La Varicela y el Herpes zóster

Herpes, del latín herpes y este del griego herpetos que quiere decir “reptar” (por las lesiones que siguen el trayecto de las vías nerviosas ubicadas en la piel) es una lesión cutánea inflamatoria caracterizada por la aparición de vesículas o “ampollas pequeñas” agrupadas, formando un racimo y rodeados de un halo rojo. Zóster se refiere a “zona” o región específica del cuerpo.

El Herpes zóster es una enfermedad ocasionada por virus que encierra una serie de enigmas difíciles de explicar, en primer lugar, porque el microbio que la genera, es el mismo que ocasiona otra enfermedad: la Varicela.

De hecho, al hablar de Herpes zóster inmediatamente se debe interrogar sobre el antecedente de Varicela, aunque no exista una referencia clara a este proceso pues, esta enfermedad, a veces no genera síntomas o por ser un padecimiento frecuente en la infancia, no siempre se recuerda.


El Herpes zóster o “zona”, es también conocido como Fuego Sagrado, Fuego de San Antonio, “Culebrilla” o ganglionitis posterior aguda. La razón de estos nombres gira alrededor de los síntomas que produce, claramente identificados como dolor intenso, punzante, de difícil descripción pero fácil identificación. Entonces, hablar de Herpes zóster es referirse a la Varicela que es producida por el virus Varicela–zóster; uno de los agentes biológicos más extendidos en el mundo por su alto grado de contagiosidad.

Alrededor de 20 por ciento de la población en el mundo, ha padecido Varicela y se calcula que cada año enfermen entre uno y cinco habitantes por cada mil personas.

La incidencia del Herpes zoster no es homogénea entre la población. Se calcula que, en los menores de 10 años se producen 0,74 casos por cada mil habitantes, mientras que en los mayores de 80 años la incidencia es de 10 por cada mil. Curiosamente, como el virus afecta inicialmente la mucosa respiratoria, a diferencia de la Varicela, el contagio de Herpes zóster es extremadamente difícil.

Aunque esta enfermedad se cura espontáneamente, se calcula que 50 por ciento de las personas de edad avanzada pueden tener la secuela más dramática de esta enfermedad, conocida como “neuritis post–herpética” o “neuralgia post–herpética” que es un dolor crónico, muy intenso, de duración impredecible y tratamiento rebelde.

Aunque se ha sugerido que la administración de medicamentos antivirales puede disminuir el riesgo de esta temible complicación, no se puede asegurar el buen pronóstico. La incidencia de la neuralgia es muy alta en los mayores de 50 años afectados por Herpes zóster y casi constante entre los mayores de 80. El envejecimiento del sistema nervioso favorece una mayor percepción del dolor en el que la relación entre intensidad del estímulo y sensación dolorosa se pierde casi por completo.

En 50 por ciento de los casos, el dolor desaparece en los dos primeros meses y en 80 por ciento en un año. Pero 20 por ciento de los pacientes puede padecerlo una década o más, condicionando el característico dolor del Herpes zóster, pero sin las lesiones cutáneas. El por qué en algunos casos, sobre todo en los pacientes de edad avanzada o en las personas inmunodeprimidas, se presenta este dolor crónico, ha sido objeto de intensas investigaciones en los últimos años. Al parecer, las bases fisiopatológicas de la neuralgia son las mismas que las de la enfermedad de la que deriva.

Para finalizar, no existe evidencia convincente de que el tratamiento antiviral o los corticoides reduzcan el riesgo de neuralgia en una forma definitiva, aunque con un tratamiento de diez días con un medicamento llamado Aciclovir se asocia con una mejoría modesta a los tres meses después de la aparición del brote agudo. Esta mejoría puede no ser clínicamente relevante; y por estas razones, se requieren muchos estudios de alta calidad en investigación, para ofrecer respuestas definitivas a este respecto.