La calle es nuestra I

La calle es nuestra. Foto: Carlos Mario de la Cruz

Esta es la voz de los artistas que tienen a la calle como único escenario y las aceras como espacio propio; la voz de quienes se identifican y se distinguen como una gran familia; la voz de quienes –aseguran- han sido tratados con desprecio y discriminación por nuestra clase política, por quienes aprobaron en sesión de cabildo del 9 de junio del presente año, el Programa de Artistas Urbanos con el cual “se pretende democratizar el espacio público y que todos los artistas cuenten con las mismas oportunidades para trabajar”, según palabras de Juan Cruz Moctezuma.[1] Este programa incluye, entre otros aspectos, que cada artista debe acudir al IMAC para una audición, y si lo requiere recibir capacitación. Las audiciones se harán frente a expertos (dos del imac y tres externos) ¿Quienes son los expertos del IMAC? ¿Hay expertos en el IMAC? El imac publicara convocatorias de forma regular y todos los artistas están obligados de hacer audición en cada nueva convocatoria, aunque hayan aprobado la primera audición. Posteriormente el IMAC asignará espacios y tiempos, de acuerdo a las plazas y horarios disponibles, por lo tanto se levantará un padrón de artistas. Cada arista deberá pagar $37.45 diarios al Ayuntamiento.

A decir de los artistas entrevistados, todo dio comienzo por una competencia desleal entre los payasos callejeros que ocupaban la plancha de nuestra Plaza Mayor los domingos; cada uno portaba sus respectivas bocinas y habían establecido una cuota fija de $10.00 por espectador. Esta situación generaba inconformidad entre los asistentes, los albures no gustaban a mucha gente (la cual tenía toda la libertad de retirarse), lo que concluyó en constantes enfrentamientos; además de la contaminación auditiva por el volumen de cuatro payasos al mismo tiempo tratando de acaparar espectadores.

Por principio de cuentas, en un país democrático, el espacio público es libre, además de ser el contenedor de las expresiones culturales, lugar donde propios y extraños podemos disfrutar de las diversidad de manifestaciones y, al respecto, cabe citar las Medidas para Promover y Proteger las Expresiones Culturales, aprobadas en la Convención de la UNESCO de junio de 2009:


Art 7:

1.- Las Partes procurarán crear en su territorio un entorno que incite a las personas y a los grupos a

  1. crear, producir, difundir y distribuir sus propias expresiones culturales, y tener acceso a ellas, prestando la debida atención a las circunstancias y necesidades especiales de las mujeres y de distintos grupos sociales, comprendidas las personas pertenecientes a minorías y los pueblos autóctonos;
  2. tener acceso a las diversas expresiones culturales procedentes de su territorio y de los demás países del mundo.

2.- Las Partes procurarán también que se reconozca la importante contribución de los artistas, de todas las personas que participan en el proceso creativo, de las comunidades culturales y de las organizaciones que los apoyan en su trabajo, así como el papel fundamental que desempeñan, que es alimentar la diversidad de las expresiones culturales. [2]

También cito el Artículo 8 de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, publicado el 2 de noviembre de 2001:

Ante los cambios económicos y tecnológicos actuales, que abren vastas perspectivas para la creación y la innovación, se debe prestar particular atención a la diversidad de la oferta creativa, al justo reconocimiento de los derechos de los autores y de los artistas, así como al carácter específico de los bienes y servicios culturales que, por ser portadores de identidad, de valores y sentido, no deben ser considerados mercancías o bienes de consumo como los demás. [3]

Dado que Puebla es Ciudad Patrimonio, deberíamos tener especial apego a dichas normas. Pero veamos que dictan nuestras leyes al respecto:

El artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, fracción III, inciso g) establece que es responsabilidad de los municipios hacerse cargo de los parques y jardines, así como del equipamiento urbano.

Por otra parte, en el Artículo 13, fracciones IX y X de la Ley de Desarrollo Urbano Sustentable del Estado de Puebla dicta que corresponde a los ayuntamientos en sus respectivas jurisdicciones, el realizar, promover y concertar acciones e inversiones con los sectores social y privado, a efecto de lograr el desarrollo sustentable de los centros de población, su conservación, mejoramiento y crecimiento, así como para la prestación y administración de los servicios públicos y la ejecución de obras de infraestructura y equipamiento urbano.

Finalmente, en el Artículo 8 de la Norma Técnica para la Protección, Preservación y Conservación del Zócalo de la Zona de Monumentos del Municipio de Puebla, se lee que el Ayuntamiento, a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano Sustentable, vigilará que las obras que se lleven a cabo en el zócalo cumplan con el COREMUN (Código Reglamentario Municipal), a efecto de permitir el uso y tránsito del mismo a personas con discapacidad.

