La Revolución bolchevique

El triunfo de la revolución bolchevique que entregó el poder a los obreros aliados con los campesinos, explotados y sin tierras sacudió al mundo entero. Foto: internet

El 7 de noviembre pasado, se conmemoraron 100 años del triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, proceso dirigido por el Partido Comunista encabezado por Lenin. El triunfo de la revolución que entregó el poder a los obreros aliados con los campesinos, explotados y sin tierras, y soldados convertidos en “carne de cañón” en la primera guerra inter imperialista, sacudió al mundo entero.

La constitución del poder soviético, marcó una nueva época sobre todo para los trabajadores que vieron posible tomar el poder, cambiar al mundo y construir una sociedad socialista en un país enorme con 134 millones de habitantes. La revolución rusa, que fue una gran lección de historia para los trabajadores, sobre todo europeos, mostró tres cuestiones fundamentales: que la revolución constituía el mejor camino para conquistar el poder político, derrotar al capitalismo y lograr la paz.

Así, el primer llamamiento de la revolución hecha poder, anuncia: “Los objetivos por los que ha luchado el pueblo –la propuesta inmediata de una paz de democrática, la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un Gobierno Soviético– están asegurados” (Historia del PCUS, p. 296). Y así fue. El primer decreto del Congreso de los Soviets, aprobado por unanimidad, fue el referido a la paz, “en el que se anunciaba la renuncia total del gobierno soviético a toda clase de tratados anexionistas y se proponía a todos los pueblos beligerantes y a sus gobiernos iniciar sin demora negociaciones para concretar una paz general, justa y democrática” (Ibíd., p. 296). El segundo decreto, se refirió al problema de la tierra. El decreto, anunciaba que todas las tierras de los terratenientes quedaban confiscadas sin indemnización previa, y pasaban a manos del pueblo” (Ibíd.).


El triunfo de la revolución socialista fue el triunfo no sólo de la generación de obreros, campesinos y soldados que asumió el poder en Rusia, sino de todas las generaciones de revolucionarios que, durante años, sufrieron en todo el mundo represión y persecución, encarcelamiento, tortura, hambre, destierro, cuando no la muerte. Fue el triunfo de todos ellos, que, por fin, veían culminados sus sueños y utopías de un mundo distinto, sin explotación ni pobreza ni desigualdad. Los pobres del mundo, todos, asumieron el poder ese 7 de noviembre de 1917. Sería, también, esa revolución ejemplo para los revolucionarios que aún no habían nacido y para los que, en este momento, no han nacido todavía.

Esos obreros, campesinos y militares que tomaron el “cielo por asalto”, vieron la posibilidad de subvertirlo todo y refundarlo: el Estado, el trabajo, la sociedad, las relaciones personales y, algo más: renombrarlo todo: la fraternidad, la pobreza, la igualdad, el amor, la libertad, la vida…

De lo ocurrido posteriormente, cuando el poder de los Soviets fue desplazado por el poder del partido estalinista, no son responsables ni Lenin ni la generación que hizo la revolución socialista de 1917.