Imaginación al poder

Fernando del Paso

De esa manera, La Imaginación al poder, intituló Fernando del Paso su participación en el Coloquio de Invierno, ese valiosísimo encuentro llevado a cabo en los años 90 –1992– en la UNAM para analizar los nuevos retos que nos traía al mundo el entonces llamado Nuevo Orden Mundial y que nos llevaría la famosa globalización. En ese momento, del Paso dudaba enormemente del potencial de semejante movimiento y afirmaba agudamente que “de nada sirve, pues, que tengamos conciencia de ser algo más que copropietarios: codepositarios de su cultura –lo que la hace nuestra cultura– para que nos entiendan y, lo que es más probable, tampoco serviría que nos entendieran, porque estamos solos. Solos, ante un conjunto de soledades, de nacionalismos cerrados que contradicen el derrumbe de las fronteras interiores: unidos en teoría y en la superficie, en búsqueda desesperada de una coalición económica que transforme a Europa en una potencia, los países europeos se dejan arrastrar por nacionalismos descarados y triunfales, cuya discriminación apuntó, primero, como sabemos, a los inmigrantes y los hijos de los inmigrantes caribeños, argelinos o turcos que hace varias décadas fueron invitados a inmigrar por los propios europeos y ahora, para sorpresa de ellos mismos, comienza, esa discriminación, a hacer sus víctimas entre los europeos orientales, cuyos países se transformaron de la noche a la mañana en el patio trasero de Europa occidental y ellos mismos en los que de verdad, ellos sí, intentan ahora colarse por las puertas de servicio de Occidente”. En efecto, él ya veía el espejismo detrás de semejante embuste que ha significado la globalización como el elemento totalizador y liberador de la modernidad, una que se nos prometía traería desarrollo acelerado y progreso desmedido. Nada más lejano a la realidad. Hoy, como bien apuntó del Paso, en Europa y en todo el orbe, la discriminación, en todas sus más terribles acepciones es más la norma que la excepción.

Cuando Del Paso habló de La Imaginación al poder, proponía la creación de una televisora que fuera de los televidentes para que ahí ellos mismos pudieran llevar a cabo sus propias ideas, sus propias inquietudes. Planteaba a su vez que existieran otras dos televisoras: una estatal, para que el Estado pudiera llevar su información a la población y otra mercantil, para que los “mercaderes” hicieran lo que les viniera en gana como ha sucedido desde que Televisa y Televisión Azteca existen. Empero, lo que realmente propuso, es que no nos plegáramos del todo a la empresa, a la iniciativa privada y que nos centráramos en lo que las colectividades necesitan, por un lado; por el otro, que no cayéramos en la enorme falacia de que el mundo ha de ser dominado por los mercados internacionales, que debe existir el fin de las naciones y que nos convirtamos en ciudadanos del mundo con certificados que avalen que hablamos inglés. Por el contrario, hablaba de la defensa de lo nuestro, especialmente del castellano, nuestra lengua. A su vez, que comprendiéramos y apreciáramos lo que significamos como individuos y como colectividad. “Dicho esto –continúa del Paso–, me permitiré, para finalizar, a modo de breve y modesto homenaje, citar el lema de esta magna casa de estudios que fue también la mía, la Universidad Nacional Autónoma de México, que hoy brinda su cálida hospitalidad a este Coloquio, y manifestar mi esperanza de que el día en que de verdad llevemos la imaginación al poder, por nuestra raza –que es la mía–, la raza de la América ibérica, india y africana de cuyo nacimiento a sangre y fuego celebraremos o conmemoraremos este 12 de octubre los 500 años, hablará, con una voz plena y segura, y más rica y generosa que nunca, nuestro espíritu”.

Su conferencia, junto con las de los demás participantes del Coloquio quedó registrada en la edición que para tal efecto emitió la UNAM en conjunto con el Fondo de Cultura Económica y Conaculta en tres estupendos volúmenes que bien haríamos en retomar. Son varios los autores que, como del Paso, nos advierten de la vacuidad que estaba por instalarse en la sociedad. Desafortunadamente, el modelo imperante triunfó y ha hecho de nuestros mexicanos ciudadanos más preocupados por sus vidas individuales que por el otro. Incluso, cuando se trata de defender una causa social, lo que importa más es que nos vean defendiéndola y no la causa misma… o siquiera averiguar si tal causa es justa o si en realidad persigue los fines que ostenta. Resulta difícil defender las colectividades cuando lo hacemos mirándonos al ombligo. Cuando eso sucede, es frecuente que los ciudadanos, especialmente los jóvenes, se conviertan en simples peones de juegos perversos e individuales que no llevan a nada. Como lo he dicho recientemente, se siguen individuos que se cuelgan a su vez de otras causas para defender sus propios y fatuos intereses. Concuerdo con Fernando del Paso: llevemos la imaginación al poder, pero una sustentada en una auténtica construcción ideológica, repleta de pasión y orgullo; una que nos permita desarrollar mensajes repletos de sentido, apuntalados en la ciencia, pero también en la tradición y la emotividad. Una imaginación blindada para evitar salpicaduras de oportunistas que, desde los partidos políticos, las falsas organizaciones sociales y las modas pasajeras, pretendan enturbiarla; para evitar que profesionistas de la coyuntura y los ideólogos a sueldo o a capricho quieran medrar a partir del corazón de las personas. Será complicado, pero podemos hacer bien las cosas, con legalidad, pero con crítica.