Las Abuelas de Septiembre

Se han movilizado incansablemente desde el sismo del 7 de septiembre con epicentro en Oaxaca y Chiapas para enviar ayuda a damnificados. Con el posterior sismo del 19 de septiembre que afectó a Puebla, Ciudad de México, Morelos, estado de México y Tlaxcala, le metieron más galleta para llevar apoyo todavía a más damnificados, y a la fecha no cesan.

Los primeros dos envíos de las Abuelas de Septiembre desde Puebla, fueron en camionetas urban, atiborradas de víveres, ropa, cobertores, pañales, toallas sanitarias, medicamentos y material de curación, para Juchitán, Oaxaca donde la amistad con la doctora Celenia, oriunda del lugar, las motivó a organizarse, recolectar víveres, conseguir transporte y chofer y enviarlos; mientras que allá, la doctora y su familia, organizaron un comedor comunitario para alimentar a los afectados.

Llegaban noticias: “La gente se quedó sin nada; duermen en la calle; está lloviendo; unidos tratan de resguardar lo poco que les queda de lo poco que tenían: vivales no desperdician oportunidad y les roban con pistola en mano”. Urgía todo y ellas empezaron a añadir lo requerido: lonas para resguardarlos del clima y ubicarlas fuera de sus casas como albergues temporales poder proteger lo que aún tenían. Consiguieron lonas que no han podido recolectar por ser muy pesadas y requerir una camioneta de carga.


Mujeres adultas, todas jubiladas, como buenas madres, abuelas y amas de casa que son, tienen una lógica muy sencilla y práctica: “Se come diario” y así iniciaron su campaña entre todos los miembros de sus grupos en whatsapp y facebook para solicitar apoyo e ir a recogerlo. La respuesta fue positiva e inmediata.

Alguien ofreció su casa para juntar lo donado; las de coche, recolectaban; se seleccionaba, se separaba y se hacía inventario por tres motivos: comprobarle a las personas el resultado de sus donativos, verificar qué hacía falta para conseguirlo, y hacer paquetes de ropa y zapatos según tallas. Consiguieron el pago del transporte. Al llegar a su destino, sacaron videos de la cocina comunitaria en acción y la entrega directa a las personas damnificadas.

Con el segundo sismo la ayuda apremió y las Abuelas de Septiembre redoblaron esfuerzos para cubrir a más damnificados: con la misma organización convocaron a más personas, ampliaron sus alcances; realizaron más funciones: hubo problemas para seguir apoyando a Juchitán, no permitieron más el paso de camiones ni camionetas o les quitaban las cosas, y entonces todo el apoyo se enfocó a las comunidades más afectadas de Puebla donde nadie lo confisca, y añadieron donación de juguetes en buen estado, no electrónicos ni eléctricos, para que los niños jueguen. Aquí han llegaron cargamentos de apoyo de ciudadanos y empresarios de Villa Hidalgo, Jalisco y Querétaro que confiaron, sin conocerlas más que por su labor expuesta en redes sociales, en la organización, transparencia y alcance de las Abuelas de Septiembre.

A raíz de los sismos del 7 de septiembre y el 19S, paradójicamente, los ciudadanos hemos recuperando generaciones que pensábamos dispersas en nuestro país: nuestros Millennials ya tomaron las riendas que les corresponden como los próximos a gobernar; ahora sabemos que nuestras actualizadas Abuelas de Septiembre, expertas en redes sociales, también van con todo. ¡Ambos, llegaron para quedarse!

¡Bienvenidos!