La mitad de panistas poblanos fueron traicionados por Anaya y la otra mitad lo traicionó a él

¿Quién quiere a Ricardo Anaya Cortés, en el PAN de Puebla, luego del 1 de julio? La respuesta es muy sencilla: nadie. Ni los morenovallistas ni los antimorenovallistas, todos se sienten agraviados, confrontados o traicionados por el ex candidato presidencial.

En su afán de controlar todo, de dirigir al PAN y ser candidato presidencial del mismo, Anaya lo mismo hizo acuerdos, promesas y relaciones de cordialidad con los panistas críticos del morenovallismo y con el propio ex gobernador Rafael Moreno Valla Rosas. El resultado fue:

A los antimorenovallistas, reunidos en la agrupación Identidad Panista, Ricardo Anaya primero los escuchó, les dijo entenderlos y le ofreció espacios en el proyecto electoral de este año, y al final ignoró lo ofrecido, los desconoció y ninguneo. Es decir, los traicionó, en su afán de mejor optar por pactar un arreglo político con Rafael Moreno Valle Rosas.


A los morenovallistas, Anaya les dio todo: el 99 por ciento de las candidaturas de Puebla, el manejo de la campaña y que el ex gobernador Rafael Moreno Valle controlara el conjunto del proyecto electoral panista. Había un acuerdo de que caminarían juntos para ganar la gubernatura y la presidencia de la República. Al final, el también llamado “joven maravilla”, fue traicionado, ya que nadie movió un dedo en Puebla para generar votos a favor del ex aspirante presidencial.

Un caso emblemático, sin duda alguna, es el del diputado federal Juan Pablo Piña Kurczyn, quien se distanció de Rafael Moreno Valle Rosas, cuando este todavía era gobernador, y encontró cobijo en el círculo cercano a Ricardo Anaya, donde se convirtió en unos de los principales operadores políticos del entonces presidente nacional del PAN.

A mediados de 2017 Ricardo Anaya planteó que era necesario acotar el poder de Rafael Moreno Valle Rosas, pues había excluido y lastimado a la militancia panista de Puebla.

Con esa visión, el líder del albiazul planteó que las candidaturas debían guardar un equilibrio entre las facciones de Rafael Moreno Valle Rosas y el grupo de Identidad Panista.

Una corriente tendría la candidatura a la gubernatura, otra diferente la nominación de aspirante a alcalde de la capital y una tercera en discordia, el primer lugar de la fórmula de abanderados al Senado de la República.

La propuesta original era que la candidatura a la gubernatura fuera para Eduardo Rivera Pérez o para Humberto Aguilar Coronado.

Y que la candidatura para la alcaldía de Puebla, recayera en Martha érika Alonso Hidalgo, la esposa de Rafael Moreno Valle Rosas.

En ese afán, de construir un equilibrio entre los grupos del PAN, Anaya le comunicó a Juan Pablo Piña que se preparara para ser el tercero de discordia y pudiera ser candidato a senador, alcalde de la capital o incluso a la gubernatura.

Ese esquema era visto por muchos como la mejor manera de enfrentar el proceso electoral de este año y sobre todo reducir los aspectos negativos que dejó el gobierno de Moreno Valle y que agraviaron a importantes sectores de la población.

Todo ese proyecto se fue al cesto de la basura a finales de 2017, pues Ricardo Anaya ignoró las promesas, acuerdos, proyectos, platicas y análisis que tuvo con Juan Pablo Piña, por un lado, y por otro, con los líderes del grupo Identidad Panista. Al final, optó únicamente pactar con Rafael Moreno Valle Rosas, el antagónico de la mayoría de las corrientes internas del PAN poblano.

A Juan Pablo Piña lo dejaron fuera de todas las candidaturas importantes y de la propia campaña de Ricardo Anaya.

Un día lo citó Santiago Creel Miranda, el jefe de asesores de Ricardo Anaya, y le comunicó que “podían hablar con Rafael Moreno Valle” para gestionarle una candidatura a diputado local de Puebla.

Piña Kurczyn rechazó la propuesta y se alejó de la campaña presidencial de Ricardo Anaya.

A Humberto Aguilar Coronado, ex senador de la República y hombre cercano a Creel, le habían ofrecido una candidatura plurinominal al Senado o diputado federal. Sin ninguna explicación lo dejaron fuera de las listas.

Hilario Gallegos, uno de los líderes de Identidad Panista, le habían propuesto ser candidato a diputado federal por el distrito 6 de Puebla y de última hora, lo sustituyeron por Guadalupe Arrubarena García, quien es cercana a Eduardo Rivera, el aspirante perdedor de la contienda por la alcaldía de la capital.

La “gota que derramó el vaso” fue cuando las dirigencias local y nacional del PAN avalaron una sanción contra Rafael Micalco, el ex líder estatal del panismo poblano y cabeza del grupo antimorenovallista, sin que le dieran derecho de audiencia.

Ese hecho desnudó la realidad: Ricardo Anaya ya solo le hacía caso a Moreno Valle.

Y en contra parte, a lo largo de la campaña electoral, Rafael Moreno Valle Rosas olvidó todos los acuerdos con Ricardo Anaya.

Con Ricardo Anaya se aplica el dicho popular: “El que a hierro mata, a hierro muere”.