Francisco Hernández, un poeta conciso que escribe desde la otredad; opinan expertos

La poesía de Francisco Hernández es una imagen estética, un lenguaje intencionado, una música en donde él es un compositor elocuente. Su concisión, su estilo casi aforístico de tinte oracular hacen enunciados universales que tienen un repudio natural hacia las palabras que no signifiquen.

Para Ricardo Sevilla, traductor y académico, esas son las características de la poesía de Francisco Hernández, autor dueño de un “trabajo variado, vigoroso y excepcional” por el que fue homenajeado en las pasadas octavas Jornadas de Poesía Latinoamericana organizadas por el Centro Cultural Espacio 1900 y su director, Manuel Reigadas.

Sevilla fue uno de los tres investigadores que participaron en la primera mesa de homenaje a este autor nacido en el año de 1946 en San Andrés Tuxtla, Veracruz, que también recibió el reconocimiento de Visitante Distinguido por parte del ayuntamiento de Puebla.


En su ensayo Del silencio salvaje al domesticado, el académico señaló que Francisco Hernández es y será un autor reconocido por sus 40 años y sus casi 30 libros en los que se denota un mismo esfuerzo: “el de la consonancia y el de ser un apasionado desde una soberanía crítica”.

“Poeta, filósofo, narrador, Francisco Hernández sabe que gritar es cosa de mudos, reflejando su influencia de poetas como (Fernando) Pessoa y (Taylor) Coleridge, y de no ajustarse al vergel provinciano sino logrando trascender la literatura, siendo una suma de leyendas y de folklores, en donde quizá, su poética surja idéntica a la de (Ramón) López Velarde: como una patria íntima”.

Ricardo Sevilla acotó que el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012 “ha hecho del vigor un estandarte” escribiendo con gallardía y sin embriagarse en la argamasa de su obra, sino que ha optado por lo aéreo, lo culto o lo indócil.

Resaltó también su concisión y su estilo aforístico, que hace de su poesía una especie de intromisión y de lenguaje íntimo.

En su turno, el poeta Álvaro Solís, con su texto Francisco Hernández y el sortilegio de máscara”, señaló que pese a que es riesgoso estudiar a un escritor contemporáneo sus lustros de actividad literaria y sus obras le llevan a pensar que “el poeta enfrenta el acto creativo con el uso de la máscara”.

Tomó como punto de partida el libro Poemas extensos en el cual el autor llena su poesía de temas y personajes identificables para el lector, como Pablo Neruda, édgar Allan Poe o Jorge Luis Borges.

“Hernández es un poeta que lee diversos textos y se integra a ellos reescribiendo sus poemas con fechas precisas, nombres de ciudades y personajes en cierto tono biográfico. Es en el uso de la otredad donde él encuentra su propia voz. Es una herida producida por el otro, que le atañe por una correspondencia”, señaló álvaro Solís, mientras que Héctor Iván González, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México opinó que desde su primer libro el poeta Francisco Hernández dejó ver “lo intangible de la realidad, su agudeza para el verso aforístico y su cultismo que no cae en la petulancia”.

“(Hernández) es el poeta doliente que observa todo desde un resquicio, desde un sensualismo y una vena filológica que toma con pinzas al lenguaje y lo ensarta en su hábitat”.

En su texto La presencia incógnita. Hacia la poesía de Hernández, resaltó que en uno de sus más recientes libros reeditados Diario sin fechas de Charles B. White, el poeta “muestra sus ambiciones en diversos caminos”, ya que presenta una narración en verso de White haciendo una crónica de la visita de aquel fotógrafo.

Por último, Jason Pettigrew, académico de la Universidad Estatal de Tennessee, Estados Unidos, destacó que el poemario Soledad al cubo, publicado por Hernández en 1991, refleja “un discurso poético desarraigado del mundo interior” que puede ser comparado con un ave que escapa de su jaula “por medio de la escritura auto reflexiva”.

Como ejemplo tomó el poema Un día de pájaros en el que se refleja la “libertad que el poeta anhela, internándose cielo adentro, en una soledad melancólica, por lo que el vértigo, el miedo, la tristeza, la locura y la desesperación predominan en los 30 poemas que integran el libro y que a su vez, reflejan el malestar del corazón de la sociedad mexicana”.