La epidemiología

En innumerables ocasiones se me ha preguntado de qué se trata la Epidemiología y aunque mi respuesta gira alrededor de la etimología de la palabra (del griego Epi que significa literalmente “sobre o encima”; demos que es pueblo y logos, ciencia o tratado), siempre resumo que es el estudio de las enfermedades en poblaciones; sin embargo, también invariablemente percibo que la definición no es clara ni plenamente satisfactoria; situación que se hace más compleja cuando trato de explicar lo que hacemos los epidemiólogos.

Una forma más clara de entender los alcances de esta especialidad médica es compararla con la actividad de cualquier encargado de la salud. Cuando un enfermo acude a un consultorio, lo que espera es que la persona que lo atienda le ofrezca en primer lugar un diagnóstico de su padecimiento, es decir, “etiquetar” e identificar el nombre de la enfermedad; posteriormente se genera la expectativa de recibir un tratamiento que resuelva el problema para finalmente, tener un pronóstico; es decir, que se le haga un planteamiento lógico del curso que tomará la enfermedad para establecer medidas de prevención a la larga.

Los epidemiólogos, hacemos exactamente lo mismo, pero en poblaciones o comunidades. Sin embargo, hablar de grupos poblacionales no necesariamente es establecer una referencia a pueblos o ciudades, pues un conjunto puede estar constituido por un número indeterminado de individuos. Es así que un epidemiólogo debe establecer diagnósticos de salud o enfermedad en familias, grupos, comunidades y hasta países. Esta condición se vuelve particularmente compleja, lo que nos induce a imaginar que la característica principal de esta especialidad es la investigación, utilizando como herramientas básicas dos elementos: el método científico y la estadística, como instrumento tecnológico, que actualmente se ha extendido en una forma impresionante a través de los equipos de cómputo y los nuevos programas de cálculos.


Sin embargo, históricamente se pueden establecer dos periodos que marcaron la tendencia de esta rama médica y que se relacionan en primer lugar con las enfermedades infecciosas generadas por microbios o parásitos, que en términos generales se denominaron “pestes” y que afectaban a grandes conjuntos de individuos, donde pocas cosas se podían ofrecer como alternativas de solución. En este sentido, se considera como padre de la epidemiología a un médico inglés llamado John Snow (1813–1858), quien utilizando el método científico logró controlar por primera vez en la historia, una epidemia de cólera en la ciudad de Londres, allá por el año de 1854.

Pero en la actualidad el estudio epidemiológico no se circunscribe solamente a la investigación de enfermedades ocasionadas por agentes biológicos sino que su campo de acción abarca todas y cada una de las formas en las que el medio puede afectar a la salud. El epidemiólogo actual debe tener presente cualquier enfermedad, abarcando lo común como la gripe o catarro común, el hambre, todas las variedades de cáncer, diabetes, aquellas enfermedades de reciente aparición como el sida y aquellos padecimientos poco comunes o “raros”, cuyas definiciones aún permanecen en un estado de verdadero oscurantismo, sin que haya variado su conocimiento, desde hace milenios.

Sócrates decía que “conocer algo, es haber logrado las respuestas al qué, cuándo, cómo, y por qué de ese algo”; pero hablando de la compleja interacción biológica que establecemos los seres vivos con el ambiente, es adentrarnos en un campo de una complejidad inconmensurable. Esto me lleva a concluir, refiriéndome a la especialidad que orgullosamente, pero que también humildemente llevo a cabo, es decir que la epidemiología es simplemente… la epidemiología.




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