Javier Montes, preso político

Javier Montes Bautista, presidente auxiliar de San Bernardino Chalchihuapan. Fue detenido el 21 de noviembre de 2014 debido a la delación de un infiltrado en el movimiento de resistencia a las reformas al reglamento municipal, que extingue este importante nivel del gobierno conformado por las juntas auxiliares. Entre otras cosas, suprime la facilidad de hacer uso del registro civil en sus demarcaciones. Se encuentra en la sección Z del Centro de Readaptación Social de San Miguel. Es una sección de mayor aislamiento, con menos “prestaciones” que la de los 4 mil reclusos que están en “el patio”; más reducida en su área de estancia durante el día, pero menos hacinada para dormir: él tira una colchoneta en el suelo y comparte la pieza con tres personas más, entre ellas Raúl Pérez, edil auxiliar de San Miguel Canoa, detenido por participar en el mismo movimiento conocido como la Coordinadora Estatal por la Defensa de la Identidad de los Pueblos. En el otro lado, igual que en el reclusorio de Cholula donde están los presos políticos Paul y Adán Xicale, se amontonan hasta 20 personas en una celda.

Javier tiene 25 años y todo el deseo de vivir y seguir luchando contra los abusos que ha cometido el gobernador Rafael Moreno Valle en perjuicio de los pueblos. Lo acusan hasta de tentativa de homicidio contra alguno de los policías que mataron al niño José Luis Tehuatlie Tamayo e hirieron gravemente a varios habitantes más. Sorprende su alegría y la ausencia total de comportamiento depresivo, al menos durante la charla que sostuvimos sentados en los duros banquitos de cemento del patio de ocho por ocho metros.

–Cuando hice públicas las cartas para manifestar mi deseo de seguir en la lucha y denunciar a quienes han dividido a mi pueblo, las autoridades de aquí me prohibieron volver a ir al “patio”, donde se encuentran mi papá y unos tíos, donde podemos comer cemitas y cosas de las tiendas que allí hay. ¡Allí me sentía como si estuviera en libertad! Pero ni modo, me tengo que pasar en este patiecito todo el día, comiendo lo que puedo porque la comida del penal hasta daño hace, leyendo y haciendo cosas de chaquira, como Raúl. Hago también mucho ejercicio; ya bajé 20 kilos, pero no se puede hacer más de dos horas al día. Ya ves que yo estaba gordito, pero ya me puse bien. Lo malo es que los días se me hacen eternos, uno se aburre aquí…


Hace unos días recibí una llamada telefónica en la que una voz impersonal me decía: “Es una llamada del Cereso de San Miguel, ¿la acepta?” A Javier lo conocí en las páginas de mi periódico pero luego, personalmente, coincidimos en la invitación del Comité Para la Libertad de los Presos Políticos en Puebla para acudir a una conferencia dada en la ciudad de México. Después no lo volví a ver hasta esta ocasión en que me llamó. Pero como a los otros 240 presos, procesados y perseguidos políticos de este régimen estatal, lo considero una víctima de los apetitos insanos del mandatario y de los métodos ilimitados, crueles, ilegales y desfasados en la historia que usa para tratar de satisfacerlos.

Le pregunto a Javier: ¿por qué no hay un grupo específico que te defienda a ti y al otro compañero detenido de Chualchihuapan, Florentino Tamayo Ponce, tal como sí los hay por los casos de Cholula, de la 28 de Octubre, de los jóvenes universitarios?

–Los motivos los expliqué ya en las cartas publicadas: hay gente que se infiltró en lo más interno del movimiento para desactivarnos, pero el pueblo ya sabe quién son, cómo operan; ya ni siquiera pueden pararse por ahí. La gente no me ha dejado solo, vienen muchos a decírmelo, y seguramente los que están en libertad pronto se van a expresar para defendernos. Las mentiras siempre caen y estas ya cayeron, ya verás.

Le dejo a Javier un libro, una novela, que él valora por “no ser uno de los libros tristes que he estado leyendo por estos días”. Para mí la actitud de Javier es alentadora, es ejemplo en un país que parece desmoronarse sin remedio. Recuerdo la parte de un soneto que el actor Héctor Bonilla le hizo a Carmen Aristegui, porque se vale usarlo con Javier Montes: un leño que flota en un mar de mierda.

Lo bueno es que cada día hay más leños como ellos.