NUEVAMENTE LA VIOLENCIA

Este fin de semana, tras la promesa de entregar 10 millones de pesos, pobladores liberaron al alcalde de Chichiquila, Luis Alfonso Hernández Montiel, a quien privaron de su libertad durante 10 horas por incumplir con la realización de obra pública en la comunidad de El Triunfo.

Ciertamente y por fortuna, este acto ilícito protagonizado por una turba no derivó en un linchamiento, pero no se puede negar la gravedad de lo sucedido: la gente ha vuelto a tomar la fuerza y la violencia, esta vez no para hacer justicia por mano propia en contra de un delincuente, sino para obligar a una autoridad a cumplir con las tareas que la ley le obliga.

En todo caso, no parecen estar surtiendo efecto los protocolos diseñados y recomendados por la Secretaría General de Gobierno (SGG) para prevenir tumultos y eso posiblemente se deba al pésimo desempeño que tienen muchas autoridades municipales, pero también a que no hay medidas de monitoreo, seguimiento y contención de conflictos políticos o de administración pública comunal que desembocan en actos zafios.


Por desgracia los disturbios y los linchamientos no pararán y el riesgo de que ocurran con más frecuencia se exacerba con la distracción que para los políticos de todo signo implica el proceso electoral vigente.

De fondo la violencia de los pueblos solo puede ser eliminada con buenos gobiernos y autoridades que en verdad tengan vocación de servir a sus pueblos y no de servirse del erario.