De la depresión y otras tristezas

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mañana 7 de abril ha de celebrarse el Día Internacional de la Salud. Este anuncio, nos conduce a reflexionar sobre cuáles son las condiciones estructurales que posibilitan, y en el mayor de los casos impiden, la existencia de comunidades sanas. Esta celebración, debería ser un motivo para la reflexión en torno a la necesidad de generar condiciones estructurales y simbólicas que potencialicen la construcción de sociedades sanas y no la destrucción de las mismas.

Vivimos un contexto de precariedad generalizada como resultado del actual sistema que trata a las personas como cosas y a las cosas como el centro de la vida. Quizá por ello, la OMS pone en el centro de su Campaña Mundial de la Salud 2017, la prevención y atención de la depresión.

La depresión, tan antigua como la humanidad, en otros tiempos tratada por brujas, sacerdotes magos y chamanes con pócimas, rituales y cambios de ambientes que sanaban a la población. Actualmente, la industria farmacéutica con una serie de compuestos químicos, lejos de atender la problemática, cuyas causas son tanto biológicas como socioculturales y económicas, aletarga a quienes la padecen, “resolviendo” síntomas, no causas, pero con elevadas ganancias económicas a costa de la tristeza de las personas. ¿Qué es entonces de aquella población que no puede acceder a espacios de atención de la salud mental por su elevado costo?


La OMS plantea la salud no únicamente como la ausencia de enfermedad o incapacidad, sino como el estado de bienestar físico, mental y social, lo cual representa un reto para las instituciones de gobierno responsables de garantizar el derecho fundamental de la salud a la población.

La depresión ocasiona muertes y afecta emocional, económica y socialmente a la familia. Las principales causas de la depresión están ligadas a factores sociales y económicos, mismos que van desde: divorcio, condiciones de pobreza e inadecuada situación socioeconómica, inestabilidad y precariedad laboral, vida aislada en los grandes centros urbanos, dificultades en ámbitos laborales y domésticos, ante la imposibilidad de satisfacer las necesidades más elementales.

Así surgen interrogantes ¿Cómo vivir? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Vale la pena vivir o no? Estas cuestiones, que parecerían decisión personal, están atravesadas por causas estructurales, enmarcadas en el sistema imperante de acumulación que ha vuelto la vida desechable. Cosificando la vida la pone en constante riesgo. El ser es anulado en su dignidad.

Sin intención de deprimir, resalta el binomio inseparable: pobreza y salud. Más de 40 por ciento de mexicanos no tienen acceso a la salud. El resto lo tiene en condiciones precarias. No acceder a la salud es una violación de derechos humanos, implica: discriminación, negación de servicios, violencia institucional y violación de otros derechos como los sexuales y reproductivos. Retos importantes para garantizar comunidades sanas.




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