La gran crisis partidiaria

Mientras Enrique Peña Nieto no aparece aunque continúa gastando lo que no tenemos, lo mismo en armas que en viajes de sus familiares. En tanto el ciclón de Macuspana  va adelante en sus nombramientos pero asimismo dice que apoyará a los de la tercera edad y los jóvenes (su gran base  electoral,  según Consulta Mitofsky). Amén que igualmente   arranca proyectos en refinerías y  trenes  en el sureste. Ante ello, los partidos políticos cantan su réquiem, aunque ocasionalmente como en el PAN, aplauden a quien los llevó a la derrota más amplia en 25 años: él  contratista,  Ricardo Anaya.

En el PRI, la novata Claudia Ruiz Massieu intenta resucitar al cadáver del antiguo partidazo, de la mano de alguien que ya no tiene el tiempo, los dineros,  ni el poder de encausar una nueva senda: Manlio Fabio Beltrones. Tanto así que en su natal Sonora perdió todo lo puesto en juego.  Únicamente le quedó la gobernadora Claudia Pavlovich, quien supuestamente vetará lo que apruebe la próxima diputación local, encabezada por Morena. Pero ya salió Olga Sánchez Cordero a señalar que echarán abajo esa intentona de anular al poder legislativo sonorense.

Por su parte, el recién coordinador de 14 senadores priistas, Miguel Ángel Osorio Chong, derrotado al máximo en su natal Hidalgo, lanzó hace poco unas declaraciones para la historia de la infamia: acusó a los mandatarios de los estados de no evitar  la espiral de violencia que vivimos. Y censuró, faltaba más, que el  gobierno que llegará en diciembre quiera desligar  la Secretaría de la Seguridad Pública (SSP)  de la secretaría de Gobernación.


Se olvida el ex mandatario que él insistió, ante Peña Nieto, en incorporar a la SSP a Bucareli y los resultados fueron desastrosos, tanto que estamos ante el año y el sexenio más violento en la historia de México.  Por ello,  especialistas diversos   han comparado  la batalla contra el narco con una guerra civil

Como ya anotamos, el PAN, a quien muchos analistas- incluido Lorenzo Meyer- señalan como la organización que puede ser el antagonista más importante de Morena y Andrés Manuel, dada su raigambre en los círculos de derecha, clericales, empresariales y hasta en ciertas universidades, parece que ya no sabe ni qué pasó ni quien lo arrolló. No sólo porque recibió en su consejo nacional a Ricardo Anaya como si fuera un triunfador, sino a que no asistieron al encuentro los gobernadores de la organización, a que Felipe Calderón se volvió de militante a simple tuitero,   a que Ernesto Ruffo pidió cuentas precisas a Marko Cortés y Fernando Herrera  de los recursos manejados en la actual legislatura  y a que un expulsado recientemente, aunque presidente todavía del Senado, Ernesto Cordero,  dijo adiós al blanquiazul.

Todo ello muestra un partido hecho trizas que no se repondrá fácilmente de sus heridas, más bien ahondará en las mismas  y puede fracturarse seria y profundamente.

En otra trinchera, el PRD, la cosa no pinta mejor. Ya sabemos que su exigua fracción de senadores (8)  eligió a Migue Ángel Mancera como su coordinador. En este grupo, parece,  estarán Xóchitl Gálvez y Emilio Álvarez Icaza. Pero a fin de cuentas, el líder es un cartucho quemado. Tanto que en la Ciudad de México los brotes de violencia se elevan al máximo y  la atención a los jóvenes  son irrisorios. Y además, el nuevo jefe de policía, Jesús Collins, está más ligado al crimen organizado y a las mafias que a  los derechos humanos.

 

En la Cámara de Diputados irá de coordinador, por el sol azteca, Héctor Serrano, otra ficha que ya no brillará, pues no contará con dinero para chayotear a periodistas  que lo elogien  a pesar de  sus malas acciones.

El Panal, creado por Elba Esther,  ya perdió el  registro y su último presidente, el sobrevalorado e inútil, Luis Castro Obregón, señaló que haber entrado a la Coalición: “No fue un error estratégico” (Proceso, número 2180), o sea, llegamos al fondo pero únicamente cometimos yerros tácticos. Babosa  forma de entender la política.

Morena que ganó como nunca se lo esperaba, está viendo cómo funcionará sin el apoyo de su caudillo, Andrés Manuel. Ya planteó que no admitirá afiliaciones en masa ni aceptará tribus que peleen por el manejo del movimiento, aunque necesita decidir qué hacer para organizar  las bases que se acercaron y  darles  estructura, máxime que le urgirá  en cuanto empiecen los ataques despiadados a  López Obrador al incumplir con varias de  las múltiples promesas.

Nueva realidad política que empieza a perfilarse.

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