La ecología y la salud humana

Referirse al medio ambiente y la forma en la que los seres vivos nos desenvolvemos en él, implica referirse a los ecosistemas, que no son otra cosa más que la serie de interacciones que distintos organismos establecemos con el entorno. La importancia de la destrucción del medio ambiente como factor que incrementa el riesgo de enfermedades va mucho más allá de lo que podamos imaginar.

Los complejos dinámicos de comunidades de plantas, animales, microorganismos y el medio ambiente inorgánico que interactúan como una unidad funcional, no solamente se equilibran a través de mecanismos visibles y fácilmente perceptibles, sino que también se desarrollan por medio de interacciones sutiles e invisibles. Nosotros,  los seres humanos, somos parte de ellos.

Los ecosistemas presentan diferencias notables en el tamaño y formas, de modo que una pequeña hendidura de un árbol y una cuenca oceánica pueden constituir un ecosistema complejo. Así, los servicios que prestan, representan todos aquellos beneficios que los seres vivos obtenemos de ellos. Estos bienes contemplan aspectos que van desde suministros, como los alimentos y el agua, la regulación de las inundaciones, las sequías, la degradación del suelo, para finalizar con muchas enfermedades. Generan servicios básicos, como la formación del suelo y los ciclos de los nutrientes; pero también elementos culturales, como los bienes de recreación y otros que son intangibles.


Esto se vincula con el concepto de bienestar que tiene múltiples implicaciones, entre los que se incluyen los materiales básicos para el buen vivir, la libertad, las opciones, las oportunidades, la salud, las buenas relaciones sociales y la seguridad. Es uno de los extremos de un fenómeno dinámico, cuyo opuesto es la pobreza, que se define como una privación ostensible del bienestar.

Los componentes del bienestar, tal como las personas los experimentamos y percibimos, dependen de la situación, reflejan la geografía, la cultura y las circunstancias ecológicas locales. Pero la demanda de los servicios que prestan los ecosistemas es tan elevada en la actualidad, que las necesidades humanas y las presiones ambientales, han generado contrastes y contradicciones que se han transformado en un fenómeno común. Por solo citar un ejemplo, un país puede aumentar el suministro de alimentos convirtiendo un bosque en suelo agrícola; pero en dicha transformación, se disminuye la oferta de servicios que pueden tener igual o mayor importancia, tales como agua potable, generación de fibras naturales, ecoturismo o regulación de inundaciones y control de sequías. Obviamente,  los recursos naturales son importantes para mantener la buena salud de las personas; pero no imaginamos que muchos padecimientos se originaron en los animales.

Ciertas enfermedades como la gripe, la tuberculosis o el sarampión, se establecieron en el ser humano tras haber cruzado la barrera entre especies, procedentes de animales domésticos como aves, ganado y perros. Estos fenómenos se vinculan con la ecología y la alteración ambiental.

Se calcula que 60 por ciento de los beneficios que los sistemas globales proporcionan para mantener la vida en el planeta se han degradado y explotado. Esto ha condicionado consecuencias negativas para la salud, que se pueden calificar como graves. Problemas como la degradación de las reservas de pescado y de tierra para cultivar son factores que influyen en el estado de desnutrición de más o menos 800 millones de habitantes del planeta, casi todos en países pobres.

Pero paradójicamente, existe un equivalente de individuos sobrealimentados que están predestinados a morir de enfermedades cardiovasculares. Por otro lado, más de 1,000 millones no tienen acceso a suministros de agua potable y 2,600 millones carecen de una adecuada sanidad, provocando la enfermedad en alrededor de 3,200 millones de personas cada año por diarreas. También la contaminación del aire agrava la enfermedad pulmonar y cardiaca. Estos son solamente algunos puntos que podrían valorarse a través de lo que se percibe.

En los últimos 50 años, los seres humanos hemos alterado el medio ambiente en una forma verdaderamente vertiginosa, que no tiene paralelo en toda la historia de la humanidad. Indudablemente se han generado bienes y servicios que han mejorado la expectativa de vida, pero solamente en un pequeños grupo de una clase social privilegiada que, ignorante, no puede imaginar que sus excesos actuales condicionarán el deterioro de la vida, incluso en sus propias generaciones. La situación ambiental, en la actualidad ya puede calificarse como en fase de desastre. Urge que los políticos visualicen esta emergencia humana entendiendo que, quien va en contra de la naturaleza, será destruido por la misma naturaleza.