En la ciclovía del Periférico hay accidentes por falta de iluminación y vigilancia

Desde su concepción, las ciclovías edificadas durante el gobierno del panista Rafael Moreno Valle Rosas fueron criticadas por su elevado costo y por ir en contra de las tendencias de movilidad sustentable en el mundo. Ahora esas vialidades son poco utilizadas, pero además, se han convertido en verdaderos zonas de inseguridad para quienes las ocupan.

Un ejemplo de la inseguridad en las ciclovías lo padeció Mariel Méndez Taboada, una ciclista que suele recorrer grandes trayectos por ciudad y carretera e incluso en terrenos boscosos.

La noche del pasado lunes por la noche la ciclista decidió tomar por primera vez un paseo por la ciclovía que corre a lo largo del Periférico Ecológico. Se dirigió desde Lomas de Angelópolis hacia Cholula, sin ningún problema, pero a su regreso tuvo un accidente que la mantiene postrada.


Resulta que la vialidad en cuestión solo tiene alumbrado en algunos tramos –en algunos casos la iluminación incluso es vistosa, como el que va de la zona de La Vista hacia Ciudad Judicial–, pero la mayor parte del derrotero se encuentra a oscuras.

Al filo de las 20:30 horas, Mariel Méndez regresaba de Cholula y se percató de que no había nadie en la ciclovía. Decidió ir por en medio, donde distinguió una franja amarilla que dividía el carril de los ciclistas del de los caminantes y corredores. En una pendiente la bicicleta tomó velocidad, pero tropezó con un objeto sumamente duro: era la línea pintada de amarillo, que no estaba pintada directamente sobre la pista, sino en una protuberancia, imposible de distinguir sin luz.

El resultado del aparatoso accidente fue la fractura del pie derecho de una manera grave: a Mariel Méndez Taboada hubo que injertarle un hueso y además colocarle una placa. Tuvo también lesiones menores, pero dolorosas, en otras partes del cuerpo.

Tiempo después otro ciclista llegó al sitio del percance, ayudó a incorporarse a Mariel y prosiguió su camino. Parecía que las calamidades habían parado ahí, pero no. Mientras ella se dirigía a su casa, aún por la ciclopista, se percató de que otra persona en una bicicleta –no la misma que la había auxiliado– la seguía. El individuo no tenía ningún aditamento de ciclista y su vehículo ni siquiera tenía lámpara.

Mariel Méndez temió ser asaltada, por lo cual buscó algún sitio donde hubiera un botón de pánico, pero no lo encontró. Tampoco vio a ningún policía vigilando esa área en penumbras. Llamó a sus familiares para que acudieran a rescatarla y de esa manera consiguió salvarse de una posible agresión.