La imposición de EU en el acuerdo azucarero es un adelanto al TLCAN

En el acuerdo azucarero alcanzado, México reducirá la exportación de azúcar refinada de 40 por ciento del total, a 30 por ciento y el resto será edulcorante sin refinar, a fin de beneficiar a los refinadores de Estados Unidos (EU), a costa de afectar a los refinadores mexicanos. Ello recuerda la vieja canción de cómo México exportaba tomate, para importar latas de tomate y Catchup. México seguirá como exportador de alimentos y materias primas, e importador de productos industrializados, donde EU es el que le añade valor agregado, a costa de que nosotros sigamos sacrificando el desarrollo de la industria nacional, y la generación de empleos manufacturados mejor remunerados. Lo mismo acontece con las exportaciones manufactureras que el país realiza, las cuales tienen un alto componente importado, y bajo valor agregado nacional, que se reducirá más con las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y más con los malos negociadores del gobierno federal.

El propio secretario de Comercio de EU, el señor Ross, presentó el acuerdo azucarero como una cesión de México a las demandas de su país, a fin de que los productores azucareros de EU se sumen al acuerdo. Cabe señalar que el gobierno de EU había señalado que de no llegar a un acuerdo el 5 de junio (que se prolongó 24 horas), impondrían compensaciones por las importaciones de azúcar ante la sospecha de dumping y subsidios presentes en México a favor de los productores nacionales. El secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, señalo que “hemos conseguido que México acceda a casi todas las solicitudes hechas por la industria estadunidense para tratar las deficiencias en el actual sistema y asegurar un tratamiento justo a los productores y refinadores de azúcar estadunidenses”. Ello evidencia que su preocupación son los productores de aquel país, no los nacionales, pues dicho acuerdo implicará que los refinadores de azúcar de México vean reducidas sus exportaciones. Dicho funcionario añadió que con el acuerdo alcanzado se suspende la investigación que EU estaba realizando por dumping y subsidios. En torno a ello, el secretario de Comercio de EU dijo que el acuerdo corrige los subsidios que percibe la industria azucarera mexicana. Por consecuencia, los productores nacionales además, dejarán de percibir los subsidios gubernamentales, y son colocados en igualdad de circunstancia que los productores estadounidenses, como si tuvieran los mismos niveles de tecnológicos y crediticios. Esa ha sido la tónica que ha predominado en el TLCAN que ha llevado a poner en desventaja competitiva a los productores nacionales, frente a los productores de EU y de los países exitosos, que ha llevado al rompimiento de cadenas productivas y a que tengamos menos industria, y menos sector agrícola, menos empleo formal, menores salarios y menor crecimiento, del que teníamos antes del TLCAN.

Entre las ventajas del acuerdo alcanzado, el secretario mexicano dijo que “queda sin efecto la imposición de cuotas compensatorias en contra del azúcar de México que oscilan entre 40.48 y 42.14 por ciento por dumping y 5.78 a 43.93 por ciento por subsidios”. Es decir, ante el temor de políticas proteccionistas por parte de EU, se cedió a las demandas de ellos. Lo mismo acontecerá en las renegociaciones del TLCAN. Ante las amenazas que establezca el gobierno de EU de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, el gobierno de nuestro país cederá a todas las demandas de ellos, en relación a que el valor agregado de las exportaciones que México les realice, sean con insumos de su país, reduciéndose aún más el valor agregado que México pueda incorporar a las exportaciones, más allá de la mano de obra. A tales planteamientos, se sumarán otros más por parte de ellos con la finalidad de reducir nuestras exportaciones e incrementar las de ellos hacia nuestro país. Ello nos condenará a relegar y marginar más el desarrollo manufacturero, lo que nos condena más al subdesarrollo, y a empleos de baja calidad y mal remunerados, además de las mayores presiones negativas sobre el déficit de comercio exterior. Éste será difícil de financiar, lo que obligará a políticas de alza de tasa de interés para promover entrada de capitales para su financiamiento, lo que contraerá más la economía. A ello se sumarán mayores recortes al gasto público para disminuir demanda e importaciones para reducir el déficit, condenando la economía al estancamiento.


México no puede seguir apostando al crecimiento hacia fuera, donde no tenemos posiciones competitivas, ni poder de negociación frente a Estados Unidos que es nuestro principal socio comercial. Ello no se ha traducido en mayor crecimiento, ni en mayor bienestar para los mexicanos. La estrategia de crecimiento debe volcarse hacia el mercado interno y la generación de empleos bien remunerados, lo que implica dejar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y retomar el manejo de la política monetaria, fiscal y crediticia a favor del sector industrial y agrícola.