La invención del cine mexicano

En una conferencia que lleva el título de Las Historias de América y las historias del mundo: una propuesta de cosmohistoria”, publicada en la revista Anales de Estudios Latinoamericanos de la Asociación Japonesa de Estudios Latinoamericanos, el historiador Federico Navarrete Linares nos habla de la Conquista de América y su historia, concretamente, sobre la inmersión de América en la historia del mundo a raíz de su “descubrimiento”. “La imagen tradicional –afirma– que tenemos de la entrada de América y de sus habitantes a la historia universal es la del desembarco del navegante genovés Cristóbal Colón y su flota de carabelas españolas en la costa de una isla llamada Guanahani, en lo que hoy llamamos Las Bahamas, en el mar Caribe, el 12 de octubre de 1492 y su encuentro con un grupo de nativos ‘desnudos’, como los describió”. Tal aseveración nos hace ver con agudeza, que para la “historia” América no existía hasta que es descubierta y empieza a ser “historiada”. Le agradecemos enormemente a Colón el haber descubierto estos territorios pues de no haberlo hecho de esa manera, viviríamos en el limbo de los “sin historia”, y claro, habría que afirmar, extendiendo más este argumento, que todo aquello que los europeos no conocían y posteriormente no reconocían, simplemente no existía. Navarrete, por supuesto no está de acuerdo y propone la idea de la cosmohistoria, una que ha de ser considerada desde la cosmovisión de los pueblos que la registran. Esto es, que hubo otras tradiciones historiográficas más allá de las europeas y que el mundo no se creó desde el momento en que estos tipos lo registraron.

Algo similar a esta “invención de América”, fue la invención del cine nacional parido de forma singular en la entrega número 90 de los premios Óscar llevada a cabo el pasado domingo. He de decir que, de todas las ceremonias de entrega de esta estatuilla, nunca había visto una que estuviera tan politizada. La enorme cantidad de latinos, negros, nativos de los Estados Unidos y hasta Eugenio Derbez, no tuvo otro objetivo que hacerle ver al oligofrénico de la Casa Blanca, que Hollywood tiene mente propia y es multirracial; que se preocupa por el género y lo demuestra no sólo al desterrar al abusador Harvey Weinstein al territorio de la ignominia, sino también en la voz de Frances McDormand que invitó a sus colegas del oficio a incluir; finalmente, que no se dejarán llevar por los prejuicios que Trump representa. Bueno, hoy, porque lo han hecho durante toda su existencia y los intentos por “democratizar” la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas que otorga estos galardones es relativamente reciente. Ese día, todo conspiró para que México fuera el gran ganador de la noche en la figura de Guillermo del Toro y de la cinta animada Coco, pero me parece que, visto con más agudeza, quien ganó fue el Estados Unidos construido por migrantes. En este mismo sentido, nos congratulamos de que tres de nuestros directores se encuentren ya en la “historia del cine mundial”, historia que como apunta Navarrete, estaría escrita por otros, no por los mexicanos que hacen cine en nuestro país desde los inicios de tan genial invento. Para muchos habitantes del orbe, el cine mexicano se acaba de inventar en esta entrega, conocido y reconocido por Hollywood, nada más y nada menos. He de decir que los tres directores tienen un talento comprobable por sus trayectorias y que muchos de los actores, fotógrafos, músicos y demás artistas nacidos en México y que trabajan en esa industria se han ganado su lugar con talento, trabajo y esfuerzo, mismo que vienen realizando desde nuestro país. Muchos, fuera de reconocer la historia de nuestro cine, se van con la finta y piensan que, al recibir este reconocimiento ya formamos parte del mundo entero y por fin se nos reconoce como potencia en algo. Lo mismo ha sucedido con nuestros futbolistas en el extranjero, lo que nos hace pensar que el futbol mexicano “ya tiene nivel internacional”. ¡Vaya tontería!

Disfruté mucho La Forma del Agua y me pareció estupenda, como vengo disfrutando el cine de Del Toro desde La Invención de Cronos. Para mí, él y sus contemporáneos, lo mismo que muchos otros cineastas existían desde antes de este domingo. También pienso que Coco no representa a México y apenas plantea algunas ideas de la fiesta de muertos. Sé de numerosas personas que, a fuerza de talento, esfuerzo y dedicación, logran, muy a pesar del propio México y los mexicanos, destacar en numerosos ámbitos, como la ciencia, el arte, la danza, la música y un largo etcétera de los que poco se sabe y mucho menos se reporta en los principales medios de nuestro país. Hoy, millones se cuelgan del triunfo de Del Toro, por un lado y, por el otro, demeritan el papel de Eiza González, nomás porque se puso un vestido amarillo y se veía re bien. Navarrete continúa: “Según O’Gorman, los pueblos indígenas y su tierra existían, sin lugar a dudas, antes de que América fuera inventada pero su ser no tenía pleno valor histórico, pues no era una existencia consciente de sí misma y de su historicidad. Sólo los europeos pudieron plantar en ese mundo la semilla de la consciencia histórica y por eso el continente pertenece de manera inequívoca al mundo europeo”. Por supuesto, O’Gorman está siendo irónico, lo mismo que yo al decir que la consciencia de nuestro cine pertenece indefectiblemente a Hollywood pues fue su Academia la que lo reconoció. Solamente me queda una duda un tanto incómoda: ¿podrían haber ganado tanto extranjero y migrantes la estatuilla dorada de no estar el palurdo de Trump en la Casa Blanca? Nunca lo sabremos.