Como vemos, de acuerdo con nuestras leyes, el municipio es gestor, no dueño del espacio público y, por lo tanto, tiene responsabilidades al respecto ¿Qué tanto cumple el Ayuntamiento con en el cuidado, mantenimiento equipamiento e infraestructura de nuestro espacio público? La limpieza es insuficiente, el mobiliario escaso, la seguridad cada vez es menor o peor. Además de que no se han hecho gestiones para impulsar las manifestaciones culturales en nuestros espacios público, no se han generado espacios de proyección artística, no hay escenarios de acuerdo a las dimensiones y la importancia de nuestra ciudad, tampoco existen programas de desarrollo para la población, menos aún para la población vulnerable que cada vez crece más.

El pasado domingo 25 de junio, entre personal de Vía Pública del Ayuntamiento sacaron a un joven en silla de ruedas del pasaje, por el simple hecho de “estar ahí”, un joven que tiene estudios de periodismo cultural, a quien se le han realizado ya dos cortometrajes: uno por Angélica Martínez titulado “Pasaje Dulce Pasaje”, proyectado en Casa de la Cultura y otro por José F. Corte titulado “Rodando Existo”, se trata de Julián, o como todos lo conocen “el Julius”, quien ha demostrado tener más soltura con la letra que nuestra directora del IMAC, con lo cual personal del ayuntamiento violenta el Artículo 8 aquí citado.

Por otra parte, vemos a una autoridad municipal muy permisiva con el comercio informal, con los ambulantes que –desde el inicio de la presente administración- han tomado las calles de nuestro centro histórico, quienes se han visto con mayores privilegios que nuestros artistas, contraviniendo lo contemplado en el citado Artículo 8 de la UNESCO.

Ya se sucedieron dos manifestaciones que culminaron en IMAC, donde no salió la Directora a hablar con los artistas, sino que mandó personal para que invitara a pasar a una pequeña comitiva, lo cual fue rechazado por los manifestantes, hasta el punto en que María Villatoro (conocida como Miss Rocker) retó a Anel Nochebuena a medirse con ella por medio de la poesía. Como se dan cuenta los artistas mismos están planteando el diálogo, debate cultural, porque tienen con qué. ¿Por qué no aceptó Nochebuena?

El artista en la calle se funde con la calle, pues es su único escenario, ante la falta de espacios artísticos. “Yo le pertenezco a la calle” aseguran “es posible el ordenamiento, pero tomando en cuenta la antigüedad, sin caciquismos, ni componendas políticas (como sucede con los ambulantes). Esta medida, continúan, es tiránica y discriminatoria, desalojan al que no es güero o no le alcanzó para la escuela.”

Algunos artistas están de acuerdo con pagar los $37.45, siempre y cuando obtengan de ello algún beneficio, pero no pagar por nada, y menos aún estar en lugares donde no haya afluencia de gente, pues no sacarían ni para sobrevivir a menos que se pongan a limosnear, ya que

“ser limosnero implica no hacer nada, ser comodinos, no dar lo que uno saber hacer. El artista no pide, se da. Si le quitas al artista ese derecho, le estás quitando todo. Salimos a la calle a buscar la oportunidad que se nos niega. Hay gran diferencia entre el delincuente y el artista urbano.” Julian Baez.

Nuestras instituciones de gestión cultural no están gestionando para una sociedad dinámica y demandante, sino que gestionan para “quedar bien” y para engrosar los “informes anuales de actividades”, sin importar la formación de públicos, la integración social, las nuevas demandas culturales. No tenemos ni políticos, ni gestores culturales mínimamente sensibles ni humanos.

En la actualidad debemos cuestionar el arte de los museos, el arte de galería, mismo que no tiene por qué ser diferente del arte urbano. Desde hace décadas los museos y las galerías han optado por salir a las calles con la finalidad de llegar a todo tipo de público, con el objetivo de abarcar mayor cantidad y diversidad de espectadores. Así, un museo, un espacio de exposición que no funcione como centro de integración social, de entrada no funciona como un centro cultural, pues no gira en torno a las necesidades ni a la demanda social contemporánea.

 

[1] http://ladobe.com.mx/2017/06/regulacion-arte-callejero-privatiza-espacio-publico-censura-libertad-artistica-acusan/

[2] http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/pdf/Conv2005_DO_Art_7_8_17_ ES.pdf

[3] http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13179&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html