morelos, Jalisco, Querétaro e Hidalgo se han organizado policías comunitarias, rondas de seguridad, guardianes de los territorios, grupos de autodefensa y de justicia propias de los pueblos y de barrios en los pueblos grandes y ciudades. Es un esfuerzo defensivo que sólo no es efectivo ni de larga duración, por lo cual se construyen más proyectos económicos, de salud, de educación, cultura y comunicación que desalienten el reclutamiento de poblaciones al crimen organizado que den fuerza moral contra la dependencia o servicio a los megaproyectos y las clientelas de los partidos del sistema.

El Congreso Nacional Indígena (CNI) y su Concejo Indígena de Gobierno son una de las muestras de la organización que se está tejiendo en el país con respuestas para estas y otras cabezas del sistema. Pero no basta y por ello, sus promotores, concejales y su vocera y candidata, la nahua Mari Chuy, llaman a unir más fuerzas en un contrataque a la bestia capitalista.

Desmontar esas y otras cabezas de cerdo del sistema sólo puede ser obra de la organización de comunidades y organizaciones indígenas, maestros, obreros, trabajadoras de salud, barrios populares, colectivos de jóvenes, mujeres, artistas y medios, todas y todos identificando al capitalismo (con su estrategia imperialista, y al patriarcado, al racismo y a la depredación como sus caras) como el enemigo de la vida libre, justa y digna de nuestros pueblos.

Preparados, organizados y coordinados podemos gobernarnos y quitarle la iniciativa a los de arriba.

Escrito del colectivo de El Zenzontle publicado en la revista Comunera, número 22 de junio de 2017, medio de la Casa de los Pueblos-México

 

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