La enfermedad por Lyssavirus

Una de las enfermedades que se encuentran descritas desde los tiempos más remotos de la humanidad es la rabia. El origen al que se atribuye la palabra es del sánscrito rabhas que significa agredir; pero en el siglo XIII antes de nuestra era, en el código médico de Eshuma (que es de origen babilónico) hay una detallada descripción de la enfermedad, con una vinculación especial a la mordedura de animales.

El médico veronés Girolamo Fracastoro (1478–1553) describió el padecimiento y la forma de transmisión en 1530, es decir, 350 años antes de Louis Pasteur (1822–1895). El miedo a adquirir la enfermedad, si bien no se ha superado en la época actual, era tan descomunal que cuando una persona era mordida por un animal rabioso, si no era sacrificada o asesinada, en muchas ocasiones se elegía el suicidio antes de sufrir los efectos pavorosos del padecimiento, caracterizado por dolor y consiguiente hormigueo en el sitio de la mordedura, sensibilidad cutánea exagerada, fiebre, dificultad para deglutir cualquier tipo de alimentos o líquidos y fuertes contracciones de la garganta extremadamente dolorosas, agitación, excitabilidad, espasmos musculares con calambres generalizados acompañados de dolor, convulsiones, entumecimiento con hormigueo, pérdida de la función muscular y por ende de todo movimiento sin perder el estado de conciencia, babeo, merma de la sensibilidad corporal, ansiedad y por último tensión emocional.

Curiosamente, se ha atribuido por error, a las ratas y roedores pequeños, un papel importante en la transmisión de la rabia al hombre; sin embargo, esto es totalmente falso ya que, por un lado, son los roedores poco susceptibles a la enfermedad. Además, la forma en que se afectan es principalmente de una variedad llamada “paralítica”, lo que significa que un roedor enfermo, en el caso de estar infectado, tiende a aislarse en rincones o lugares oscuros pudiendo morder solamente si se les molesta. De ahí que la vacunación de una persona agredida por un roedor no necesariamente debe ser indicada (1).


Sin embargo, indudablemente esta enfermedad por su alto grado de contagiosidad y el peligro inminente de producir enfermedad, está considerada como una de las prioridades dentro del ámbito de la salud pública.

Son los perros y los gatos, animales particularmente sensibles a la enfermedad y por lo mismo, los que con más frecuencia infectan al ser humano; sin embargo, aunque casi cualquier animal de sangre caliente se puede considerar susceptible. Los murciélagos “vampiros” (que se alimentan de sangre fresca) contribuyen en una forma muy importante a la diseminación de la enfermedad en el medio selvático o rural.

Gracias al descubrimiento de la vacunación por Pasteur, el panorama de la enfermedad ha cambiado radicalmente; sin embargo, todavía en este siglo, por increíble que parezca, se llegan a dar casos de esta patología, que es casi necesariamente mortal. Las razones por las que se genera este fenómeno giran alrededor de las características del virus que, con una afinidad por el sistema nervioso, está clasificado dentro de los denominados “virus lentos”, pudiendo tener periodos de incubación de dos a ocho semanas y variando desde 10 días hasta ocho meses o incluso periodos de uno o dos años, antes de dar las manifestaciones clínicas. Es considerada una zoonosis de los mamíferos, es decir, un problema de salud de animales con probabilidad de transmitirse a humanos. Es causada por el Lyssavirus y se transmite por la saliva de animales infectados, a partir de una mordedura, rasguño o una lamedura sobre la piel o mucosas.

Debido a que se trata de una enfermedad altamente peligrosa, siempre se debe recurrir al personal de salud encargado del programa de prevención y control de la rabia (2) ante cualquier sospecha de agresión por un animal enfermo. La decisión de vacunar o no vacunar, es tan importante que puede representar en sí misma la diferencia entre vivir o morir.

1 MMWR Recommendations and Reports, “Human Rabies Prevention–United States, 1999”, (MMWR 1999; 01,08. 1–21).

2 Norma Oficial Mexicana, NOM–011–SSA2–1993, “Para la Prevención y Control de la Rabia”.




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