La desaceleración económica del país, resultado de las políticas predominantes, no del sismo

La economía nacional se desacelera en el tercer trimestre de 2017, y el gobierno lo adjudica a los sismos del mes de septiembre. Hay que señalar que los efectos del sismo sobre la actividad económica no son tan inmediatos para culpar a éstos de la desaceleración económica manifestada, sino que ésta es más resultado de las políticas monetaria y fiscal restrictiva que se han instrumentado para frenar las presiones sobre precios y el tipo de cambio presentes en los últimos meses.

A ello se suma la menor inversión y la menor entrada de capitales, derivada del contexto de incertidumbre que ha generado la reiterada postura del gobierno de Estados Unidos de dejar el TLCAN de no conseguir sus propósitos de reducir el déficit de comercio exterior con México y Canadá.

Las presiones sobre precios han sido resultados de la devaluación del peso, que se da como consecuencia de la caída internacional del precio el petróleo, como de las exportaciones, lo que presiona sobre las finanzas públicas, como sobre el sector externo. Para evitar caer en déficit fiscal, el gobierno procedió al alza del precio de las gasolinas, como a contraer el gasto público. Ello a su vez va dirigido, junto con el alza de la tasa de interés que instrumenta el Banco de México (BdeM), a contraer demanda y así las presiones sobre precios e importaciones para evitar mayor déficit de comercio exterior, y mayores presiones sobre el tipo de cambio.


Si la depreciación del peso impacta sobre la inflación interna, es consecuencia de los altos coeficientes de importación con que trabaja la economía nacional, resultado de la apertura comercial indiscriminada que ha llevado a que las importaciones desplacen a la producción nacional, por lo que no tenemos capacidad productiva interna capaz de satisfacer el consumo nacional a menores precios, por lo que al aumentar el precio del dólar, se encarecen las importaciones que son las que predominan en el mercado nacional. No hay política industrial ni agrícola en el país encaminados a incrementar la productividad y producción para satisfacer el consumo nacional a bajos precios.

Las autoridades hacendarias y monetarias confían en los libros de texto de que tales políticas contraccionistas reducirán las presiones sobre precios y estabilizarán el tipo de cambio. El jueves 16 de noviembre, el gobernador del (BdeM) dijo que “ante el complejo entorno que la economía mexicana está enfrentando, continúa siendo especialmente relevante que las autoridades perseveren en mantener la solidez de los fundamentos macroeconómicos del país”. El problema es que las políticas de alta tasa de interés que ellos instrumentan, como los recortes presupuestales para alcanzar el superávit fiscal, no contribuyen a alcanzar los “fundamentos macroeconómicos” buscados. Dichas políticas debilitan más la esfera productiva de la economía, por lo que tendrá menos perspectivas de sustentar sobre bases productivas la reducción de la inflación, como las presiones sobre el sector externo y el tipo de cambio, y además la colocan en una situación de mayor debilidad para encarar la incertidumbre que genera el eventual término del TLCAN.

La deuda del sector público, que incluye empresas públicas y banca de desarrollo ha incrementado significativamente, suma 7 billones 447 mil millones de pesos en septiembre de 2017. Tuvo un incremento en 2016 de 14.5% respecto a 2015. La deuda externa suma 191,825.3 millones de dólares, la cual creció 8% de diciembre de 2016 a septiembre de 2017. El Producto Interno Bruto crecerá este año menos del 2%, por lo que al crecer la deuda más que la actividad económica, menos condiciones se tiene para hacer frente al pago de las obligaciones financieras que se derivan de ella, lo que obligará al gobierno a mayores restricciones del gasto e inversión para cubrir el pago de la deuda, lo que restringirá más la actividad económica, cayendo en un círculo viciosos de mayor relación de endeudamiento que llevará a empresas e individuos a caer en cartera vencida, generalizándose la tendencia al estancamiento de la economía y a la inestabilidad bancaria.