La cúpula empresarial no tiene proyecto de nación

Los grandes empresarios han defendido las políticas neoliberales de austeridad fiscal, de libre comercio, y de más mercado y menos Estado, que han frenado el crecimiento y aumentado la desigualdad del ingreso. La cúpula empresarial se ha favorecido de la autonomía del banco central que le quitó el control de la moneda al gobierno, obligándolo a trabajar con disciplina fiscal, alcanzada ésta con los recortes presupuestales y con la venta de empresas públicas para pagar deuda. Esto ha mermado el poder soberano del Estado para impulsar un Proyecto de Nación soberano que atienda las demandas de empleo y bienestar: dichas políticas han terminado ampliando la presencia de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos de la economía y han subordinando al Estado a los intereses económicos de dicho grupo, a costa de desatender las demandas nacionales de empleo y bienestar.

El libre comercio ha llevado a que las importaciones desplacen a los productores nacionales, pasando a tener menos industria y a que muchos comercialicen los productos importados.

La apertura del sector bancario–financiero ha llevado a que la banca nacional sea desplazada por la banca internacional, pasando los nacionales a administrar la banca que antes fue de ellos. Los productores y los banqueros nacionales no han sido capaces de luchar por políticas que preserven la planta productiva y la banca para los nacionales, y han pasado a ser empleados y/o socios menores de las empresas trasnacionales. Ello explica también la privatización de la industria petrolera, la industria eléctrica, la minería, la banca, telecomunicaciones, la infraestructura, así como la creciente privatización del sector salud y educación. La desigualdad del ingreso y de la riqueza se ha recrudecido. Los hombres más ricos de México son aquellos que se han apropiado de las empresas públicas, tales como Telmex, la minería, las televisoras, la banca, la infraestructura, y los que están invirtiendo en la industria eléctrica y petrolera, todo lo cual pertenecía a la nación. Ello no ha actuado a favor del crecimiento económico ni en la generación de empleo, ni en mayores salarios ni en mejores niveles de vida de la población. Por el contrario, han instrumentado una politica salarial, donde los ajustes salariales están por debajo del crecimiento de la productividad y del crecimiento de los precios de la canásta básica, por lo que se ha detriorado el poder adquisitivo de la población y sus niveles de vida y bienestar, lo que termina frenando más el crecimiento del mercado interno y de la economía.


El grueso de los empresarios (pertenecientes a pequeñas, medianas y hasta grandes Empresas) ha perdido con dicha política económica, pues los recortes presupuestales restrignen el crecimiento del mercado interno que es para el cual producen. Asimismo, estos productores se han afectado por el desempleo, los bajos salarios y la desigualdad del ingreso, debido a que ello contrae el mercado interno, y sus ventas e ingresos. La cúpula empresarial solo ha velado por sus intereses, no por el conjunto de los productores nacionales, ni mucho menos por los trabajadores.

La élite empresarial teme que los privilegios que han obtenido de los gobiernos del PRI y del PAN se vayan a terminar y de ahí su ferrea oposición a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El gran capital ha estado acostumbrado a tener gobiernos dóciles que se dobleguen a sus intereses para seguir lucrando y explotando a los trabajadores, como lo han venido haciendo por décadas. De ahí la defensa que hacen José Antonio Meade y Ricardo Anaya a la élite empresarial para seguir recibiendo el apoyo financiero para sus campañas.

La cúpula empresarial, políticos y funcionarios de alto nivel, se han unido para frenar a AMLO para perpetuar la política económica y la corrupción donde ellos se han favorecido.

Los candidatos del PRI y del PAN dicen que AMLO “espanta” a las inversiones y es una “amenaza” para los trabajadores, pues dicen que agrede a quienes dan empleo. Sin embargo, esto no tiene sentido pues el mayor empleo lo generan las pequeñas y medianas empresas. Por el contrario, son las políticas económicas que esos gobiernos y la cúpula empresarial han impulsado, las que han reducido la inversión productiva, la generación de empleos y los salarios y han favorecido al sector bancario–financiero que gana lo que quiere.

Los dueños del dinero quieren que llegue un candidato que preserve las políticas económicas y las prácticas de corrupción predominantes, que les ha permitido incrementar su riqueza, su poder económico y político. No lo podemos permitir. Hay que aprovechar el 1 de julio para manifestar nuestro descontento contra los que nos han gobernado y que no han luchado por un Proyecto de Nación incluyente ni soberano que mejore los niveles de vida de la población.