La miel, sus propiedades y la salud

Todos sabemos que la miel es producida por abejas, que se alimentan de las flores obteniendo el néctar que es transportado a las colmenas. Pero esta recolección empieza a ser sorprendente cuando calculamos cifras. El lugar anatómico de la abeja denominado “buche”, puede transportar solamente 0.5 miligramos de miel. Para elaborar simplemente medio kilogramo es necesario que se efectúen entre 2 millones o 2 millones y medio de viajes, que traducido en otras cifras equivalen a que, un poco más de seis mil abejas, recorran alrededor de una vez y un tercio de la circunferencia de la tierra.

La miel es un producto utilizado desde hace milenios y sin exagerar, ha constituido uno de los pilares de nuestra civilización. Citas bíblicas, abundantes relatos y vestigios, confirman que a lo largo de la historia de la humanidad, la miel ha sido utilizada como alimento, conservador, medicamento, cosmético y hasta adorno.

Muchas referencias iconográficas egipcias muestran la apicultura (producción de miel y cuidado de las abejas) como una práctica ritual y casi religiosa. En excavaciones egipcias con más de 3 mil años de antigüedad, fueron halladas vasijas con miel perfectamente conservada. Otro dato curioso se muestra en la historia cuando Alejandro Magno murió. Teniendo que ser trasladado de Babilonia a Macedonia, hubo necesidad de que su cuerpo no sufriese el proceso natural de descomposición; así pues, fue llenado de miel, conservándose literalmente intacto.


La frase “luna de miel” tiene origen en una costumbre romana en la que la madre de la novia recién casada, depositaba una vasija con esta sustancia durante un mes lunar. Y aunque podríamos extendernos en un riquísimo acervo de historias sobre esta maravillosa sustancia, considero más importante describir algunos conocimientos que le brindan innumerables cualidades.

De distintos tipos que se han clasificado dependiendo de su origen (monofloral, multifloral, de la sierra, de montaña, del desierto, del bosque) en general es traslúcida y se solidifica en un lapso que depende de su procedencia y de la temperatura ambiental. Aunque su uso más común es de tipo gastronómico, posee muchas cualidades terapéuticas. Es muy buen antiséptico y antimicrobiano, lo que permite que se use como auxiliar en las curaciones de heridas y úlceras. Por su alta densidad, también es un buen astringente y suavizante, condición que conocen muy bien todas las mujeres y hombres que se han colocado mascarillas nocturnas buscando mejorar las condiciones de la piel.

En la medicina tradicional es un elemento indispensable desde el punto de vista nutricional, curativo y conservador; pero aunque no es aceptado por muchos, la miel puede ser peligrosa. Como procede de plantas silvestres, hay lugares en los que se ha comprobado la existencia de miel tóxica, que afortunadamente es muy difícil de encontrar. Sin embargo, miel común y corriente puede ser extremadamente peligrosa para los bebés. Esto se debe a que el jugo gástrico del lactante no es lo suficientemente ácido para evitar el crecimiento de una bacteria denominada Clostridium botulinum que produce la toxina más poderosa que existe, originando botulismo infantil que en muchas ocasiones es mortal. Por esta razón, no debe darse miel en los niños sino hasta después de los 18 meses de edad.

Compuesta por muchas sustancias que se resumen en agua, distintos azúcares, aminoácidos, vitaminas, enzimas, ácidos orgánicos, minerales, para terminar con unos elementos de reciente descubrimiento conocidos como “flavonoides” y “fenílicos” con una gran capacidad antioxidante, esta mañana, simplemente tomo una cucharada de miel, y admirando sus cualidades, repaso mentalmente el extracto de un poema de Antonio Machado (1875–1939) que alguna vez escribió:

 

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una colmena tenía

dentro de mi corazón;

y las doradas abejas

iban fabricando en él,

con las amarguras viejas

blanca cera y dulce miel.