La estrella rota y oscura – Andy Warhol

La preocupación por el consumo, la fama, el arte y lo popular llevaron a Warhol a donde pertenece al día de hoy. Tal vez fue uno de los más importantes artistas que han colocado una ruptura en el arte. Sin embargo, hay una pregunta importante en el momento de ver su obra ¿En qué momento se quiebra la obra de arte para considerarse como tal y como trascendente en un movimiento artístico? Es decir ¿cuándo existe la ruptura estética que ayuda a la conformación de nuevas perspectivas en el arte?

A partir de 1962 existe una atención por parte de Warhol a ciertos sujetos: latas de sopa, artistas, fotos de periódicos, iconos de moda y política. Hay dos elementos para la comprensión de una ruptura, al menos desde la observación en Warhol: 1) el deseo, y 2) la política. Para el artista lo único que existe continuamente es un deseo que impulsa al sujeto sobre un objeto que hace propio, es decir, que lo aprehende como suyo: lo subjetiva. Es por eso que siempre hablaremos aquí de sujetos. Esto mismo se convierte dentro de lo político. La transformación del orden de lo político, para él, se denota en el deseo de consumir lo efímero (latas, teléfonos, maquinas). El sujeto se ha subordinado en su relación con los objetos, esto no significa que el sujeto deba prescindir de los objetos; significa que el sujeto se ha representado a través de los objetos por medio del consumo. La transformación del tiempo, a través de la política y el deseo nos daría como resultado una sociedad no sólo de consumo, sino efímera. Esto hace que el sujeto se medie de otra forma en sus recursos diarios y su relación con el mundo. El objeto no ha cambiado de paradigma, ha cambiado de paradigma la relación con el objeto y esta es en la cual nosotros, nuestra forma de ocupar el tiempo y nuestra relación con el espacio, se torna en algo nuevo: lo rápido, eficaz, sin cualidades, lo frío, lo roto, lo efímero.

La muestra que se exhibe en el Museo Jumex, llamada “Estrella oscura” hasta el 17 de septiembre, nos muestra tres salas con distintas perspectivas. La primera es una sala con las pinturas más famosas del autor como en las que pinta las sopas Campbell’s, Marilyn Monroe o Elvis; así como objetos de uso común pero que comprenden teléfonos o latas. Está la famosa serie de retratos sobre Monroe y las célebres fotografías reproducidas en serigrafía sobre los accidentes que le provocaron mayor estupor. Mientras que en la segunda sala encontramos una serie de dibujos y bocetos, así como las reconocidas instalaciones de cajas de Brillo y Kellog’s. Los bocetos nos muestran la curiosidad de Warhol por objetos comunes, sobre todo zapatos, además de los bocetos para las obras de las sopas Campbell’s, por ejemplo. En la última sala se encuentra su magnifica instalación Silver Balloon, la cual contempla una serie de globos de las mismas cualidades siendo conducidos por el viento, así como una serie de fotografías realizadas en The Factory junto a personalidades de su tiempo. Además, añadieron una lista de música con aquellos con los que convivió o trabajo en The Factory.


Lo importante de ver el arte de Warhol no está en una belleza, tal como habíamos comprendido la idea de arte, sino las distintas formas de expresión sobre las que juega el artista para crear una ruptura y proponer otra concepción del mundo que no deja de ser valida, así como no lo es la de cualquier otro. Warhol propone mirar la superficialidad, no encontrar nada más que lo inmediato y con eso ya asombrarnos lo suficiente. Él jamás pretendió ser un artista profundo, sino alguien que mostrara lo ruin y lo excelso de la belleza en lo efímero como una protesta y una muestra de lo cotidiano en nuestra época de consumo.