La intervención de Peña Nieto en las elecciones a favor de la continuidad

En el aniversario de la Expropiación Petrolera, Enrique Peña Nieto dijo que “los mexicanos deberán decidir por regresar al modelo cerrado o mantener la apertura”. Tal aseveración refleja su rechazo al hecho histórico realizado por Lázaro Cárdenas en 1938 de expropiar la industria petrolera que estaba en manos de empresas transnacionales. La reforma energética instrumentada por el gobierno actual y aprobada por el PRI, PAN y PRD, ha regresado dicha industria nuevamente al capital internacional, representando ello un retroceso histórico que achica el tamaño y participación del Estado y lo subordina a los intereses del gran capital.

Peña Nieto en su discurso en dicho acto político, señaló que “tendremos la oportunidad de valorar distintas opciones… de comparar la consistencia y la congruencia de distintas propuestas políticas para el desarrollo del sector energético”. Dijo que “habremos de contrastar en cada uno de los actores, las posiciones de ayer con las posiciones de hoy. Los dogmas del pasado con los postulados del presente”. Al respecto cabe decir, que en los años 40, 50, 60 y 70, el sector energético fue funcional al desarrollo industrial y económico del país, donde se creció a 6.4 por ciento promedio anual. Cuando el Estado tenía el control de Pemex, le representaba posiciones fuertes de negociación frente al sector privado nacional e internacional, para anteponer los objetivos nacionales de crecimiento y soberanía. La situación empieza a cambiar con las políticas de austeridad fiscal predominantes desde la década de los años 80, que llevaron a desatender al sector petrolero. La política de bajos impuestos a las empresas, llevó al gobierno a apropiarse de la riqueza petrolera, y dejar menos recursos a Pemex, para financiar el gasto público, a costa de la descapitalización y sobreendeudamiento de la industria petrolera.

Enrique Peña Nieto reiteró que su gobierno “logró que Pemex se abriera a la inversión privada y extranjera y esto ha dado buenos resultados, por lo que se debía mantener por esa ruta”. El problema es que esos resultados no se ven, pues sigue cayendo la producción y las exportaciones de petróleo, y Pemex terminará siendo desplazada por las petroleras internacionales que se están estableciendo.


Para Peña Nieto “los grandes momentos de la historia del país han sido aquellos en los que los mexicanos han sido capaces de transformar las instituciones para hacer realidad los ideales de la sociedad”. Y añadió que “cada etapa ha sido un paso audaz hacia adelante, no un tímido regreso al pasado. Fue una acción creativa no una acción destructiva”. Cabe decirle al presidente que su reforma energética no es una acción creativa, sino una acción destructiva, pues con su reforma, serán las empresas privadas las que se apropien de la riqueza petrolera, lo que originará mayor desequilibrio en la balanza de comercio exterior, como en las finanzas públicas, y llevará a la economía a fuertes presiones sobre el tipo de cambio, como a mayores impuestos, a mayores tasas de interés, a menor gasto público, y a una crisis de proporciones. Su gobierno ha representado un retroceso histórico, al entregar los sectores estratégicos al gran capital internacional y nacional, lo que ha debilitado y privatizado al Estado y lo ha subordinado a los intereses del gran capital, relegando el propósito público.

El presidente dijo que “los mexicanos deben honrar la historia, respetando y fortaleciendo las instituciones, aprovechando la riqueza petrolera”. Efectivamente, para honrar la historia hay que salvaguardar la soberanía y la riqueza nacional. Sin embargo, ello se ha mermado con la apertura y las reformas estructurales impulsadas por su gobierno, que han atentado sobre la capacidad productiva nacional y han incrementado el poder de las empresas transnacionales, como los niveles de endeudamiento externo, lo que nos lleva a que el país no nos pertenezca.

Peña Nieto dijo que en el proceso electoral, se decidirá entre “regresar a un modelo cerrado o privilegiar la apertura y la competencia”. Es decir, el proceso electoral decidirá entre rescatar un Proyecto de Nación para beneficio de los mexicanos, o entre un proyecto que entrega el país a los dueños del dinero nacional e internacional, con la consecuente creciente desigualdad del ingreso, y el clima de violencia que la política económica actual ha generado.