La lepra en la actualidad

Curiosamente, las descripciones más detalladas de la Lepra corresponden a un texto de la India del siglo VI antes de nuestra era (el Sushuruta Samhita), aunque también los chinos ya la habían referido en el siglo V, de igual forma antes de nuestra era. Los griegos en ese tiempo no la habían descrito, circunstancia verdaderamente llamativa considerando su obsesiva visión de las enfermedades y la medicina; sin embargo, esto no significa que no la hubiesen padecido, ya que existen evidencias de su existencia en restos óseos, del periodo ptolemaico egipcio, que fueron halladas en 1980 por un investigador llamado Tadeusz Dzierzykray–Rogalski, lo que nos confirma que la enfermedad ha acompañado al género humano desde prácticamente toda nuestra existencia.

Lo cierto es que este es un padecimiento realmente enigmático, principalmente porque aunque es controlable y curable, no se ha podido erradicar.

Esta enfermedad ha sido considerada siempre como maldita y misteriosa, lo que ha generado un rechazo hacia los enfermos que va mucho más allá de la discriminación y la deshumanización, ya que se les niega, incluso actualmente, todo contacto social. Ciudades amuralladas o aislamiento en islas o lugares apartados, eran la forma de recluir a los enfermos, aún en el siglo XX, en donde el temor llevaba a la gente incluso a enterrar a los muertos boca abajo para que no resucitaran o a tocar una campana cuando alguno se acercaba. Afortunadamente, los prejuicios relacionados con este padecimiento han disminuido; sin embargo, todavía los leprosos tienen que seguir luchando contra el rechazo social.


Pero a todo esto, existe un fenómeno que se podría calificar como risible: de todas las enfermedades infecciosas y transmisibles, esta es la menos contagiosa. De ahí que en lo antiguos leprosarios, individuos que no se contagiaban, se llegaban a considerar incluso como santos por esta condición.

En 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció como objetivo la eliminación de la lepra para el año 2000, lo que se calculaba siempre y cuando el número de enfermos fuera menor a uno por cada 10 mil habitantes. Según las cifras oficiales procedentes de 145 países de las seis regiones de la OMS, en el mundo hay registrados 216 mil108 casos de lepra. Con base en los 173 mil 358 casos de finales de 2016, la tasa de detección de casos es de 2,9/100.

Los países más afectados son: la India, que concentra 80 por ciento de todos los enfermos del mundo, Brasil, Birmania, Vietnam y Filipinas. Esto significa que la enfermedad es un reflejo definitivo de la pobreza. En 21 municipios de México aún no se ha logrado la meta propuesta por la OMS. En 2011 la prevalencia de esa enfermedad en nuestro país se redujo hasta 97 por ciento, en comparación con 1989, con 16 mil 694 casos.

En el año de 1986 se descubrió un tratamiento que permite la curación de los enfermos. Gracias a la “Multy Drug Therapy” (Terapia mediante Múltiples Medicinas), 80 por ciento de los contagiados logra curarse. En México se denomina Poliquimioterapia (PQT) que fue iniciada en 1990.

El esquema de tratamiento regular de las personas con lepra, comprende como mínimo 12 dosis supervisadas cada 28 días de Rifampicina, Clofazimina y Dapsona y 324 dosis autoadministradas, una cada día de Clofazimina y Dapsona, hasta la negativización y desaparición de las lesiones dermatológicas, junto con una sobrealimentación que permite soportar el efecto de estos enérgicos fármacos.

Como conclusión podemos decir tres cosas. Esta es una enfermedad que no se conoce bien. La idea de que a los enfermos se les cae la piel a pedazos, es falsa pues existen variedades de difícil diferenciación y diagnóstico. En segundo lugar, su existencia en México refleja pobreza grave, lo que permite inferir que seguiremos teniendo casos durante mucho tiempo. Y por último, podemos afirmar que la Lepra es de todas las enfermedades infectocontagiosas, la más incomprendida, la más desatendida y sobre todo, una de las más despreciadas.




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