La Academia de Bellas Artes, un ejemplo de la Ilustración en Puebla: Galí Boadella

Como parte de la semana de actividades que realizó la Vicerrectoría de de Extensión y Difusión de la Cultura para conmemorar los 200 años de vocación artística y cultural de la Casa de las Bóvedas, abierta como la Academia de Bellas Artes, la historiadora del arte Monserrat Galí Boadella ofreció la conferencia La Junta de Caridad, arte y cultura en Puebla a principios del siglo XIX.

Para investigadora de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), la Junta de Caridad para la Buena Educación de la Juventud fue un claro ejemplo de La Ilustración en Puebla debido a que sus fundadores, maestros y alumnos trabajaban guiados por la razón y la educación, que eran concebidas como la base del desarrollo social, creyendo en la oportunidad de desarrollo que había en ellas y concibiendo al arte como un agente de cambio.

Manifestó que debido a los cambios sociales y a problemas como la peste, la Junta se consolidó hasta 1813 pese a que desde un año antes había recibido la Real Cédula para su fundación. “Entre esos años, la ciudad de Puebla y el país atravesaban por una crisis de ninis, por lo que José Antonio Jiménez de las Cuevas creó esta institución para socorrer a la juventud desvalida que andaba por las calles sin oficio ni beneficio”.


Refirió que esa crisis se reflejó también en las artes con creadores como el grabador José de Nava, el cual no tuvo seguidores ni pudo recibir alumnos. De él se conocen dos obras capitales: unas vistas de la Biblioteca Palafoxiana que fueron dibujada por Miguel Jerónimo de Zendejas y un Silabario para la educación de la Ciudad de los Ángeles, que fueron ejemplo de los “nuevos vientos de La Ilustración en Puebla”.

Otro artista de esta transición –entre lo barroco y el neoclásico– fue el propio Zendejas, quien fue un pintor de la ciudad y del ámbito episcopal que se caracterizó por ser un “productor desigual, pero con originalidad y valentía, frescura y colorido”.

Zendejas, un hombre “influido por La Ilustración” creó El almacén, aquella obra ideada por José Ignacio Rodríguez Alconedo que es una pieza de decoración en tres niveles –recientemente estudiada por Lucero Enríquez en su libro homónimo– que deja ver el conocimiento que había sobre la Revolución Francesa, los disensos herbolarios, farmacopeos y de medicina, y la trifulca de los boticarios poblanos y el Protomedicato de la Ciudad de México. “Este obra es una disputa científica que deja ver los avances de la botánica y el panorama intelectual, artístico y científico”, señaló Galí Boadella.

En la escultura la historiadora del arte mencionó la importancia de la Escuela de los hermanos Cora y en especial de su alumno Bernardo Olivares, quien ayudó a “formar el gusto de los poblanos”.

En el mismo rubro, destacó a José Zacarías de Cora, quien fue fundador de la Academia de dibujo entre 1814 y 1816, y es definido como un escultor “con formación más que gremial de índole intelectual”, que tuvo que adaptarse a la demanda de escultura en Puebla haciendo talla de piedra concebida como “la verdadera escultura”; ejemplo de ello son las imágenes que adornan la fachada de la iglesia de La Luz.

Así, en dos años –entre 1815 y 1817–, de la Escuela de Dibujo habían desaparecido cuatro artistas que trazarían el camino  hacia el neoclásico: Zendejas, Zacarías, José de Nava y José Manzo.

Sobre la forma en que funcionó la Junta de Caridad para la Buena Educación de la Juventud, Monserrat Galí dijo que fue concebida como una escuela que tenía como base el dibujo y luego materias como el cincelado, la pintura y el grabado; que ponía una biblioteca pública integrada por los tratados, novelas y obras de intelectuales contemporáneos y que se concebía como una institución benéfica para aquellos que no tuvieran recursos.

Integrada por 25 socios y profesores que no cobraban por su trabajo, la Junta incluyó la materia de agricultura, debido a que era otro de los principios de la Ilustración. Tras constituirse como un Estado mexicano, el gobierno se interesó por la Academia de Bellas de Puebla dándole mil 900 pesos al año, además de que se reorganizó el programa de estudios, se empezaron con los concursos y con un “pequeño coleccionismo” que sirvió para generar un gusto y formar un público.