José Rodríguez

El 17 de noviembre de 2017, a la una de la tarde, murió un amigo, un camarada, un ser humano digno: José Rodríguez Mendoza. Los amigos y camaradas lo conocimos primero como Pepe Marchas, porque una de sus tácticas era organizar marchas; la distancia siempre fue lo de menos lo importante era involucrar a los de campesinos, el triunfo estaba cimentado en que los involucrados tomaran conciencia de lo importante que era, que ellos y nadie más que ellos, decidieran el rumbo y la profundidad de sus demandas, la distancia no importaba, si era desde Norte del país o del sureste, Sinaloa o Chiapas al centro del país para exigir al gobierno que resolviera la petición de tierra o la entrega de esta a los verdaderos dueños y trabajadores de la tierra.

El Tenachate, en la Sierra Norte; Pugiltic, ingenio azucarero en la Margaritas, en Chiapas; en Sinaloa, defendiendo a indígenas y campesinos de los abusos de CFE que quería expulsar a los pobladores para construcción de presas. A pesar de la presión de los caciques y gobernantes que trataron de quitarlo de en medio, ofreciéndole sobornos, o tratando de asesinarlo, o armando sendos expedientes para tratar de encarcelarlo, nunca, nunca lograron que traicionara a sus compañeros y camaradas. José fue de los hombres que Bertolt Brecht llamó como los imprescindibles.

El gobierno y el ejército, junto con los caciques locales, fuera donde fuera que actuara José, varias veces trataron de matarlo; huyendo de una partida de pistoleros en la Sierra Norte fue enbestido por un tren, quedando muy mal herido se tuvo que ver la forma de mandarlo a la RDA (República Democrática de Alemania) para su curación y rehabilitación, En el estado de Chiapas, el ejército lo agarró en una toma de tierra y lo golpeó hasta dejarlo por muerto, lo rescataron los compañeros y lograron salvarle la vida, nuevamente el ejército en la Sierra Norte trataron de matarlo lo golpearon con todo, no se trataba de encarcelarlo; querían matarlo. En esa ocasión los años ya se habían acumulado en sus hombros, pero como siempre la gente como él pensaba que eso no era ningún impedimento. Recuerdo que cuando lo fuimos a ver al Hospital Universitario de Puebla y nos contó cómo pasaron las cosas lo que más le dolió es que los soldados gritaran cuando lo estaban golpeando “al viejito, al viejito”. Cerca del ingenio de Pugiltic, en Chiapas, lo emboscó un grupo de pistoleros y con cuernos de chivo le dispararon hasta que dejó de moverse; estaba solo bañado en sangre, lo dieron por muerto, esperó hasta que se fueron, se incorporó y llegó manejando solo, hasta el ingenio, donde los compañeros lo atendieron y lo internaron en el sanatorio de las Margaritas, donde curaron sus heridas, en esta misma zona los “contras” grupos armados por los caciques locales, lo agarraron y lo colgaron, la oportuna intervención de nuestros compañeros le salvaron de una muerte a la cual el temía, morir ahorcado, después comentaba “he visto morir a gente colgada y hacen refeo”, por lo cual le pedía a sus captores,” mátenme, méteme un balazo”, “ y ni siente nada nada, nada más todo se te pone negro y ya”.


Por estas historias, estas experiencias los compañeros lo llamábamos Don Gato. José, en tu lucha por vivir por apoyar a los que menos tienen, venciste casi todo. Solo el cáncer te doblegó y a tus setenta y siete años de vida de esta vida tan rica, tan azarosa, tan llena de ejemplos.

Tus amigos tus compañeros, tus camaradas te decimos: ¡José! Siempre estarás presente. Adiós Pepe Marchas. Adiós Don Gato.

Hasta siempre, José Rodríguez Mendoza.