Lai

El campo es el lugar más hermoso y relajado del mundo cuando se va de paseo o se vive ahí esporádicamente. Para las personas que viven en comunidades campesinas, el amanecer y atardecer determinan la hora de levantarse y acostarse; de iniciar o terminar las labores del día. En el campo el calendario lo fijan las cosechas y no hay días de descanso establecidos. El clima determina las circunstancias de sus actividades y el número de familiares la mano de obra con la que se cuenta para trabajar en la cosecha, e la ordeñar o en elaborar productos de estos dos rubros. Se vive de otra manera, se piensa y siente de otra manera.

Generalmente en las comunidades campesinas los empleos son de empresas familiares y se asume que hay que trabajar de acuerdo a las actividades que la familia defina y todos deben jalar parejo.

Un buen amigo que tiene un restaurante vive en un pueblo de esas características. Seguido recibe solicitudes de jóvenes para que, cuando tenga “chamba” les avise. Al platicar con él, le brillan los ojos y mueve la cabeza en señal de incredulidad: “Fíjese, ¡que les avise! Ellos tendrían que estar pendientes. ¡Y uno llegó a decirme que cuando haya algo, que pase por él en mi camioneta y lo regrese a su casa! Mire, desde ayer ando buscando quién me ayude. Hoy es día fuerte y necesito quién reciba los coches en la puerta del restaurante, los forme en fila en el estacionamiento y los entregue cuando los clientes se vayan. Le he hablado a un chingo, ¡sí a un chingo!, de tantos que me vienen a ver para que les dé trabajo, ¡y no hay uno quien diga que sí! Les digo que con sueldo y propinas se gana por lo menos, ¡por lo menos! quinientos pesos, que no es despreciable, porque según traten al cliente, les da su varo, y no hay quien le entre. Hay quien dice: ‘Hoy es domingo y descanso’, ‘Es que tengo cosas que hacer con la familia’ cuando es para la familia que se trae un extra. De veras no encuentro quién me haga el paro”.


Al sugerir a un muchacho, entre risas, dijo: “¡No, ése es ‘lai’!” Me quedé sin entender y pregunté: “¿A qué te refieres ‘lai’?” Me respondió: “Sí, lai, lai”. Y entonces su esposa ante mi ignorancia señaló: “Si, lai, lai, el que va por la vida ligero sin trabajar y nada le preocupa”.