La Tosepan continua con la edificación de albergues de bambú; ahora en Cuautomatitla

Foto Aurelio Fernández

Ayer continuó la construcción de casas de bambú para refugio temporal de familias que vieron colapsarse sus viviendas por el sismo del 19 de septiembre. Esto ocurre ahora en el poblado de Santa Cruz Cuautomatitla, municipio de Tochimilco; las obras corren por cuenta de la iniciativa de ayuda Tamakepalis, liderada por la unión de cooperativas Tosepan Titataniske. Se instalan en predios donde los propietarios y brigadistas del Centro Universitario de Participación Social de la Universidad Autónoma de Puebla limpiaron los escombros a los que fueron reducidas sus casas, recibieron, en los soportes que previamente elaboraron, las varas –“latas”– de bambú que llegaron en los camiones de la organización serrana y que constituyen su estructura básica.

 


 

 

Dos equipos de cooperativistas de la Tosepan empezaron el miércoles desde muy temprano a cortar los tallos de la prodigiosa planta, a hacerle las “bocas de pescado” que les permiten integrarse mejor a las formas cilíndricas de los postes, a perforarlos, armarlos, meterles las varillas roscadas y luego las rondanas y tuercas… en fin, como obra de prestidigitación se elevaron en unas cuantas horas dos de las tres casas que esta misma semana quedarán listas para auxilio en esta dañada comunidad.

 

Tosepan en Cuautomatitla

 

 

Cuautomatitla –“lugar de tomatitos”– tiene unos mil habitantes y cerca de 130 viviendas familiares, 45 de las cuales tienen pérdida total y quizá unas 60 o 70 más, parciales. Está a 15.3 km del cráter del Popocatépetl y a 2 mil 400 metros de altura sobre el nivel del mar. Se presentan temperaturas mínimas de 1 grado centígrado de manera constante durante varios días. Eso ha obligado al equipo de Tamakepalis a proponer que los hermosos muros tejidos de las casas se recubran del barro que ha sobrado de los adobes que se desprendieron de las paredes; eso les dará mayor capacidad térmica. Hay otros grupos que hacen casas provisionales, los agrupamientos religiosos cristianos entre ellos, pero al ver las primeras casas de bambú, los pobladores ya se apuntaron a demandarlas y hasta emparejan predios y quieren echar piso de cemento para que la próxima sea la suya. Pero eso se resolverá en la asamblea del domingo próximo. Como debe ser. La Tosepan informó que sus cooperativistas están dispuestos a entregar gratuitamente 40 casas más, siempre y cuando la comunidad participe en todo el proceso de construcción, como hasta ahora ha ocurrido.

 

 

 

 

Pero el poblado tiene un serio problema, similar al de muchos otros de los asentados en la parte sur del volcán: los suelos son blandos y se afectaron por el severo temblor, aunque ya estaban en condición de peligro por la lluvia que los saturó este año. Estos pueblos requieren una revisión cuidadosa de expertos en mecánica de suelos, de geotécnicos, para determinar su condición como peligro. Muchos inmuebles se cayeron por estar al borde de barrancas o haberse deslizado junto a pequeños colapsos de los cerros, y los que quedaron en pie, como la misma presidencia auxiliar, como el reconstruido templo, están a pocos metros del talud principal, ya resentido. En la parte superior de la comunidad, que es un cerro picudo que debe alcanzar los 2 mil 600 metros de altura, hay grietas largas y profundas por las que se cuela el agua de lluvia de estos días. No es un buen síntoma. En las laderas de las barrancas se puede ver innumerables tubos de desagüe, cuyo incesante flujo abre brechas en la tierra que van debilitando más el cuerpo de tierra. Un increíble urdido de mangueras negras de media pulgada acompañan las curvas de los caminos hasta llegar a los huertos y las casas de cada familia. Rotas en diferentes tramos, contribuyen también a la saturación hídrica de suelos. Es decir, no es un asunto simple.

 

 

Tosepan en Cuautomatitla

 

 

Las brigadas de la Universidad Autónoma de Puebla, las del Centro Universitario de Participación Social, CUPS, y las del Centro Universitario para la de Prevención de Desastres Regionales, Cupreder, no han dejado de acompañar el proceso en esta y otras comunidades. Han hecho censos y evaluaciones, derribado casas arruinadas por el sismo, limpiado escombros, auxiliado a los serranos a levantar las casas de bambú; se han integrado con pobladores y autoridades para determinar el orden de quienes debes ser asistidos con las efímeras viviendas y les han hecho recomendaciones básicas para mitigar el riesgo; han volado el dron y recorrido barrancas, trazado los planos que Catastro no da, escrito una bitácora de acontecimientos.

 

 

 

La UAP parece, aquí y en muchos otros lados, aquella universidad del sismo de 1973, la de los Laboratorios Sociales de Enrique Cabrera, la de las brigadas para asistir a los afectados en la capital en 1985; la de 1995 al 98 diseñando y aplicando en el terreno el Plan de Preparativos de la Emergencia del Popocatépetl y su programa estrella, el “Por si acaso”; la de 1999, comandando un proceso de ayuda y evaluación frente a desastres nunca antes visto.

 




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